El Señor también nos reparte su alimento

La liturgia de este tiempo pascual, nos va ayudando a percibir cómo se hace presente el Señor en el hoy de nuestra vida, en el hoy de la misión de la Iglesia. Detengámonos en las cuatro escenas que hoy nos presenta el Evangelio:

1a- La pesca infructuosa durante la noche. Estaban juntos Simón Pedro, algunos apóstoles y discípulos, y les dijo: “Voy a pescar”, ellos le respondieron: “También nosotros vamos contigo”. El estar juntos indica cómo la misión es siempre comunitaria, no un gesto aislado y autónomo de cada uno. Aquella noche no cogieron nada, se busca el motivo en el símbolo de la noche; falta la luz que es Cristo, no está ni su presencia, ni su acción. En la noche, o sea, en ausencia de la luz, que es Cristo, se pueden realizar las obras de los hombres, no las del Padre; se puede realizar un proyecto humano, no el divino. Faltan los peces, faltan los frutos porque falta la unión con Él. Han olvidado aquella advertencia: “Sin mí, nada pueden hacer”. Sin la presencia de Jesús Resucitado, sin su aliento y su Palabra orientadora, no hay evangelización fecunda.

2a- Pesca con resultados estrepitosos. Estaba amaneciendo cuando Jesús se apareció en la orilla, pero los discípulos no lo reconocieron, todos reconcentrados en el propio trabajo, cerrados en su esfuerzo vano, no podían ver al Señor: “Muchachos, ¿han pescado algo?”, les dice. La llamada les hace conscientes del fracaso, es inútil trabajar sin Él: “Echen la red hacia la derecha de la barca”, les dice. Hermanos, si falta la sugerencia del Espíritu, nos ponemos en peligro de elegir siempre la parte equivocada. Para los judíos el lado derecho, es el lado de la bendición de Dios, así la pesca abundante se convierte en fruto de la generosidad divina, no del trabajo de los hombres. El encuentro de Jesús Resucitado junto al Lago de Galilea, está descrito con clara intención catequética. La pesca en medio del mar, es un mensaje muy actual para nosotros los cristianos. Sólo la presencia del Señor Resucitado puede dar eficacia al trabajo evangelizador. Es la presencia del Resucitado la que convierte el desastre en éxito extraordinario.

Pensemos: ¿En nuestros trabajos hemos buscado el rendimiento a cualquier precio o nos hemos detenido a cuidar mejor la presencia viva del Resucitado? Para difundir la Buena Noticia de Jesús y colaborar mejor en su proyecto, lo más importante no es hacer muchas cosas, sino cuidar mejor la calidad humana y evangélica de lo que hacemos y decimos.

3a- Reconocimiento del Señor, encuentro y comida con Él. Los discípulos no saben que es Jesús, sólo lo reconocen, cuando siguiendo dócilmente sus indicaciones, logran una captura sorprendente. Aquello sólo se puede deber a Jesús, el profeta que un día los llamó a ser pescadores de hombres. Entonces el discípulo a quien amaba Jesús le dijo a Pedro: “¡Es el Señor!”. Fueron todos a la orilla y Jesús les dijo: “Vengan a almorzar”, si los discípulos habían pensado que todo había sido un sueño, que no valía la pena volver a soñar con el Reino y que lo que tenían que hacer era volver a sus redes agujereadas y a su vieja barca, este encuentro con Jesús les confirma que Dios sigue confiando en ellos, o con otras palabras, no es la fe de los discípulos lo que construye la Iglesia, sino la fe y la confianza que Dios mismo pone en ellos, en nosotros. Los discípulos de Jesús, no encontramos nuestra seguridad en la conciencia de que somos buenos, porque la realidad es que no somos mejores que los demás. Nosotros hemos experimentado que Dios ha fijado su vista en nosotros, que nos ha mirado con su gracia. Jesús Resucitado nos ha invitado a comer con Él, lo hacemos cada día en la Eucaristía y cada día nos reitera su confianza; sentimos que Dios cree en nosotros y eso nos hace sentirnos seguros y fuertes para confiar también nosotros en los demás. Para anunciar el mensaje de la reconciliación, el perdón de la misericordia para todos, para no hundirnos en el cansancio o para encontrar nuevas fuerzas ante las dificultades, necesitamos esos momentos de estar con el Señor y sentirlo a nuestro lado. El Señor también nos reparte a nosotros su alimento, que es su Pan y su Palabra, por eso de nuestras Eucaristías salimos más contentos, más animados y con más fuerzas para seguir al Señor.

4a- Coloquio con Pedro y confirmación de su misión. Después de haber comido, se da ese coloquio, ese diálogo entre Jesús y Pedro, un diálogo sencillo pero cargado de significado. Jesús por tres ocasiones lo interroga sobre el amor a su persona: “¿Me amas más que éstos?” “¿Me amas?” “¿Me quieres?”. Los estudiosos siempre nos han dicho que esas tres preguntas sobre el amor, están marcadas por las tres negaciones de Pedro, pero no podemos quedarnos allí, como si Jesús se vengara de que Pedro lo hubiera negado. Recordemos que la fe cristiana es una experiencia de amor, por eso creer en Jesucristo es mucho más que aceptar verdades acerca de Él; creemos realmente cuando experimentamos que Él se va convirtiendo en el centro de nuestro pensar, de nuestro querer y de nuestro vivir. Jesús desea dejar claro que con ese “¿Me amas más que éstos?”, está estableciendo una relación no sólo entre Pedro y Él, sino entre Pedro y el resto de los discípulos; le está confiando una misión: Pedro será el que los confirme en la fe. Preguntémonos hermanos: Como pastores, ¿el amor a Jesús lo muestro en el pastoreo de sus ovejas? ¿cómo las pastoreo? ¿me intereso por todas las ovejas en todas sus necesidades?.

Les bendigo a todos, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. ¡Feliz domingo para todos!

Mons. Cristobal Ascencio García

Obispo de Apatzingán

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