Iniciamos el Tiempo Pascual

Pablo Garrido Sánchezabril 16, 202265 min

Las celebraciones de la Cena del SEÑOR de Jueves Santo, el oficio de la Pasión del Viernes Santo, y la Vigilia Pascual que se celebra entre la última hora del sábado y las primeras horas del domingo, comprenden el Triduo Pascual, iniciando un tiempo de cincuenta días hasta Pentecostés, que gira alrededor del hecho capital de la Resurrección de JESUCRISTO. Los cristianos renovamos nuestra vida en la Nueva presencia cada año de JESUCRISTO el RESUCITADO. El nuevo tiempo de Pascua representa un nuevo incremento de vida en el ESPÍRITU SANTO. La historia personal y las circunstancias sociales se encargan de marcar las diferencias entre este año y el anterior. Lo que está por vivir espera un tiempo de Gracia que se abre de nuevo en virtud de la Resurrección del SEÑOR. Con la Resurrección de JESÚS, el HIJO de DIOS, vence la Vida sobre la muerte, la Verdad sobre la mentira homicida; la Misericordia sobre el pecado; la Justicia sobre el caos; y la Libertad sobre el determinismo. Son distintas formas de acercarnos al “YO SOY” que encarna JESUCRISTO (Cf. Jn 8,28), que aparece en el marco celebrativo de la Vigila Pascual en el momento inicial del lucernario. La Luz brilla sobre la oscuridad de la muerte; la Luz resplandece sobre la mentira; la Luz devuelve el orden frente al caos; la Luz abre los caminos a la libertad y rompe las falsas cadenas de la esclavitud. La gradualidad del rito Lucernario sugiere el progresivo despertar a la vida con todos sus atributos. El fuego bendecido es la misma Vida nunca extinguida, porque pertenece al mismo DIOS. El Cirio Pascual simbolizando a JESUCRISTO aparece de nuevo como la Luz, que no se ha separado ni por un momento de la fuente de Vida eterna en DIOS. La LUZ resucitada toma de nuevo presencia en el mundo, y lo va realizando gradualmente. Tres veces se canta o proclama “Luz de CRISTO”, desde un tono bajo, medio y alto; y va acompañado el canto que anuncia la “luz de CRISTO” con el encendido gradual del templo, que no se completará hasta la liturgia bautismal. El diácono, o el encargado de cantar el Pregón Pascual convoca a todos, a los presentes y a todas las jerarquías angélicas a unirse al canto de exultación, que la Iglesia realiza por la victoria y Resurrección de su SEÑOR. Ante este hecho que restaura el orden anterior decadente no cabe otra manifestación que el júbilo ante la infinita bondad de DIOS. El rito está al servicio de la memoria de la Iglesia en la que el ESPÍRITU SANTO actualiza el acontecimiento único de la Resurrección de JESÚS.

 

