El evangelio que escucharemos este domingo (Jn 8, 1-11) nos presenta el pasaje de la mujer adúltera que es llevada ante Jesús para que la condene. La ley judía le imponía la muerte mediante la lapidación (Lv 20, 10; Dt 22,22-24) y por lo tanto le cerraba todas las posibilidades; aquella mujer no tenía escapatoria; Jesús en cambio la trata con misericordia y por eso el resultado final que conocemos. ¿Dónde están los que te acusaban…? ¿Nadie te ha condenado? Nadie Señor!… Tampoco yo te condeno. Vete y ya no vuelvas a pecar.

La narración evangélica nos presenta una historia de misericordia. Es la historia que hemos experimentado todos los que hemos pecado en más de una ocasión y hemos tenido la oportunidad de encontrarnos con Jesús en el sacramento del Perdón de nuestros pecados. El resultado del pecado es la muerte. El encuentro con el Señor nos trae la vida. El camino de la mujer adúltera se transforma a partir del encuentro con Jesús. Antes de conocerlo ella se dirige hacia la muerte, este destino trágico parecía ser el final. Cuando queda frente a Jesús, él no la condena, le ofrece una alternativa para vivir: Vete y ya no vuelvas a pecar.

La gran enseñanza que nos deja este pasaje evangélico es que la misericordia divina nunca nos deja igual de cómo nos encontró; la misericordia de Dios nos transforma. Es el caso de esta mujer. El encuentro con Jesús le abre un camino nuevo, un camino marcado por el perdón y el amor misericordioso de Dios.

El pecado nos deshumaniza, nos divide interiormente, nos roba la paz porque destruye la comunión con Dios. Y cuando un cristiano descuida su relación con Dios y permite que el pecado lo domine, empieza a experimentar los efectos de la muerte. Por eso el llamado a la conversión que Dios nos hace frecuentemente. A Dios no le agrada que sus hijos experimenten la muerte, Dios desea salvarnos siempre. Por eso el encuentro con el Señor nos devuelve la vida. Y nos cambia el futuro como es el caso de la mujer adúltera.

Cuando los acusadores preguntaron a Jesús qué decidiría de la conducta de aquella mujer? Jesús se puso a escribir en el suelo. Nadie sabe qué fue lo que escribió. Pero sin duda se trata de un gesto simbólico que se revela en la respuesta que él da a los acusadores. Dios ha escrito su ley dentro de nosotros, es una ley que da vida y plenitud a todo el que la sigue porque nos conduce a la salvación. La ley de Dios nos libera de la esclavitud de nuestros pecados porque es una ley que está movida por la misericordia. Así mientras los acusadores invocaban la ley para lapidar a aquella mujer y destruirla, Jesús aplica una nueva ley basada en la misericordia para ofrecerle una nueva vida y con ella recrear la historia de aquella mujer.

El tiempo de cuaresma es un tiempo que nos prepara para el misterio pascual, que es la maravillosa obra de Dios por la que ha hecho nuevas todas las cosas. El misterio pascual ha abierto nuevas posibilidades a la humanidad, es una repuesta de vida que Dios nos da y que debemos acoger con alegría y entusiasmo.

Pbro. José Manuel Suazo Reyes
Vocero de la Arquidiócesis de Xalapa

Pbro. José Manuel Suazo Reyes

Vocero de la Arquidiocesis de Xalapa. México.

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