¿Soy también un reflejo de la Trinidad en la vida cotidiana?, debemos preguntarnos: Francisco

ACNjunio 12, 2022
Resumen de las palabras del Papa, este domingo:
– El Santo Padre recordó esta mañana a la monja polaca Paschalis Jahn y 9 compañeras que vieron, ayer sábado 11 de junio, reconocer su martirio en el odio a la fe que tuvo lugar en 1945 en Polonia durante la invasión del ejército soviético, por defender su castidad . Luego pidió un aplauso para el nuevo beato.
– El Papa se dirige a las autoridades de Sudán del Sur y Congo Democrático para ofrecer disculpas por la suspensión de su viaje a causa de la enfermedad en su pierna. El Papa se disculpó amablemente con todos prometiendo que irá a estos países lo antes posible.
– Francisco aún recuerda la guerra en Ucrania y pide oración y lucha por la paz. Espera que esta guerra sea siempre recordada y que lo que ocurra no quede en el olvido.
– Por último, el Papa recuerda la Jornada Mundial con el trabajo infantil en el mundo: una plaga y una vergüenza.
Texto de la alocución del Papa – El signo (…) indica palabras improvisadas.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y feliz domingo!
Hoy, solemnidad de la Santísima Trinidad, Jesús en el Evangelio nos presenta las otras dos Personas divinas, el Padre y el Espíritu Santo. Del Espíritu dice: “Él no hablará de sí mismo, sino que tomará lo mío y os lo anunciará”. Y luego, hablando del Padre, dice: “Todo lo que tiene el Padre es mío” (Jn 16, 14-15). Notamos que el Espíritu Santo habla, pero no por sí mismo: anuncia a Jesús y revela al Padre. Y que el Padre, que todo lo posee, porque es el origen de todo, da al Hijo todo lo que posee: no retiene nada para sí y se da enteramente al Hijo.
(…) Y ahora mirémonos a nosotros, a lo que hablamos y lo que poseemos. Cuando hablamos, siempre queremos que la gente hable bien de nosotros y, a menudo, solo hablamos de nosotros mismos y de lo que hacemos. (…) ¡Cuánta diferencia frente al Espíritu Santo, que habla anunciando a los demás!: el Padre y el Hijo Y, de lo que poseemos, cuán celosos lo tenemos y cuánto nos cuesta compartirlo con los demás, incluso con aquellos que carecen de lo necesario! En palabras es fácil, pero luego en la práctica es muy difícil.
He aquí entonces que celebrar la Santísima Trinidad no es tanto un ejercicio teológico, sino una revolución en nuestro modo de vida. Dios, en quien cada Persona vive para la otra, (…)no por sí mismo, nos provoca a vivir con los demás y para los demás. Hoy podemos preguntarnos si nuestra vida refleja el Dios en el que creemos: ¿Yo, que profeso la fe en Dios Padre e Hijo y Espíritu Santo, creo verdaderamente que para vivir necesito de los demás, necesito darme a los demás, necesito servir a los demás? ¿Lo afirmo en palabras o en la vida?
El Dios trino y único, queridos hermanos y hermanas, debe manifestarse de esta manera, más con obras que con palabras. Dios, que es el autor de la vida, se transmite menos a través de los libros y más a través del testimonio de vida. Aquel que, como escribe el evangelista Juan, “es amor” (1 Jn 4,16), se revela a sí mismo por el amor. Pensemos en las personas buenas, generosas, mansas que hemos conocido: recordando su forma de pensar y actuar, podemos tener un pequeño reflejo de Dios-Amor. ¿Y qué significa amar?
No sólo amar y hacer el bien, sino ante todo, en la raíz, acoger a los demás, hacer lugar a los demás, dar espacio a los demás. (…) Para comprenderlo mejor, pensemos en los nombres de las Personas divinas, que pronunciamos cada vez que hacemos la señal de la cruz: en cada nombre está la presencia del otro. El Padre, por ejemplo, no sería tal sin el Hijo; así también el Hijo no puede ser pensado solo, sino siempre como el Hijo del Padre. 
Y el Espíritu Santo, a su vez, es el Espíritu del Padre y del Hijo. En resumen, la Trinidad nos enseña que uno nunca puede estar sin el otro. No somos islas, estamos en el mundo para vivir a imagen de Dios: abiertos, necesitados de los demás y necesitados de ayudar a los demás. Hagámonos, pues, esta última pregunta: ¿soy yo también un reflejo de la Trinidad en la vida cotidiana? ¿La señal de la cruz que hago todos los días sigue siendo un gesto que es un fin en sí mismo o inspira mi manera de hablar, de encontrarme, de responder, de juzgar, de perdonar?
Que Nuestra Señora, hija del Padre, madre del Hijo y esposa del Espíritu, nos ayude a acoger y testimoniar en la vida el misterio de Dios-Amor.

ACN

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