Todo es nuevo

Las Escrituras en el Nuevo Testamento hablan de cosas del todo nuevas con respecto al Antiguo Testamento. Los Sacramentos de la iglesia son acciones del ESPÍRITU SANTO, que anteriormente no eran posibles. La forma de enfrentar la muerte y el más allá tiene unos horizontes que no existían antes de la Resurrección. La Comunión de los Santos, que rezamos en el Credo es posible por la efusión del ESPÍRITU SANTO que nos mantiene en comunión con la Iglesia del Cielo. La vida en el ESPÍRITU SANTO de los cristianos en este mundo es posible porque JESÚS ha resucitado. Tenemos a nuestra disposición recurso espirituales inagotables gracias a la Resurrección. Si el mundo no presenta un panorama mejor no es porque DIOS lo quiera así, sino simplemente obedece a que hemos dejado de acudir a la fuente de todo “don perfecto” (Cf. St 1,17). En primer lugar, si la paz del SEÑOR no está en nuestros corazones será muy fácil andar a codazos con los que están alrededor. El modo de recobrar la paz interior está en el encuentro inexorable que cada uno, como hijo de DIOS,  debe mantener con ÉL en la oración. El tiempo particular empleado para este cometido principal no está escrito en ningún lugar de los evangelios o del Nuevo Testamento, pero deberá ser el suficiente. Si DIOS deja de transformarnos la renovación de la familia y la sociedad será imposible. La vida en este mundo es tiempo vivido del que disponemos, organizamos. Veinticuatro horas cada día constituyen el don diario de vida, que DIOS nos concede, y algún fragmento de las veinticuatro horas habrá que dedicar a quien nos concede y regala el don en su totalidad. Dadas las circunstancias del momento, las influencias sociales y la colonización mental a la que las personas en esta sociedad de los grandes avances tecnológicos, la dedicación de unos minutos a la oración o encuentro con DIOS puede ser algo heroico, y del todo extraordinario, pero no por ello se puede prescindir, salvo que nos queramos exponer a males serios. Cuidamos la adquisición de buenos hábitos de alimentación, para que nuestra biología funcione correctamente; muchas personas tratan de proveerse de pautas de comportamiento que los haga más eficaces en las relaciones sociales, y proliferan los libros de autoayuda como las modernas tablas de salvación personal; pues de la misma forma nos interesa ajustarnos a las prescripciones espirituales debidas, para que nuestra alma o nivel más profundo de nuestro ser, que está en íntima relación con DIOS obtenga el alimento necesario. Sólo DIOS puede alcanzar el ámbito interno secreto, en el que ÉL mismo está y habita. De nuevo las palabras de san Agustín nos ilustran por su oportunidad: “nos hiciste SEÑOR para ti, y nuestra alma estará inquieta hasta que descanse en ti” (libro de “Las confesiones”). No se puede caer en la falsa disyuntiva de acción u oración; o sacar a relucir la incoherencia de algunas personas que puedan hacer gala de mantener unos hábitos de oración, pues resultarían excusas baratas con las que nos estancaríamos en el autoengaño. Nuestras quejas hacia la Iglesia o la sociedad afloran con abundancia y algunas muy justificadas, pero si queremos que algo cambie tenemos que empezar por uno mismo y de forma real. Los cambios auténticos los verifica DIOS dentro de una relación filial.

 

La evangelización

Grandes documentos conciliares y encíclicas pontificias nacieron para llenar de contenido a la evangelización en los diversos momentos históricos. Todavía sigue vigente la doctrina de la constitución dogmática, del Concilio Vaticano II, “Gaudium et spes” -Alegrías y esperanzas- con el que se ofrece un diagnóstico del momento en el que vive la humanidad, los grandes logros conquistados mediante el desarrollo social, científico, tecnológico; y también los graves riesgos provenientes de las posibilidades inéditas conquistadas por la sociedad moderna. Se advierte en este documento, que desarrollo y avance social no equivale necesariamente a presencia del Reino de DIOS en el mundo. Este dato es esencial para situarnos de forma adecuada, pues el Reino de DIOS “no es comida ni bebida” (Cf. Rm 14,17), ni unos índices de crecimiento material determinados. La prosperidad de los hombres que buscan el Reino de DIOS viene por añadidura, desde el momento que los grupos humanos y el individuo particular buscan el justo orden de las cosas en beneficio de la fraternidad: “vosotros buscad primero el Reino de DIOS  y su Justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura” (Cf. Mt 6,33). La evangelización dispone de todos los recursos a su alcance para llevar a cada sector de la sociedad los principios evangélicos. La evangelización por sí misma es la mayor aportación que la Iglesia realiza a la sociedad. Los recursos humanos rinden en toda su capacidad, en la medida que se encuentren impulsados por la fuerza dinámica del Evangelio. La evangelización tiene como objetivo prioritario poner a JESUCRISTO y su Mensaje en el centro de la actividad humana del sector al que se dirige. La evangelización es una acción eclesial organizada, que tiene como objetivo la trasmisión a otras personas y grupos de los valores del Reino de DIOS que se encarnan en la persona misma de JESUCRISTO. La evangelización ofrece todo el contenido del mensaje que debe ser conocido y practicado, por eso se dice que “la razón de ser de la iglesia es evangelizar”. En el “para qué” de la Iglesia está la evangelización. Al preguntarnos por los sectores con más urgencia para ser evangelizados, la respuesta es fácil y directa: todos. Por edades, la evangelización debe dirigirse a todas y cada una de las etapas del ciclo vital, desde los primeros años hasta el tramo final de la ancianidad, en que las personas pueden repasar su vida con paz y serenidad con una entrega al SEÑOR de toda una historia que ya no es modificable, pero todavía cabe el arrepentimiento y la sanación de recuerdos si eso fuese necesario. Pero en cualquier caso, la ancianidad es un tiempo de Gracia en el que se percibe con más realismo la existencia de la vida eterna con el SEÑOR para la que toda atención en su preparación debe ser tenida en cuenta por la actividad pastoral de la Iglesia. Entre los comienzos y el final tienen lugar las otras etapas del ciclo vital, que corresponden al despliegue mayor de las energías personales que inciden en la transformación de las estructuras sociales. Por ámbitos, la evangelización atenderá con preferencia a la familia, el sector de la enseñanza, el laboral y debiera proyectar programas de formación a los agentes sociales creadores de la opinión pública, y con principal atención a los políticos. Estamos comprobando que el secularismo instalado en las decisiones políticas están dejando al  individuo y a la sociedad sin la urdimbre de valores propios de un humanismo acorde a la esencia del hombre. Por eso se hace urgente lo que sugiere el libro de la Sabiduría: “una constelación de sabios salva al mundo” (Cf. Sb 6,24). Sabio es aquel que sabe del hombre en su trayectoria histórica y al mismo tiempo tiene conciencia de su trascendencia y de los pasos que la misma exige. Por otro lado, también dentro de la iglesia debe estar presente la evangelización como un proceso de renovación interna exigente e incesante.

 

Pedro en casa de Cornelio

A lo largo de todo el tiempo litúrgico de la Pascua, seguiremos la lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles, que representa el gran testimonio escrito de la vida de las primeras comunidades cristianas. En tiempos de crisis como el nuestro, la lectura de este texto sagrado resulta necesario y urgente. No todo fueron éxitos en la evangelización de los comienzos de la Iglesia, pero se observa una apertura especial a la acción del ESPÍRITU SANTO, que cada parroquia y diócesis deben vivir para cumplir su misión. El libro de los Hechos de los Apóstoles lo dispone todo para dirigir la misión a los gentiles. San Lucas, el autor inspirado de este libro sagrado, sitúa a Pedro como cabeza de la Iglesia, dando la entrada en la misma a los gentiles. A partir del capítulo trece, san Pablo toma el relevo en la evangelización de la gentilidad.

 

En casa de Cornelio (Hch 10, 34.37-43)

El versículo treinta y tres dispone mejor la secuencia de los hechos: “tú, Pedro, has hecho bien en venir. Ahora, todos nosotros, en la presencia de DIOS estamos dispuestos para escuchar todo lo que te ha sido ordenado por el SEÑOR” (v.33). Los ángeles habían estando asistiendo y mediando entre Cornelio y Pedro, que estaba en la localidad de Joppe, en casa de Simón el curtidor, pues las cosas se habían puesto muy difíciles en Jerusalén y aconsejaban, que una buena parte de los testigos iniciales que habían acompañado a JESÚS se dispersaran para no ser apresados y eliminados. En su momento llegaría también la hora de entregar la vida en el martirio, pero en el caso de Pedro ese suceso debía esperar. El enfrentamiento seguía con las autoridades religiosas de Jerusalén, pero no así con la autoridad romana, por lo que aquella región era más segura. Cornelio era centurión romano, y no se dice nada del grado de conocimiento sobre la doctrina de JESÚS, al que con toda probabilidad habría visto y escuchado por aquellas tierras de Galilea. Las oraciones y limosnas de Cornelio fueron escuchadas, y era el momento de dar un paso de capital importancia: el Bautismo. Cornelio reúne a su familia y a los amigos más próximos a su casa con motivo de la visita de Pedro, que él mismo mandó a llamar. Las palabras de Cornelio no pueden expresar mayor acogida para un evangelizador: “todos nosotros, en la presencia de DIOS, estamos dispuestos para escuchar todo lo que te ha sido ordenado por el SEÑOR”. Cornelio y los suyos acogen las palabras de Pedro como venidas del SEÑOR, consideran que Pedro es un profeta acreditado. Sobre todos estos movimientos se percibe la acción del ESPÍRITU SANTO, que dispone los ánimos para escuchar y al predicador a decir una palabra inspirada venida de DIOS. En este clima profundamente espiritual y religiosos se desarrolla el encuentro.

 

Los prejuicios frenan la evangelización

Los prejuicios no sólo frenan, ralentizan o aminoran el dinamismo evangelizador, sino que pueden ahogar la transmisión personal del Evangelio. San Pedro hace una declaración al entrar en casa de Cornelio que se mueve entre la justificación personal y el miedo a ser reprendido por los notables de la Iglesia de Jerusalén, pues aquella visita y lo que allí sucediese iba a ser puesto en conocimiento de los otros responsables religiosos. Pedro se va volviendo más retraído y pierde aquellas reacciones impulsivas descritas en los evangelios. Pedro declara: “verdaderamente comprendo que DIOS no hace acepción de personas” (v.34). La visión tenida en Joppe, en la terraza de Simón el curtidor a la hora de la oración de mediodía, le había confirmado en el rechazo total a la clasificación de las personas otorgando títulos de idoneidad. Los escritos del Nuevo Testamento no evitan las escenas que delatan las vertientes menos ejemplares de los discípulos de JESÚS. En el tiempo que los Apóstoles acompañaron a JESÚS tuvieron ocasiones sobradas para comprobar la acogida de JESÚS a los más alejados. Después de haber venido el ESPÍRITU SANTO, todavía fue necesaria una nueva revelación, en este caso: la visión del mantel con distintos cuadrúpedos, de los que se ordena a Pedro que mate para comer, pero se niega diciendo que son animales impuros; y el SEÑOR le dice que no llame impuro a lo que ÉL ha creado (Cf. Hch 10,9ss). Cuántas ocasiones para vencer prejuicios necesitaremos y crear hábitos de acogida sincera y fraterna. Los mejores planes evangelizadores fracasan si aparece la acepción de personas del evangelizador. La acogida fraterna no excluye la prudencia, el buen juicio o discernimiento.

 

Vosotros sabéis

Pedro comienza exponiendo una historia de la que los reunidos ya tienen datos, y sobre los hechos ocurridos se establece la doctrina y la misma intervención del ESPÍRITU SANTO. Lo de JESÚS de Nazaret tiene unas coordenadas históricas de espacio y tiempo muy concretas y conocidas: “vosotros sabéis lo que lo sucedido en toda Judea comenzando por Galilea, después que Juan predicó el Bautismo: como a JESÚS de Nazaret, DIOS lo ungió con el ESPÍRITU SANTO y con Poder; y como pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque DIOS estaba con ÉL” (v.37-38). Pedro no viene a casa de Cornelio a desarrollar una doctrina que podría ser muy aprovechable, por  otra parte, sino a exponer unos hechos, de los que su auditorio tiene noticia. Juan Bautista fue bien conocido en toda la región, y convocaba a numerosas personas y mantuvo alrededor suyo a un grupo de discípulos, que lo siguieron hasta su muerte (Cf. Mt 14,12). El propio Cornelio podría haber coincido con Juan en la tarea propia de reconocimiento del territorio ocupado. Los acontecimientos ocurridos en Judea son capitales, pero “la cosa empezó en Galilea”, pues en esta zona del norte de Palestina JESÚS predicó, curó enfermos y liberó a muchos de espíritus malignos; en definitiva, “pasó haciendo el bien”; porque “DIOS estaba con ÉL”. Lo mismo que Nicodemo, todos asienten a la gran verdad: “nadie puede hacer los signos que TÚ haces, si DIOS no está con él” (Cf. Jn 3,2). De forma especial, JESÚS recibe en el Jordán una efusión del ESPÍRITU SANTO para realizar su misión, y el Bautista fue testigo del hecho: “se abrió el Cielo y descendió el ESPÍRITU SANTO en forma de paloma, y reposó sobre ÉL. Se oyó entonces una voz del Cielo que decía: Este es mi HIJO, el Predilecto” (Cf. Lc 3,21-22). El ESPÍRITU SANTO está en JESÚS con Poder y las señales de este Poder se manifiestan en signos, prodigios y milagros. Los atormentados por Satanás encontraron en JESÚS la paz interior y la salud. Nadie había hecho hasta esos momentos obras tan grandes, sin más objetivo que hacer visible el infinito Amor de DIOS a los hombres.

 

Nosotros somos testigos

Pedro sigue hablando y plantea una parte fundamental de su predicación. Aunque es la única autoridad de la Iglesia naciente allí en casa de Cornelio, refiere el testimonio del “nosotros” eclesial: “nosotros somos testigos de lo que hizo en la región de los judíos y en Jerusalén; llegándolo a matar colgándolo de un madero” (v.39).Pedro amplía con sentido de iglesia el testimonio sobre los hechos que ocuparon las últimas horas de JESÚS en este mundo. El testimonio de Fe de la Iglesia nos sitúa en el camino de la composición del Nuevo Testamento, y en la línea de la Tradición, que a lo largo de los siglos reflexiona y predica sobre lo que de forma canónica quedó fijado en la Escritura. La Fe de la Iglesia se vuelve esencial para cualquier discípulo de JESUCRISTO, pues el ESPÍRITU SANTO vive en ella. La pluralidad de formas dentro de la iglesia no impide su unidad esencial, porque es el mismo ESPÍRITU SANTO quien la sostiene. La Cruz y la Resurrección de JESÚS tienen que estar presentes en la predicación de la Iglesia, en sus enseñanzas, y en el estilo de vida de los distintos miembros de la iglesia. Pedro no puede dejar de mencionar la Cruz, pues la revelación nos habla principalmente de DIOS, pero también declara la oscuridad humana y satánica.

