Amar a Jesús no es cuestión de palabras

En este domingo VI de Pascua, volvemos a encontrar un discurso de despedida en la perspectiva de su muerte ya cercana, Jesús hace un resumen de su vida y su ministerio y explica a sus discípulos que ha de volver al Padre, pero que esto no supondrá una separación total porque seguirán gozando de su presencia, aunque de otra forma. Lo que domina al discurso es el hecho de que Jesús vuelva al Padre, escuchemos: “La paz les dejo, mi paz les doy. No se la doy como la da el mundo. No pierdan la paz ni se acobarden. Me han oído decir: ‘Me voy, pero volveré a su lado’. Si me amaran, se alegrarían de que me vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Se lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, crean”. Pero además, Jesús anuncia su posterior retorno. Ese retorno de Jesús es presentado en el Evangelio de Juan de tres maneras:

1a- Con las apariciones del Resucitado.

2a- En el corazón de los hombres que lo aman: “El que me ama cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a Él y haremos en Él nuestra morada. El que no me ama no cumplirá mis palabras”.
Si el domingo pasado, les dejaba como testamento un mandamiento nuevo, que hacía alusión al amor que se debe tener entre los unos con los otros, un amor horizontal, ahora se centra en el amor que debemos tenerle a Él y ese amor trasciende al Padre, un amor vertical: “El que me ama, cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a Él y haremos en Él nuestra morada”. No es suficiente decir que amamos a Jesús si no cumplimos su Palabra. Cumplir la Palabra de Jesús implica un estilo de vida, unas actitudes concretas para Dios y para el prójimo. Es un domingo hoy, para reflexionar en el amor a Jesús y el amor a Dios, ¿cómo amo a Dios?. Recordemos que ya teníamos el primer mandamiento de la ley mosaica y que aprendimos de memoria desde niños, que nos dice: “Amarás a Dios sobre todas las cosas”; ¿qué significa eso?: Significa que el primer deber del ser humano es dar honor y gloria a Dios, implica que no tengamos otros dioses o ídolos. En un mundo como el nuestro, donde se habla de la ausencia de Dios, de que las personas se han alejado de las iglesias, de que se vive como si Dios no existiera, creo que no podemos erradicar a Dios de nuestras vidas, quizá en nuestra ignorancia lo sustituimos por falsos ‘dioses’, sea: el dios dinero, el poder, la fama, el placer, etc. Tal vez, nos hemos hecho un ‘dios’ a nuestra medida, “un diosecillo” que cumpla mis antojos y caprichos, muy alejado del único y verdadero Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo. Dice Jesús: “El que me ama, cumplirá mi palabra”; sabemos que cumplir la palabra de Jesús, implica conocerla, reflexionarla y hacerla vida, que se convierta en un estilo de vida, de lo contrario ni cumplimos su palabra y nos engañamos pensando que lo amamos. Sería muy importante que reflexionáramos: ¿Cómo cumplo el primer mandamiento? ¿Amo a Dios sobre todas las cosas? ¿Qué imagen tengo de Dios? ¿Tengo otros “diosecillos” como: visitar brujos y adivinos, buscar que me lean el café y echen las cartas, que me lean las manos; ando detrás de las limpias, de los brujos; caigo en el gran engaño de invocar a la ‘santa muerte’ olvidando que cuando lo hago es satanás el que responde?.

Amar a Jesús, es cumplir su Palabra y nos dejó: “Que perdonemos setenta veces siete”; “que si nos piden la túnica, les demos también el manto”; “que amemos a los enemigos y oremos por ellos”. Amar a Jesús no es cuestión de palabras, amar a Jesús implica un estilo de vida. Pensemos: ¿Cómo muestro que amo a Jesús? ¿Qué acciones concretas realizo para mostrar ese amor a Jesús?.

3a- Mediante el Espíritu Santo: “El Espíritu Santo que mi Padre les enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que les he dicho”. Así pues, Jesús aunque se está despidiendo y habla de su retorno al Padre, no dejará la primera comunidad abandonada, tendrá otra forma de presencia, además, les habla del envío del Espíritu, de la tercera persona de la Santísima Trinidad. Para ese momento, quizá ellos no querían la separación de Jesús, aunque no conocían la fuerza del Paráclito, quizá no comprendían lo que estaban escuchando. Aquella promesa muy pronto se hará realidad, el día de Pentecostés. A dos mil años de aquel acontecimiento, preguntémonos: ¿Comprendo la fuerza del Paráclito? ¿Confío en el Espíritu Santo? ¿Me dejo guiar por el Espíritu Santo?

Hermanos, la invitación de este domingo es para que reflexionemos sobre el amor que le tenemos a Jesús y que veamos ¿cómo mostramos ese amor? No basta esa relación vertical y personal con Dios, esa relación centrada en una piedad intimista, como diciendo: ‘Dios y yo y que el mundo ruede’. Recordemos que la fe y el amor, se muestran en la relación con los otros, con los más necesitados, a Dios amamos cuando amamos al hermano, cuando nos preocupamos de las necesidades de los demás, cuando vivimos el estilo que Jesús vivió… Cuando digamos que amamos a Jesús, que cumplimos su Palabra, es momento de reflexionar: ¿qué acciones nos respaldan?.

Les bendigo a todos, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. ¡Feliz domingo para todos!

Mons. Cristobal Ascencio García

Obispo de Apatzingán

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