“No tengamos vergüenza de confesar a Jesús”

ACNjunio 18, 202210 min
 “Ustedes ¿quién dicen que soy yo?”

 

  • Continuamos con el tiempo ordinario, estamos en el domingo XII y el Evangelio nos recuerda aquel momento donde Jesús pregunta sobre su identidad; le importa que sus más allegados sepan a quién siguen, ya que así podrán darse cuenta de las consecuencias del seguimiento.

 

 

Ha pasado la multiplicación de los panes y Jesús percibe que muchos de los que lo siguen tienen una idea incorrecta de Él, por eso, a través de una pregunta quiere llevarlos a conocer su identidad: “¿Quién dice la gente que soy yo?”. Una pregunta que lo conduce a escuchar los rumores de aquellos que lo han visto multiplicar los panes, de aquellos que han presenciado alguna curación y se da cuenta del pensar de los demás. Pero más le importa a Jesús ¿qué piensan sus discípulos más cercanos? Aquellos que lo han dejado todo para andar con Él, de allí la pregunta: “Y ustedes ¿quién dicen que soy yo?”, y Pedro hablando en nombre del grupo, reconoce por primera vez, de manera explícita, que Jesús es el Mesías. Jesús al escuchar aquella confesión de Pedro, les anuncia por primera vez la pasión y les recuerda que para seguirlo hay que cargar la cruz. Nos deja claro que no basta confesarlo con palabras, sino que implica un seguimiento en la vida concreta; el haber elegido seguirlo implica asumir las consecuencias.

 

Como cristianos del siglo XXI seguimos confesando que Jesús es el Mesías, que es el Hijo de Dios, que es nuestro Salvador; expresamos fórmulas bien elaboradas aprendidas desde la niñez, que aceptamos de manera mecánica, que repetimos de manera ligera. Nos damos cuenta que confesamos a Jesús por costumbre, por piedad, pero vivimos muy lejos de lo que confesamos, no hemos descubierto su originalidad para vivir la vida, no nos dejamos atraer por su proyecto, no nos esforzamos por vivir como Él vivió.

 

Confesar a Jesús puede parecer sencillo y así es cuando la confesión sólo es de palabras; así lo vemos en los niños que hacen el gran esfuerzo por aprender el ‘credo’ antes de su Primera Comunión, lo aprenden de memoria sin saber la trascendencia de lo que están pronunciando. La mayoría de los bautizados decimos creer en Jesús, pero llevamos una vida muy alejada de la fe en Jesús. Así, por ejemplo, las personas que forman parte del crimen organizado, dicen creer en Jesús, están bautizados y bautizan a sus hijos, pero sabemos que esa confesión de fe está muy lejos de lo que Jesús pide, hemos de confesarlo con la vida haciendo lo que nos manda y no sólo de palabra, porque no es humano y menos cristiano despojar de sus bienes a los demás, y peor aún, quitarles la vida. También hay tantos cristianos que confiesan a Jesús con sus labios y luego andan acudiendo a que les echen las cartas o les hagan limpias o adorando lo que llaman ‘la santa muerte’. Recordemos que las palabras no bastan, es esencial la actitud ante la vida confiando plenamente en Jesús, poniendo nuestra fe sólo en Él.

 

Jesús nos sigue preguntando a cada uno de nosotros: ¿Quién soy yo para ti? No busca respuestas teológicas, respuestas aprendidas de memoria, desea que le respondamos con nuestra manera de vivir. Pensemos hermanos: ¿Quién es Jesús para nosotros? ¿Qué lugar ocupa en nuestro vivir diario? Recordemos que el mundo actual necesita cristianos que confiesen a Jesús con su vida, en sus actos, que tomen la cruz de cada día y caminen con la frente en alto. Ser cristiano no es sólo confesar que Jesús es nuestro Salvador, implica que mostremos con nuestras actitudes que realmente creemos en Él.

 

Hermanos, cuando Jesús preguntó sobre su identidad, no fue para recibir una alabanza, fue para darse cuenta si ya estaban preparados para seguirlo en su pasión, para indicarles que el seguirlo tiene consecuencias y los invita a cargar la cruz. Jesús no promete éxito como lo entiende el mundo, invita a una entrega total en su seguimiento, asumiendo todas las consecuencias, incluso la muerte. Hermanos, no podemos olvidar que Cristo murió crucificado; si queremos ser de Cristo, si queremos ser como Cristo, hemos de seguirlo en todo, no sólo en lo que nos resulta fácil, cómodo y agradable; no sólo mientras me pida algo que está dentro del límite de lo que estoy dispuesto a dar, sino también cuando me pide cargar con una cruz que no es la que a mí me gusta; cuando las cosas en la vida cristiana se me hacen cuesta arriba, difíciles y exigentes. Quien quiera ser discípulo, ha de vivir intensamente en su vida el dinamismo de la cruz, que el Señor Jesús inauguró para nosotros, morir a todo lo que es muerte para renacer a la vida verdadera, porque no hay cristianismo sin cruz.

 

Por eso, los invito para que no tengamos vergüenza de confesar a Jesús públicamente, con palabras, pero sobre todo, que no tengamos miedo a vivir como Jesús nos pide, que abracemos esa cruz de la que nos habla Jesús; que no tengamos miedo de ir dando la vida por Él hasta perderla, ya que así la ganaremos.

 

Les bendigo a todos, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. ¡Feliz domingo para todos!.

 

 

Mons. Cristóbal Ascencio García, Obispo de Apatzingán.

XII DOMINGO ORDINARIO Ciclo C – 19 de junio de 2022.Mons. 

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