¿Todos nacemos en un cuerpo equivocado?

ACNmayo 30, 2022

La publicación del ensayo Nadie nace en un cuerpo equivocado, de José Errasti y Marino López Álvarez, ha provocado reacciones rabiosas en el activismo trans, por atreverse a desenmascarar las falacias postuladas por la llamada ‘teoría queer‘, según la cual nuestro cuerpo puede aprisionar un yo verdadero, una identidad ‘sentida’, cambiante y fluida que debe imponerse sobre la materialidad biológica. Coincidiendo con la tesis expuesta en este ensayo, debemos sin embargo precisar que, oscuramente, el activismo trans tiene razón; pues, en efecto, todos nacemos en un cuerpo equivocado.

Aldous Huxley lo afirma en Los demonios de Loudun: «En todo momento y lugar, el ser humano ha sentido la radical inadecuación de su existencia personal, la penuria de ser sólo su yo aislado y no algo más amplio, algo mucho más profundamente consustanciado». Y esta radical inadecuación se debe a que todo ser humano –no importa que sea creyente o no– siente un ansia irrefrenable de la existencia eterna y ‘transhumanada’ que le ha sido prometida, donde su pobre cuerpo mortal será transubstanciado en cuerpo glorioso. Esta ansiedad existencial sólo puede expresarse sanamente cuando no cegamos nuestro horizonte sobrenatural; pero, apenas lo negamos, nuestra ansiedad se siente prisionera de una angosta existencia terrenal. Y entonces, para tener conciencia –siquiera confusa– de ser otro distinto, y no un yo aislado en un cuerpo perecedero que no sentimos como nuestro, los seres humanos nos entregamos a diversos paraísos artificiales que nos ofrezcan una «manifestación de la radical diversidad inmanente en el ser humano». Huxley cita el alcohol y las drogas, así como la «sexualidad elemental, divorciada del amor»; pero podríamos citar también la práctica desaforada del deporte, o el recurso a la cirugía estética.

Todos estos intentos penosos por autotrascender o salirnos de la casilla que la naturaleza nos ha adjudicado tienen un efecto degradante. La prometida liberación se convierte en esclavitud; y nos despeñamos, en penosa ruta descendente, en dirección a lo infrahumano. Huxley augura que nuestra época diseñará «técnicas para explotar la ansiedad de los hombres por la forma más peligrosa de autotrascendencia descendente» que alcanzarán un grado de perfección único en la historia. Esas técnicas las postula esta ‘teoría queer‘, que promete a los seres humanos dejar de ser criaturas, para convertirse en creadores de sí mismos. De este modo, se suma sacrílegamente la propia identidad al carrusel del consumismo bulímico, explotando el anhelo humano más sublime del ser humano –’transhumanarse’, allá en el Paraíso– y arrojando en vida a sus víctimas al infierno del sopicaldo penevulvar o menestra de géneros.

Contra la falsa ‘teoría queer‘ sólo se alza la visión cristiana, tan escandalosa y subversiva hoy como hace dos mil años. El cuerpo en el que nos hallamos guarda una semilla de divinidad que está a punto de germinar. Somos crisálidas a punto de alumbrar un cuerpo glorioso.

por Juan Manuel de Prada.

 Opinión 

30 mayo 2022 00:00

Publicado en ABC.

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«Nadie nace en un cuerpo equivocado»: buena crítica a la chaladura queer, con algunos puntos ciegos

Infantilización, irracionalidad, mucha manipulación mediática... y si no funciona, censura y amenazas... la fuerza queer y trans que impide razonar y hablar

Infantilización, irracionalidad, mucha manipulación mediática… y si no funciona, censura y amenazas… la fuerza queer y trans que impide razonar y hablar.

Pablo J. Ginés/ReL.

18 febrero 2022 14:15.

El obispo Reig Pla tenía razón y poco a poco todos tendremos que reconocérselo. Lo proclamaba hace 10 años, en mayo de 2012, en el Congreso Mundial de las Familias en Madrid: “La ideología de género y las teorías queer y cyborg atentan contra la naturaleza de la persona”. “Queer”, “cyborg”, “transhumanismo“, “ideología de género”… Ya lo había dejado caer en documentos antes, y en alguna Misa de la Familia en diciembre, pero por esa época a muchos les bastaba con centrarse en denunciar el matrimonio gay y el divorcio express. Eso de “queer” y “transhumanismo” parecía de ciencia ficción distópica.

Pero en 2021 la Universidad Francisco de Vitoria ya organizaba un congreso de transhumanismo con grandes filósofos y bioeticistas que hablaban de cyborgs con desparpajo, ReligionEnLibertad creaba su sección de “ideología de género” en 2018 y ahora nos encontramos un libro escrito desde la izquierda que pone nombre al enemigo: “la ideología queer”. Reig Pla tenía razón entonces y sigue teniéndola ahora.

José Errasti y Marino Pérez, dos profesores de psicología de universidad pública y sensibilidad de izquierdas, e incluso irreverente -Errasti escribe en el Huffington Post y en la revista gamberra-grosera Mongolia– han publicado “Nadie nace en un cuerpo equivocado” (Deusto), que es un libro oxigenante y liberador aunque tenga sus puntos ciegos.

El 90% del libro es bueno y útil para resistirse a la tiranía transexual y del generismo, y vale la pena hacerlo llegar a personas desconcertadas para que recuperen el sentido común. Hace bien en empezar dejando claras las cosas desde la ciencia y la biología: no hay más que dos sexos, y las personas que sufren distintos síndromes que afectan a genitales u hormonas no refutan eso: son hombres con tal síndrome o mujeres con tal otro.

También hace bien en preocuparse por lo público, incluyendo la escasísima natalidad (quizá por estar sus autores en la envejecidísima Asturias) y la mentalidad narcisista e individualista, que lleva a muchos a intentar gustar a toda costa.

Lo que dicen estos dos profesores de psicología en el vídeo de promoción es correcto, pero no sólo aplicado a lo queer, sino a todo el pack loco de la revolución sexual: anticoncepción, sexo por diversión, la propia homosexualidad y formas de superarla, el divorcio y las rupturas, el aborto, etc…

El libro tiene tantos aciertos, que preferimos comentar primero los desaciertos. No son muchos pero son importantes.

 

¿Es tabú decir “ideología de género”?

 

1. Ni usa sola vez se atreven a hablar de “ideología de género”. Solo un par de veces usan la palabra “woke“. Su enemigo es “el generismo identitario”, “la teoría queer”, el “activismo queer”... que son aquellos que acusan de transfobia y de terfismo (feminismo “trans-excluyente”) a cualquiera que critique las operaciones de cambio de sexo y las leyes que niegan el sexo.

 

No, no sólo las feministas dan la cara

 

2. Tres veces a lo largo del libro dicen que sólo “las feministas dan la cara en público, en no pocas ocasiones con un alto coste personal”. Ignoran por completo que los cristianos llevamos muchos años denunciando el absurdo ideológico trans (junto con otros). También asociaciones familiaristas no confesionales. Y algún partido.

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Los autores se atreven a criticar a Podemos e Irene Montero por su nombre, a la valenciana Mónica Oltra por decir “soy mujer no por mis genitales, sino porque pienso como mujer”, a Pablo Echenique por llamar “basura tránsfoba” a las feministas clásicas, a denunciar que “Unidas Podemos y Ciudadanos coinciden en los borradores de la ley trans” y a detallar que en su 40º congreso federal (octubre 2021) el PSOE ha terminado adoptando los dogmas queer. El PP se pone de perfil o aprueba ideologizados protocolos trans para las escuelas.

El libro sólo en un momento menciona a Vox, como un tuit queer: “Os apoya Vox, sois fachas”, a lo que responden: “de jóvenes, los objetores íbamos a las manifestaciones contra la mili junto a los testigos de Jehová. ¿Eso hace que estuviera mal, si ellos -hiperextrema derecha- nos apoyaban?”

