Sábado de la Vigilia Pascual

En esta noche santa, los ángeles traen una buena noticia: ¡Cristo está vivo! ¡Cristo ha resucitado! ¡Esta es la noche, en que rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo! ¡Qué noche tan dichosa, en que se une el cielo con la tierra, lo humano con lo divino! ¡Qué noche tan gloriosa, solo ella conoció el momento en que Cristo resucitó del abismo!

 

1. Las acciones salvíficas de Dios: creación, liberación y alianza

 

La creación es la obra maravillosa de Dios por la cual tiene vida todo cuánto existe bajo el cielo, sobre la tierra y dentro del mar. Dios creó todo como una obra de amor, y al ser humano lo puso al frente de la misma, dándole poder sobre ella de dominarla y administrarla: «Y los bendijo Dios y les dijo: Sean fecundos y multiplíquense». De esta manera, el ser humano tiene la misión de custodiar y transmitir la vida humana, como parte de la obra creadora de Dios. La vida por tanto, es un don sagrado, que debemos cuidar y amar.

La liberación es un acto de misericordia de Dios por el cual saca de la opresión al pueblo de Israel que estaba esclavizado en Egipto. Dios nos creó para ser libres y la esclavitud no está en su proyecto divino, por lo cual, manda unas plagas al pueblo de Egipto, pues ha hecho lo que le desagrada. Saca con mano fuerte y brazo poderoso a los israelitas (), haciendo que los mejores capitanes del ejército de Egipto se ahoguen en el mar rojo (). Sólo Dios los condujo, de la mano de Moisés, pero no hubo otros dioses con él ().

La alianza forma parte del pacto surgido en la liberación, pues los liberó para que fueran pueblo de su propiedad: «Yo seré su Dios, ellos serán mi pueblo». De esta alianza nacen los mandamientos, por los cuales, se pide al pueblo de Israel «amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas». Los mandamientos no son obligaciones sino un pacto de amor entre Dios y el pueblo de Israel, donde ambos se comprometen a cumplir lo pactado: el amor y la fidelidad.

 

2. La resurrección de Cristo: acto único del amor del Padre

 

«¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?» La Resurrección de Cristo es un acto único de amor del Padre donde la vida es ahora una acción permanente que ya no tendrá fin, no es un volver a vivir como Lázaro (Jn 12,1)  o la hija de Jairo (Mt 9, 25), es una transformación del cuerpo mortal de Jesús en un cuerpo espiritual (glorioso), principio de una vida plenamente nueva y que no excluye la que vivimos ahora. La resurrección es regida por el principio fundamental del espíritu no limitado a la materialidad.[1]

 

La resurrección de Cristo significa que Dios Padre aprueba el camino de Jesús, su opción por el servicio, la justicia y la paz, que Dios siempre escucha el clamor del pobre, del crucificado en esta vida. Con su resurrección, Jesús nos libera del pecado y de la muerte y nos abre el camino hacia el reino de la vida. Es el triunfo del bien sobre el mal, de la vida sobre la muerte, de la justicia sobre la injusticia, de la víctima sobre el verdugo. ¡No está aquí, ha resucitado!»

 

3. La vida nueva de los discípulos de Cristo

 

La pascua es el paso de la muerte a la vida, del pecado a la gracia, de la esclavitud a la libertad, es encontrarse con Dios y gozar de una vida plena para siempre. Hoy Cristo está vivo y nos anima a tomar una vida nueva en Él, una vida libre de temores y rencores, una vida llena de esperanza, alegría y paz, una vida en comunión con Dios.  San Pablo nos dice «Así como Cristo resucitó de entre los muertos, por la gloria del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva». La resurrección conlleva caminos de vida verdadera y plena para todos, caminos de vida eterna, caminos abiertos por la fe que conducen a la plenitud de vida que Cristo nos ha traído[2]. La resurrección le da nuevo sentido a nuestra vida y con ello nos anima a dar razón de nuestra alegría y nuestra esperanza. ¿Confiesas a un Jesús muerto o a un Jesús resucitado?

 

[1]FISICHELLA, R., “Resurrección de Jesús” pp. 856-857, en: Diccionario Teológico Enciclopédico, ed. Verbo Divino, 2ª edición, Estella (Navarra) 1996.

[2] CELAM, Aparecida  # 14.

 

PorP. Crispín Hdez. Mateos.

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