“Ámense unos a otros como yo los he amado”

Las lecturas de este domingo nos invitan a reflexionar el tema del amor de Dios, que hace nuevo todo, un amor que renueva el corazón, el pensamiento y la actitud, para ser hombres nuevos y mujeres nuevas. Veamos.

 

1. «VI UN CIELO NUEVO Y UNA TIERRA NUEVA»

 

El libro del Apocalipsis muestra los secretos de la existencia humana y la finalidad de la historia, que tienen su interpretación auténtica en la victoria del Cordero inmolado (cf. Ap 5,5). Juan, después de observar el juicio sobre los muertos según sus obras y el arrojamiento de la Muerte y el Abismo al lago de fuego (cf. Ap 20, 11-15), ve «un cielo nuevo y una tierra nueva», de donde desciende la Nueva Jerusalén, «la morada de Dios entre los hombres». Ahí se dará la comunión plena de Dios con los hombres, y en esa nueva existencia «ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor», pues todo lo viejo habrá pasado.

 

2. «HARÉ NUEVAS TODAS LAS COSAS»

 

“Dios no sólo hará nuevos el cielo y la tierra, sino también la tienda del encuentro y el Templo de Jerusalén, reemplazados por la nueva Jerusalén que procede del cielo. En ella, Dios habitará realizando en plenitud su promesa de eliminar toda infidelidad de aquellos de los que se «ha hecho su pueblo y él su Dios» (cf. Ez 37,27). Esta nueva Jerusalén es la novia que se prepara para su esposo, el Cordero. La comunión definitiva de Dios con su pueblo concreta la total derrota de Satanás y del mal: el Dios de la Alianza y su Cordero, presentes en medio de su pueblo, son los garantes de que ninguna calamidad ni vicio podrá alcanzarlo.”[1]

 

3. «ÁMENSE UNOS A OTROS COMO YO LOS HE AMADO»

 

El amor es la expresión máxima de esta Comunión de Dios con su pueblo, al grado de experimentar y permitir la entrega de la vida de su Hijo, para salvarlo de sus pecados. El amor es la cualidad esencial de Dios, al grado de describirlo y definirlo con ese concepto: «Dios es amor». Dios es la fuente inagotable de ese amor, y por este amor es capaz de perdonarnos a todos. El amor de Dios es fuente y causa de salvación, pues «tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo para salvarlo» Jn 3,16, de tal modo que, «Jesucristo habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo» Jn 13,1. El discípulo tiene que ser como su Maestro (Cf. Lc 6,40), por ello, Jesús les pide amar como Él amó.

 

Crispín Hernández Mateos, Diócesis de Tuxpan, Veracruz

[1] Biblia de la Iglesia en América, Apocalipsis 21, Nota a pie de página (P. 2171).

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *