P. Crispín Hdez. Mateos

Este día celebramos la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, la cual vivió de una manera cruda, real y emotiva. Además, en este día padeció la muerte, por lo cual, descendió a los infiernos para liberar las almas de quienes estaban atormentados por el demonio. En este sentido, la muerte tiene un sentido redentor.

 

 1. Jesús cargó con nuestros sufrimientos

Padecer forma parte de la naturaleza humana, pues debido a su existencia en las coordenadas del tiempo y del espacio, está sujeta a los cambios de todo ser material. Padecer significa sufrir una acción en carne propia. La pasión de Cristo se refiere a todos los acontecimientos negativos que experimentó en su vida: desde la traición , la negación y el abandono, hasta la violencia, la indiferencia, las burlas, el desprecio, el falso juicio, la condena injusta, el rechazo y la crucifixión de parte del pueblo judío. Jesucristo vivió todo esto como parte de su misión, pues él vino a cargar con nuestros dolores y nuestros sufrimientos (Cf. Mt 8,16-17; Is 53,4; 1ª Pe 2,24).

 

2. La cruz como altar del sacrificio

La Cruz puede verse como un instrumento de castigo como lo concibieron los romanos y judíos, pero también como un altar del sacrificio como lo ve la Iglesia católica. Cristo nos salva día a día, pues cada acto suyo es un acontecimiento redentor, pero de manera especial lo es el sacrificio hecho en la Cruz. En la Cruz, Cristo entrega su vida por amor, ahí muere para darnos vida en abundancia y para hacernos verdaderamente libres; por ello creemos, que la cruz significa amor, vida y libertad. La cruz es un altar, es decir, instrumento de propiciación por nuestros pecados. Adoremos la cruz como algo sagrado e un instrumento de redención.

 

3.La muerte de Cristo como un acto redentor

Jesucristo entrega su vida por amor, para salvarnos, para reconciliarnos con Dios Padre, para hacernos entrar en comunión, para hacer un solo pueblo entre judíos y no judíos (cf. Ef 2,11-22). Con su muerte nos da la vida, y para ello, tenemos que morir al pecado para vivir eternamente (cf. Jn 12,23-24). La “redención hace referencia a rescate, liberación de una situación negativa, de modo que, en la obra de salvación de Jesucristo, la redención es uno de los momentos del proceso. Viene a hacernos hijos en Él, a incorporarnos a la vida divina por la acción del Espíritu, y este movimiento incluye liberarnos del pecado y de la muerte en la que nos encuentra. Esta acción justificadora, reconciliadora, es el momento redentor. La redención es pues, el momento sanante, el momento liberador que nos reincorpora en el proceso de la salvación de Dios que dice plenitud, realización definitiva.”[1] Este momento se da en la Cruz, aunque la Redención de Jesucristo no se reduce al momento de la entrega de su vida en la muerte en la cruz, porque el Acontecimiento Jesucristo es todo redentor.[2] ¿Quieres morir con Cristo para resucitar con Él?

 

[1] CEM, Hacia el Encuentro con Jesucristo Redentor, bajo la mirada amorosa de Santa María de Guadalupe, # 105

[2] Cf. Ibíd. # 104.

 

P. Crispín Hdez. Mateos.

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