 

La Resurrección

“A JESÚS, DIOS lo resucitó al tercer día y le concedió aparecerse, no a todo el Pueblo, sino a los testigos que DIOS había escogido de antemano; a nosotros que comimos y bebimos con ÉL después que resucitó de entre los muertos (v.40-41). A partir de Hechos 2,36, toda la predicación gira alrededor de esta máxima: “tenga en cuenta toda la Casa de Israel, que DIOS ha constituido SEÑOR y CRISTO, a este JESÚS, que habéis crucificado”. San Pedro expone a su forma lo que san Pablo ofrece como tradición recibida en la primera carta a los Corintios: “os transmití lo que a mi vez recibí, que CRISTO murió por nuestros pecados, que fue sepultado y resucitó al tercer día según las Escrituras“ (Cf. 1Cor 15,3-4). Estamos ante la exposición del núcleo alrededor del cual giran el resto de las verdades del Credo cristiano. Algo importante se deriva de todo esto: el Credo nace en la predicación como acción directa del ESPÍRITU SANTO. La predicación vibra con el testimonio del ESPÍRITU SANTO en el “ahora” de la predicación, que da actualidad en ese momento de CRISTO el RESUCITADO. En esa predicación se da encuentro y conversión porque el SEÑOR está presente.

 

La predicación

JESÚS dio a conocer el Reino de DIOS mediante la predicación principalmente. Por la predicación JESÚS mismo se dio a conocer, jugando los signos, prodigios y milagros un papel ratificador de la misma predicación: lo que decía JESÚS era verdad. La ratificación de sus palabras y obras se produjo de forma más extraordinaria aún en la Resurrección. A partir de ese momento son los discípulos los encargados de predicar los hechos que traen la Salvación a todos los hombres: sigue diciendo Pedro: “JESÚS nos mandó que predicásemos al Pueblo y diésemos testimonio de que ÉL está constituido Juez de vivos y muertos” (v.42). Hasta los confines de la tierra el Mensaje de CRISTO tiene que ser anunciado. El resto de religiones existentes son en el mejor de los casos ayudas pedagógicas de la Divina Providencia para acercarse y reconocer a JESUCRISTO como único SALVADOR: “único JUEZ de vivos y muertos”. La predicación de esta verdad se da cuando existe un auditorio que puede experimentar en ese mismo momento la acción interior del SALVADOR que lo ama, salva y rehabilita. Esta predicación en el poder del SEÑOR omite por el momento todos los razonamientos y explicaciones, que constituirán posteriormente el objeto de unas catequesis y formación detenida, que no debería interrumpirse en ninguna de las etapas de la vida. Ningún fundador de religión alguna es la encarnación del VERBO de DIOS excepto JESUCRISTO. Por eso decimos que el resto de las religiones constituyen en el mejor de los casos un camino de preparación, y aquel que lo siga recibirá la Gracia en su momento del encuentro con el único “JUEZ de vivos y muertos”. El juicio del único JUEZ es justo, y nadie terminará en condenación salvo que se produzca el rechazo al Amor de DIOS, que constituye “el pecado contra el ESPÍRITU SANTO, para el que no cabe perdón ni en este mundo ni el venidero” (Cf. Mt 12,31-32). Una mala lectura de los textos del Concilio Vaticano II llevó a algunos a pensar que consideradas las semillas de verdad presentes en las otras religiones ya resultaban innecesarias las misiones. JESUCRISTO nos da la medida del hombre en su perfección y ofrece el único CAMINO para el encuentro definitivo con DIOS. Toda criatura, en algún momento de su existencia, tendrá que recibir el Mensaje y pronunciarse a su respecto. El JUEZ de vivos y muertos tiene recursos para hacerse presente a cada hombre y entre ellos está el medio de la predicación dejada en su iglesia.

 

CRISTO es el centro de la Escritura

“Todos los profetas dan testimonio, que todo el que cree en ÉL alcanza por su Nombre el perdón de los pecados” (v.43). San Pedro reconoce que JESUCRISTO lleva a plenitud y cumplimiento todo lo que se había revelado en las Escrituras. La carta a los Hebreos es un buen ejemplo de lo que san Pedro está diciendo. El libro del Levítico que recoge legislación religiosa y civil básicamente, se ocupa como tema central de la santidad del Pueblo elegido. Los ritos de purificación y de perdón de los pecados resultan de máxima importancia para mantener y recuperar si fuera preciso la santidad perdida. La carta a los Hebreos recoge una buena parte de los símbolos levíticos y ve en ellos un anuncio de la acción salvadora de JESÚS. San Pedro reconoce que el verdadero perdón de los pecados está exclusivamente en las manos de JESUCRISTO. Ni siquiera el bautismo de Juan en el Jordán perdonaba los pecados, pues tan sólo llegaba a crear las condiciones de arrepentimiento debidas para recibir el perdón del único que lo podía ofrecer: JESUCRISTO. Sin perdón de DIOS no es posible el hombre nuevo.

 

El ESPÍRITU SANTO asiste la predicación

“Estaba Pedro diciendo estas cosas cuando el ESPÍRITU SANTO cayó sobre todos los que escuchaban la Palabra, pues comenzaron a hablar en lenguas y a profetizar” (v.44-46). No debiera la liturgia cortar la lectura de este texto en el versículo cuarenta y tres, pues la predicación, que va seguida de acciones de conversión debe concluir en la alegría del ESPÍRITU SANTO como indican los siguientes versículos. Nos dice el SEÑOR en san Lucas, que en el Cielo se da más alegría por un solo pecador que se convierte, que por noventa y nueve justos no necesitados de conversión (Cf. Lc 15,7). La alegría en el ESPÍRITU SANTO en la Iglesia no disminuye la seriedad e importancia de lo que se trata o reverencia. Algunos encuentran un acto de desacato en una efusiva y gozosa alabanza delante de la Presencia de JESÚS EUCARISTÍA. La alegría y el Amor dados por el ESPÍRITU SANTO en esos momentos no trivializan el sagrado acto de adoración. Desgraciadamente muchos en nuestra Iglesia Católica no entienden estas cosas, y sólo consideran buenas y santas las manifestaciones religiosas que se expresan en latín y cuando se realiza algún canto se acompañe con el sonido de un órgano ejecutado por un virtuoso del instrumento. Habrá que suprimir del Salterio el Salmo ciento cincuenta, que clausura el libro de las alabanzas canónicas al SEÑOR, y da cabida a todo tipo de instrumentos ejecutados con maestría para dar gloria a nuestro DIOS. Este sesgo de la lectura de los Hechos de los Apóstoles, evitando  los testimonios carismáticos que la misma Escritura recoge es una verdadera mutilación del texto. Estamos contribuyendo a crear una atmósfera gris en las celebraciones y la religiosidad cristiana con graves perjuicios.

 

El primer día de la semana

“El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro, cuando todavía estaba oscuro y ve la piedra quitada del sepulcro” (v.1). Todo comienza de nuevo “en el primer día de la semana” Los que creían que con la muerte de JESÚS todo aquello originado por el GALILEO iba a desaparecer se equivocaron. Después de veinte siglos seguimos actualizando las predicaciones del MAESTRO y realizando el memorial de las acciones fundamentales, que dan base y sustento a nuestra vida cristiana. “María Magdalena fue de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro”, por lo se puede calcular que la cosa estaría entre las cuatro y las cinco de la madrugada del primer día. María no se encuentra con soldados, no repara en lo que pudiera haber dentro del sepulcro y vuelve a dar noticias a los discípulos, pero éstas son imprecisas y preocupantes: “se han llevado del sepulcro al SEÑOR y no sabemos dónde lo han puesto”. La noticia era inquietante, pues la acusación de robo de cadáveres estaba sancionado, y sobre los discípulos pesaba el atribuirles el robo del cadáver en caso de producirse la anunciada Resurrección. De forma especial, el evangelio de san Mateo entra en las distintas consideraciones que realizan los sumos sacerdotes, poniendo inicialmente una guardia de soldados delante del sepulcro, y se lo piden a Pilato (Cf. Mt 27,62-66). Al quedar el sepulcro vacío, los sumos sacerdotes sobornan a los soldados para que difundan el robo del cadáver de JESÚS por parte de los discípulos, y si el asunto llega a los oídos del gobernador, ellos, las autoridades religiosas, propondrán algún argumento convincente para amainar a Pilato (Cf. Mt 28.11-15). María Magdalena cuando vuelve a comunicar a los discípulos la situación habla como si hubiese sido acompañada al sepulcro: “se han llevado del sepulcro al SEÑOR y no sabemos dónde lo han puesto” (v.2).

 

Pedro y el discípulo amado

”Pedro y el discípulo amado van corriendo al sepulcro, pero el otro discípulo corría más que Pedro y llegó primero al sepulcro, vio los lienzos en el suelo pero no entró” (v.5). Lienzos y sudario entran en la escena y poseen un peso importante en la argumentación sobre la Resurrección desde el primer momento. En nuestros días las investigaciones sobre la Sábana Santa de Turín no se pueden dar por concluidas. Este lienzo que está en la catedral de Turín presenta múltiples huellas del paso por diferentes lugares a partir del siglo primero. Supuso un cierto revés las pruebas del carbono catorce realizadas (1988); pero la mayor parte de los estudiosos de la Sábana las dan por fallidas al haber sido tomadas las muestras de trozos añadidos a la tela original que sufrió varios incendios, de los que la Sábana salió en condiciones aceptables. Por otra parte el propio método del carbono catorce presentaba rangos de imprecisión por haber sido sometida la sábana a altos grados de temperatura como queda dicho. La tridimensionalidad de la imagen impresa en la Sábana es el principal signo o argumento que encontramos para señalar el caso único de este lienzo, que permite especular con una acción sobrenatural. La Sábana Santa de Turín constituye para muchas personas un milagro permanente en el tiempo que atestigua la Resurrección de JESUCRISTO. Muchos no quieren entrar en todas estas consideraciones, porque señalan que la Fe no necesita de estas “pruebas”, y no hay gran cosa que objetar, pero ellos se lo pierden. Un caso paralelo lo tenemos en los milagros eucarísticos tan bien estudiados por Ricardo Castañón, aportando estudios científicos de máximo nivel. No se necesitan estos milagros y los estudios correspondientes para creer en la presencia real de JESÚS en la Eucaristía, pero el resultado de estos signos contribuye positivamente a reforzar la Fe. Volviendo a los lienzos del sepulcro vacío debemos señalar que el cadáver de JESÚS cuando es bajado de la Cruz y puesto en el sepulcro de José de Arimatea no consta para nada que fuese rodeado de vendas, tan sólo fue cubierto con un gran lienzo de varios metros que daba la vuelta a lo largo de su cuerpo y el sudario que era un trozo de tela destinada a mantener cerrada la mandíbula por lo que rodeaba la cabeza, apareciendo enrollado a la cabecera. La disposición de los lienzos cubría la superficie del túmulo en el que fue dispuesto el cuerpo de JESÚS. Pedro y Juan ven la disposición de los lienzos y concluyen que el cuerpo no fue robado, pues se habrían llevado los lienzos; y en el caso de robar el cadáver dejando los lienzos sería del todo improbable la disposición en que habían quedado. Por eso el texto nos dice: “vio y creyó” (v.8).

 

La Fe por los signos

El sepulcro vacío, los lienzos mortuorios o la piedra quitada del sepulcro son signos importantes pero mínimos e insuficientes. La Fe en la Resurrección de JESÚS tenía que acudir a otros fundamentos. De nuevo es la Escritura o la Palabra de JESÚS las fuentes autorizadas para fundamentar la Fe: “hasta entonces no habían comprendido, que según la Escritura, debía resucitar de entre los muertos” (v.9). Por supuesto, el camino de Fe para nosotros tiene el mismo recorrido. No podemos dejar a un lado las Escrituras, pues en ellas DIOS ha dejado su testimonio. Nos corresponde indagar devotamente el misterio de DIOS encerrado en la revelación que se volvió palabra humana. En la Biblia, DIOS habla nuestro lenguaje y se hace entender. Esa condescendencia divina no se puede despreciar. La diligencia en buscar los significados correctos en la Biblia hará que veamos también los signos propios de la Palabra. Los discípulos vuelven a casa (v.10). La comprobación de lo descubierto por María Magdalena había concluido y la jornada no había hecho más que empezar, pues a lo largo de aquel día tendrían lugar otros acontecimientos, que cambiarían sus vidas.

