El impulso del Espíritu Santo

Solemnidad de Pentecostés

(Ciclo C, 5 de  junio 2022):
  • Del Santo Evangelio según San Juan 20,19-23

Al anochecer el día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: la paz esté con Ustedes.

Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.

De nuevo les dijo Jesús: La paz esté con Ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío Yo. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar. Palabra del Señor.

  1. En Pentecostés celebramos la venida del Espíritu Santo sobre la Iglesia de Cristo, por tanto sobre los Apóstoles y todos los que han aceptado ser discípulos del Señor, conformando todos juntos la primera Comunidad de la Iglesia de Cristo (cf. Hech 2,42).
  2. El impulso del Espíritu Santo a la Iglesia es uno solo, pero tan potente y permanente que la conducirá hasta convertirla en la “Jerusalén Celestial”  (Heb 12,22).
  3. Toda esa fuerza del Espíritu Santo procede del misterio pascual de Cristo, de su pasión, muerte y victoria en su Resurrección.
  4. Así, este impulso del poder del Espíritu Santo arranca desde el día de la Resurrección: Jesús les dijo “Reciban el Espíritu Santo” (Jn 20,22). Así, el poder de Cristo garantiza la Victoria de la Iglesia ante las dificultades y la persecución, por ello a cada uno Jesús Resucitado nos comunica la potencia del Espíritu Santo y nos dice “la paz esté con ustedes” (Jn 20, 19).
  5. Con ese mismo poder que procede del Padre somos enviados los discípulos de Cristo: “Como el Padre me ha enviado, así también los envío Yo” (Jn. 20,21).
  6. Cristo, constituido por su victoria pascual en “Señor” (Hech 2,36), ahora también en su humanidad, puede así enviar el Espíritu Santo a su Iglesia, el cual realiza en nosotros su obra, la obra de Cristo, la redención y el perdón de los pecados, y así nos hace “creaturas nuevas” (cf. 2 Cor. 5,17).
  7. Abramos siempre a la acción del Espíritu Santo nuestro corazón de bautizados en Cristo para ser “testigos” (Lc 24,48) convencidos de su Resurrección en medio de nuestros hermanos, Resurrección que es por obra del Espíritu Santo en nosotros potente fuerza transformadora de nuestra vida y la de la humanidad.

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