P. Crispín Hdez. Mateos

En este día la Iglesia conmemora la última cena de Nuestro Señor Jesucristo con sus discípulos y la primera Eucaristía de la Nueva Alianza con la comunidad naciente. Además, recordamos la institución del sacerdocio ministerial y el eje transversal de la misión de la Iglesia: el servicio y el amor a los hermanos.

1. «Habiendo amado a los suyos… los amó hasta el extremo»

Nada más hermoso y extraordinario que amar y ser amado, pues el amor conduce a la felicidad y al éxtasis corporal y espiritual. Quien ama ha encontrado la clave para ser y estar feliz y quien se deja amar por Dios, encuentra el camino de la felicidad plena. El amor es una actitud de entrega, de sacrificio y de donación que nos lleva a exponer la propia vida por un ser amado. Jesucristo afirmó que «nadie tiene mayor amor por sus amigos, que quien da la vida por ellos» Jn 15,13 y ese principio lo aplica primeramente en su vida, pues fue capaz de sacrificarse al hacer entrega de su propia vida por salvar a sus amigos. Pero esta vida no la entrega sólo en un acto determinado, sino que en cada momento de su existencia la entrega por los demás (cf. Hec 10,38)

 

2. «Esto es mi cuerpo que se entrega por ustedes…éste cáliz es la nueva alianza que se sella con mi sangre»

Este día es marcado por el memorial de la Nueva Alianza, es decir, el sacrificio eucarístico o institución de la Eucaristía. Cristo ofrece ya no la sangre del macho cabrío ni la carne del cordero sin defecto, sino entrega su propio Cuerpo para la salvación del mundo y derrama su propia sangre para el perdón de los pecados (cf. Mt 26,27-28). Jesucristo nos invita a comer su cuerpo y beber su sangre para tener vida eterna (cf. Jn 6,53-39), ello nos permite estar en comunión con Dios y nos abre el camino de la salvación. La Eucaristía es el alimento por excelencia del discípulo misionero pues de ella mana hacia nosotros la gracia como de su fuente y se obtiene la santificación de los hombres en Cristo y la glorificación a Dios.[1] Por ello, la Eucaristía es el centro de la vida cristiana, la fuente de santificación y el culmen de su espiritualidad.[2]  En efecto, la sagrada Eucaristía contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan de Vida, que da la vida a los hombres por medio del Espíritu Santo.[3]

 

3. «Hagan esto en memoria mía»

En la última cena, Jesucristo participa de su Sacerdocio a sus apóstoles y de ahí nace el sacerdocio ministerial. El mandato que les dio fue realizar este mismo gesto en su Nombre, es decir, conmemorar el único sacrificio donde entregó su vida para salvación de todos.  Ésta es la principal función sacerdotal: celebrar la Pascua del Señor a través de la Eucaristía. Recordemos hoy este precioso don que el Señor deja a su Iglesia en sus ministros sagrados. Oremos por ellos y agradezcamos a Dios este maravilloso regalo por el cual podemos recibir a Nuestro Señor Jesucristo en su Cuerpo y su Sangre. El sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús (Cura de Ars). Cristo nos invita a ejercer esta acción mediante tres funciones: enseñar, santificar y gobernar (Cf. CATIC # 888-896). Además, el sacerdote ejerce la función  de ser mediador, de ser puente, de ser sacramento entre Dios y  los hombres. ¿Te gustaría ser sacerdote?

[1] Cf. Vaticano II, Constitución dogmática Sacrosanctum Concilium # 10

[2] Cf. Ecclesia de Eucharistia # 01

[3] Vaticano II, Decreto Presbyterorum Ordinis # 5.

 

Por P. Crispín Hdez. Mateos.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *