¿Estamos condenados a vivir con miedo toda nuestra vida o tenemos alguna salida?

El cerebro humano tiene una serie de mecanismos preparados para reaccionar ante determinados estímulos, con el fin de interactuar plácidamente con otros seres. Es así como ante estímulos positivos el cerebro segrega hormonas que nos dan tranquilidad y placer, mientras que cuando recibimos estímulos negativos, segrega sustancias que nos generan estrés, depresión o ansiedad.

El miedo, como la mayoría de nuestras emociones, tiene un componente irracional que nos predispone ante determinadas situaciones a fin de protegernos de estímulos que nos han dañado en el pasado. Es así como una persona que fue atacada por un perro en su niñez, probablemente tenga miedo en su edad adulta, no solo a los perros sino a cualquier otro tipo de mascota.

Siendo el caso del perro algo visible y ciertamente memorable para un niño, existen otros hechos que en nuestra infancia determinan nuestro comportamiento en nuestra edad adulta. De ahí parte la teoría que he trabajado como psicólogo durante más de 20 años en donde he podido tipificar 3 grandes grupos de heridas infantiles, siendo estas: Abandono, agresión y abuso sexual.

Por ejemplo, si una persona en su edad adulta es depresiva o le cuesta tomar las riendas de su vida, es probable que haya alguna herida en su infancia que esté limitando el pleno desarrollo de su personalidad y por ende que sienta un gran peso de tristeza sobre sus hombros.

Sería muy sencillo decir cuál es la correlación exacta de la depresión, pero cada persona debe conocer sus heridas para saber qué relación tienen con los síntomas que presenta en la adultez.

Es por eso que es necesario hacer un trabajo psicológico para conocer qué sucedió en nuestra infancia y allí desempolvar las causas de nuestros miedos más íntimos. Sin embargo, la psicología sólo puede llegar hasta cierto punto, y esa es la razón por la que cada persona que inicia un proceso psicológico debe estar acompañada de la fe en Jesús.

Indagar sobre los hechos que generaron heridas que nos hacen sufrir en nuestra edad adulta, no es un proceso que debas hacer por tu cuenta. Es necesario que vayas con la luz del Espíritu Santo, y con apoyo psicológico, para que puedas sanar aquello que se te revele. De lo contrario, puedes encontrarte con situaciones realmente devastadoras que tienes escondidas en tu memoria y empeorar tu estado de ánimo actual.

Para que conozcas cómo hacer un proceso sistematizado de búsqueda y sanación de heridas emocionales en tu infancia, he diseñado varias herramientas psicológicas y espirituales que encontrarás en el Diplomado en Sanación Interior. Ingresando en este programa recibirás formación, se te aplicarán pruebas psicológicas para conocer tus heridas y recibirás atención personalizada vía WhatsApp para que encuentres tu camino de la mano de un equipo de profesionales preparados para ayudarte.

Si quieres vivir tu vida en el pleno uso de tus talentos, sin miedo, tristeza, depresión o angustia, envíame tu mensaje por WhatsApp al +571 580 6849 para iniciar tu proceso de sanación emocional y espiritual.

Psic. Octavio Escobar

Director del Diplomado Católico Digital en Sanación Interior. Director del Programa "Cómo orar por los hijos con poder y autoridad" Ganador del Premio Nacional de Psicología 2012, Colpsic -Colombia, a la innovación en psicología profesional aplicada. Creador del Diplomado Católico digital en Sanación Interior, con más de 2.580 estudiantes de 12 países, incluidos más de 740 sacerdotes y dos obispos. Creador del Programa "Cómo orar por los hijos con poder y autoridad", en el 2020, con más de 60 padres de familia en un proceso de 1 año. Autor del libro “Abandono, agresión y abuso sexual: Tres heridas emocionales de la infancia. Cómo reconocerlas y sanarlas”. Disponible en Amazon. Autor del “Inventario de heridas emocionales”, cuestionario psicológico para los adultos, con más de 14.300 aplicaciones. Psicólogo clínico con más de 25 años de experiencia.

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