Es el único momento en que parecen concebir vagamente que existen otros opositores que no son las feministas clásicas. ¿Despiste? ¿Efecto de vivir en una burbuja de izquierda muy específica? ¿O censura consciente, la misma que critican luego?

Lo que critican a los queer se puede aplicar a todo el activismo LGTB+

3. Se quejan los autores -con razón- de que los queer llaman transfobia a toda oposición, lo que es equivalente al mal absoluto, y con el mal absoluto no se negocia ni debate. Se quejan de que los queer llaman “terapia de conversión”, que “se considera como una terapia dañina, no ética”, para “etiquetar todo lo que no sea el enfoque afirmativo” (es decir, el apoyo a los cambios de sexo).

Pero de todo lo que ellos acusan a los queer y activistas trans, se les puede acusar también a los activistas homosexuales que piden multar las terapias sobre sentimientos homosexuales, los esfuerzos por el cambio de orientación, etc… Invisibilizan a las personas que han dejado la homosexualidad como los queer ocultan a los que detransicionan. ¿Exactamente qué terapias son dañinas y como se ha demostrado? ¿Qué estudios hay al respecto? Los autores parecen aceptar acríticamente de las siglas LGB la misma propaganda y tácticas que critican de las siglas TQ+.

 

La mala ciencia queer, con amenazas, es como la mala ciencia LGTB

 

4. Los autores son psicólogos y están desconcertados con el apoyo de las asociaciones psicológicas internacionales a las absurdas doctrinas queer, incluyendo proclamas de que la disforia de género no es ni enfermedad ni trastorno mental y declaraciones que aceptan hablar de “cuerpo equivocado”. La postura de la Asociación de Psiquiatría de EEUU es una hoja sin referencias académicas oponiéndose a todo intento de dificultar las transiciones de sexo.

Las asociaciones ignoran la evidencia médica y desdeñan la “espera atenta” (esperar y ver, sin hormonar ni mutilar). Errasti y Pérez, como hacemos en ReligionEnLibertad, para buscar algo de ciencia seria acuden a los estudios y críticas de la SEGM, la Sociedad para la medicina de Género Basada en la Evidencia.

¿Cómo es posible que las asociaciones psicológicas y psiquiátricas hayan aceptado toda la doctrina queer? No es por dinero, admiten José Errasti y Marino Pérez. La causa está, dicen, “en los tiempos confusos de la posverdad y en la desidia intelectual, creyendo que el enfoque afirmativo y el discurso queer son progresistas o algo así. Pero, sobre todo, por miedo a las acusaciones de transfobia y odio, un terror que los activistas han logrado implantar no sólo en redes sociales sin como lobby en políticas estatales”.

Ese párrafo podría firmarlo el obispo Reig Pla (y mucha más gente atenta y observadora). En realidad, Errasti y Pérez dicen de lo queer en las asociaciones psicológicas lo mismo que tantos han dicho de la normalización de la homosexualidad y el tabú a las terapias para dejarlas: no es por ciencia, sino por desidia, miedo, presiones y la creencia de que si algo es “progresista” no hay que criticarlo.

Y casi lo mismo -aunque con algo más de libertad para debatir- podría decirse de muchos otros males que a la izquierda le parecen bien: la ruptura de las familias, el divorcio fácil y frecuente, la anticoncepción, la fecundación in vitro con sus miles de embriones congelados, el aborto, la invisibilización de los padres, matar enfermos o deprimidos con eutanasia, etc…

 

Consideran “indiscutibles” cosas que los católicos sí osan discutir

 

5. A los autores les falta imaginación para el bien. Errasti y Pérez no insisten mucho en este libro, pero en un párrafo en la página 49 dicen que nadie ha de añorar épocas pasadas en que “la conexión entre sexo y reproducción era más estrecha”, aseguran que “no hay motivos razonables para condenar las relaciones que sólo buscan placer”, “la generalización de anticonceptivos” es, dicen, “un avance social indiscutible“, y “el mundo es ya inimaginable de otra manera”.

Por supuesto, el pensamiento católico sí puede imaginar otro mundo, discute lo que ellos llaman “indiscutible” y puede trabajar para lograr ese otro mundo. La anticoncepción separó sexo, amor y familia y acabó dañando más a la mujer, como ya adelantaba Pablo VI en la Humanae Vitae hace medio siglo, las relaciones por mero placer han creado la sociedad de inmaduros con terror a los niños que los mismos autores critican. Ellos mismos lo dicen: “dislocado de la reproducción, el sexo queda desquiciado”, es decir, enloquece.

En una sociedad que cree en un Dios Padre providente y una Madre en el Cielo, el vértigo ante el reto de ser padres se puede afrontar con fe, esperanza y caridad. Sin esa religión, queda el infantilismo miedoso que denuncian. Si en vez de anticoncepción la gente conociera los ciclos naturales de fertilidad del cuerpo y los viviera en relación de matrimonio fiel, fuerte y exclusivo, la fertilidad se vería como algo propio, sano y natural y los hijos serían bien acogidos. La sociedad se volcaría en favorecer eso.

Los autores dedican 60 páginas a intentar decir, sin Dios, lo que la Biblia resume en un versículo: “Y Dios creó al hombre a su imagen. Hombre y mujer los creó” (Génesis 1,27).

Después de proclamar “Dios no creó nada, ignoremos la Biblia”, ahora cuesta defender “ey, pero es verdad que el ser humano es hombre y mujer, y no mil variaciones extrañas”.

Todo el caos trans y queer viene de quitar lo sagrado del sexo y decir “sólo son funciones físicas, como la digestión”. Al quitar lo celestial, hemos visto que no se refuerza lo natural, sino lo infernal. No hace falta ser cristiano para admitir este hecho.

Muchos agnósticos deberían reconocerlo: con el Dios cristiano, que es un Padre exigente pero amoroso, y con la Virgen, que es una Madre cercana y dulce, teníamos una sociedad más equilibrada y sana. Y se puede volver a tener.

 

Si es la punta del iceberg, ¡combatamos todo el iceberg!

 

6. Los autores saben que lo trans es sólo una punta de iceberg. Debajo, hay mucho más horror. Ellos lo dicen bien. “La polémica trans es únicamente la punta de un iceberg en el que se está jugando el triunfo de una sociedad indeseable, un patio por donde transitan un montón de individuos separados, rumiando sus ensoñaciones, sólo a salvo gracias a un pacto de indiferencia mutua. Una sociedad de individuos especiales que dedican su vida a cultivar todo lo que les hace únicos. Una distopía“.

Este párrafo podría firmarlo Reig Pla y hasta el Papa Francisco, sobre todo la parte de la “indiferencia”, que es uno de los temas preferidos del Papa.

El error aquí es que, si lo trans es la punta del iceberg, hay que tener el coraje de combatir todo el iceberg. Eso implica defender a los débiles y sin voz (incluyendo el aborto), promover las familias fuertes, educar contra el narcisismo e individualismo (eso lo hacen mejor las familias que otros inventos) y –como Errasti y Pérez insisten- evitar la censura y favorecer el debate vigoroso y libre (ahí tenemos la campaña Cancelados, que 10 ayuntamientos enseguida bloquearon y retiraron).

Hay todo un ecosistema humano que se ha roto -que, de nuevo, es la familia- como señala Mary Eberstadt, y el resultado son aullidos identitarios en la noche de personas heridas, solas y asustadas. Es una pena que los autores no parezcan haber leído Gritos Primigenios, de Eberstadt.

Gritos Primigenios, de Mary Eberstadt, y las víctimas de la revolución sexual

‘Gritos primigenios’ de Mary Eberstadt es el complemento perfecto para ‘Nadie nace en un cuerpo equivocado’.

 

Una vez presentados los “puntos ciegos” -que son un 10% del libro- podemos alabar el resto por su completitud, amenidad, claridad y firmeza y es recomendable para cualquiera en el mundo de la educación, de comunicación, la política y la sanidad, y para los cristianos, siempre amenazados por la censura y la cancelación.

 

Párrafos buenos que hacen pensar

 

He aquí una selección de párrafos magníficos que ilustran el nivel del libro:

– »”¿Tu verdad? No, la Verdad, y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela”. ¿Consideraría Irene Montero tránsfobo a Antonio Machado por estos versos?

– »Discrepar no es odiar. Discrepar sobre el análisis que algunas personas trans hacen de su condición no es odiarlas. Nos acusáis falsamente de odio, porque sabéis que no podéis rebatir nuestros argumentos. La censura es la única esperanza que tenéis para imponer vuestra irracionalidad.

– »”¿Quién soy yo para opinar sobre lo que tienen que hacer los demás?” Pues eres un miembro consciente y responsable que comparte sociedad con otras personas.

– »El individuo moderno repite en bucle: ‘como yo soy alguien muy especial, busco una pareja muy especial, para tener una relación muy especial, en la que se cumplan mis sueños muy especiales’, aunque a la postre ser muy especial consista en tener muchos piercings y la relación muy especial se establezca alrededor de cuidar un gato…

– »Curso rápido de teoría queer: lo sé porque lo soy; lo soy porque lo siento; lo siento porque lo sé; no lo siento, lo sé; no lo sé, lo soy; no lo soy, lo siento; sé que lo siento porque lo soy; siento que lo soy porque lo sé; soy lo que sé que siento; siento lo que sé que soy

– »¿Hemos dicho que Diversidad=bien? Cuidado, la diversidad está bien siempre que no sea diversidad de opiniones. Dado que [dicen que] el ataque a la teoría queer es un ataque a los derechos humanos, no se puede permitir que los que estén en contra intervengan en el debate. La teoría queer sólo podrá ser debatida por quienes la apoyan.

– »Nada de lo que está ocurriendo alrededor del sexo y los estereotipos sexuales podría estar ocurriendo sin Twitter, Instagram, Tumblr y TikTok. […] Instagram o TikTok vienen a sustituir el capitalismo tradicional “de productos” por un capitalismo actual “de identidades”

– Amazon distribuyó entre sus empleados británicos una completa guía destinada al apoyo de los trabajadores trans. […] Contrasta con su feroz oposición a permitir la sindicación de sus trabajadores en Reino Unido, Estados Unidos, Francia o Polonia…

– La presunción de culpa precede a los actos de microagresión y micromachismo. La teoría de la microagresión es una teoría secular del pecado original que ningún varón blanco y heterosexual puede trascender de ninguna manera (citando a Frank Furedi)

– »La salvación pasa por la gnosis: el conocimiento iluminado, no un conocimiento empírico-racional, ni tampoco meramente basado en la fe. La gnosis es tanto el conocimiento de la caída en la ‘prisión’ del mundo como el modo de escapar de ésta.

– »Los bloqueadores hormonales son una ‘presión’ para seguir adelante. Si el chico o la chica no siguen adelante, su disforia parecerá frívola, y por el contrario, si siguen, serían héroes.

– »Como comenta Abigail Shrier: “más de una chica adolescente que entrevisté dijo que mientras ‘trans’ representa una identidad de alto status en la escuela secundaria, ‘lesbiana’ no. Ser lesbiana es abiertamente ridiculizado como una identidad menor.

– »La posmodernidad nos ha revelado que los seres humanos llevan equivocándose doscientos mil años, unos quince mil millones de veces, al pregunta ¿es niño o niña? tras el nacimiento de un bebé. No queda más remedio que tirarlo todo a la basura y alumbrar un nuevo orden social.

– » La universidad, con sus alumnos infantilizados y sus cínicos profesores apoltronados en inofensivas transgresiones, deberá figurar en la lista de las condiciones de fondo que nos han traído hasta aquí.

Aquí, en YouTube, una presentación online del libro, más centrada en los aspectos psicológicos.

ACN

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