 

San Pablo, carta a los Colosenses 3,1-4

Estos primeros versículos del capítulo tercero se explican mejor, si tenemos en cuenta las preocupaciones del Apóstol en ese momento por los cristianos de Colosas: “todo esto es sombra de lo venidero, pero la realidad es el Cuerpo de CRISTO. Que nadie os prive del premio por malas prácticas en el culto por los Ángeles, obsesionado por lo que vio, vanamente hinchado por su mente carnal” (Cf. Col 2,17-18) Un falso culto a los Ángeles se estaba difundiendo dentro de las comunidades de Colosas. Como podemos comprobar, estas espiritualidades modernas, que se proponen en nuestros días, ya se dieron en otras épocas. La corriente espiritualista de la Nueva Era viene proponiendo en oleadas sucesivas cultos ancestrales y entre ellos los referentes a los Ángeles, pero los perfiles de estas entidades nada tienen que ver con las jerarquías angélicas con base bíblica y dispuestas al servicio de la obra redentora de JESÚS. El problema en Colosas era similar: se proponía una angelología separada de JESUCRISTO y en ocasiones por encima de ÉL. Este camino de superstición podía arruinar espiritualmente aquellas comunidades cristianas con poca trayectoria en el camino de la Fe.

 

Las cosas de arriba

“Así, pues, si habéis resucitado con CRISTO, buscad las cosas de arriba donde está CRISTO sentado a la diestra de DIOS” (v.1). Esta recomendación es válida para cualquier bautizado independientemente del tiempo que le toque vivir. Por el Bautismo se ha sepultado nuestro pecado y hemos resucitado con CRISTO. Estamos en posesión de dones espirituales de los que carecíamos. Nuevas tendencias espirituales se instalaron en nuestro interior como intuiciones profundas de las realidades eternas conseguidas para nosotros por JESÚS en su Resurrección y lugar a la derecha del PADRE, que no es otra cosa más que estar en posesión de todo lo que el PADRE ha entregado al HIJO a favor de los hombres. El tiempo presente lo podemos dedicar a lo que nos parezca más beneficioso. Cabe la posibilidad de buscar con realismo trabajar personalmente las mejores disposiciones para afrontar el estado de eternidad, en el que realmente nos encontramos. Estamos en la existencia dada y sostenida por DIOS y de ella no podemos escapar. Lo más prudente es recapacitar en lo corto de estos años de prueba y tránsito por este mundo, y hacerlo con espíritu sereno, pues DIOS es bueno y nos dará lo mejor para nuestro destino eterno.

 

Aspiración santa

La aspiración es un deseo mantenido en el tiempo que orienta las fuerzas en la dirección de esa dirección. JESÚS quiso librarnos de las preocupaciones excesivas por las cosas de este mundo, diciéndonos que el PADRE sabe lo que necesitamos antes que se lo pidamos, (Cf. Mt 6,8), pero eso no parece surti mucho efecto en la práctica. Deberíamos economizar las energías y emplear todas las disponibles en lo que toca a los bienes imperecederos o eternos. No siempre la búsqueda coincide con la aspiración, en cuanto que esta última es algo bien conocido, mientras que la búsqueda puede ofrecer un margen de imprecisión.

 

Un misterio de Amor

“Habéis muerto, y vuestra vida está escondida con CRISTO en DIOS” (v.3). Para darnos una Nueva Vida, JESÚS tuvo que cargar sobre SÍ la muerte que nos dominaba. La Cruz de JESÚS encierra nuestra muerte y su Resurrección abre la verdadera Vida para nosotros, y la gran noticia es que ese proceso e intercambio se va realizando en este mundo, aunque la vida con CRISTO en DIOS esté ahora oculta. La vida evidente, hasta cierto punto, es la presente, de la que tomamos el actual sentido de la realidad. Consideramos real lo que podemos pesar, medir y contar, y al mismo tiempo percibimos que distintos planos de realidad interseccionan con el que observamos tangible; y no tenemos dificultad para considerar que otras realidades de un orden muy superior está preparando el SEÑOR para todos sus hijos.

 

La Parusía

Entendemos que la Parusía se refiere a la manifestación o revelación final del SEÑOR. San Pablo mantiene la tensión de la vida cristiana teniendo en cuenta la manifestación última del SEÑOR que habrá de producirse para todos y cada uno de los hombres. La cuestión a debate sigue siendo el modo y el momento de la manifestación final: universal para todos en un instante, para todos particularmente a lo largo de los diferentes tiempos históricos, o la consideración de una manifestación particular al final del itinerario particular, reservando una segunda instancia para el momento final universal. Una cosa segura se deduce: de la manifestación de JESUCRISTO hacia cada uno depende el destino último: “cuando aparezca CRISTO, vida vuestra, también vosotros apareceréis gloriosos con ÉL” (v. 4).

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