Comienzo de los nuevos tiempos

Pablo Garrido Sánchezmarzo 26, 202277 min

Es DIOS quien hace nuevas todas las cosas (Cf. Is 43,19;Ap 21,5). JESÚS habla en su predicación inaugural de la “plenitud de los tiempos” (Cf. Mc 1,14). Es JESÚS el que da realización completa a lo que los tiempos pueden ofrecer; sin embargo las manifestaciones de DIOS en JESUCRISTO en el tiempo todavía no han terminado, pues los cristianos vivimos mirando a la Parusía. En algunas épocas especialmente el cristiano tuvo la sensación del escalador con respecto a la Segunda Venida del SEÑOR, o Parusía; pues la vislumbraba con una proximidad inminente, pero los siguientes pasos daban la impresión de alejar la cumbre. En la actualidad, muchos reviven esta apresiación religiosa y consideran que la apoteosis de la Parusía es inminente. Lo cierto es que no sabemos “el día ni la hora” (Cf. Mt 25,13). La liturgia de Cuaresma y Pascua nos acercan celebrativamente a los grandes acontecimientos y participamos en primicias de lo que en algún momento se revelará sin limitación alguna. El punto de intersección entre DIOS y su Creación, que altera todos cálculo, se produce en la Encarnación, que celebramos los católicos el veinticinco de marzo. Esta es una gran fiesta que sacramentaliza un acontecimiento crucial, pero pasa desapercibida. La grandeza de la liturgia dentro de nuestra Iglesia conjuga para nosotros las vertientes principales de la actuación de DIOS, que nos afectan esencialmente. Actualizamos la Cruz y la Resurrección pascual, porque el VERBO realizó la Encarnación con anterioridad temporal. Deberíamos despertar la conciencia en el rezo de cada avemaría, al momento inaugural de la Encarnación, en el que DIOS se une de forma especial y misteriosa a la condición humana en el seno de la santísima VIRGEN MARÍA. Desde entonces “la Creación entera sufre dolores de parto, a la espera de la manifestación de los hijos de DIOS” (Cf. Rm 8,18ss) Con la Encarnación el VERBO de DIOS instala “su tienda entre nosotros” (Cf. Jn 1,14); y lo hace para siempre. La Creación, toda ella, se vuelve sacramental, pues detrás de las apariencias vive una nueva presencia del CREADOR en ella. La Redención de JESUCRISTO es universal, porque su presencia en todo lo creado también lo es en virtud de la Encarnación.

 

Un día por la vida humana

Se viene celebrando desde hace unos años el veinticinco de marzo como el día en contra del aborto, o en favor del no-nacido. Es un buen día esta jornada por la vida del no-nacido, porque toda vida humana inocente, no sólo es digna, sino sagrada; es decir, esa vida es de DIOS y se la encarga a la sociedad para su debida custodia. La oposición al aborto no es una simple cuestión de carácter moral, que daría suficiente justificación: estamos en realidad frente a un asunto de carácter antropológico que condiciona todos los demás apartados de la vida personal, social y política. Nadie medianamente informado ignora, que el embrión y el feto dentro del seno de la madre es un ser humano; y, por tanto, dotado de una dignidad propia que se eleva a la categoría de hijo de DIOS. La aparición del Cristianismo marcó desde los comienzos sus diferencias con las prácticas del aborto, el infanticidio o la eutanasia. El Cristianismo influyó durante muchos siglos en el respeto al valor de la vida humana. Desde la Revolución Francesa, finales del siglo dieciocho, el Cristianismo viene perdiendo en la sociedad lo que hoy se da en llamar la batalla cultural, y la mentalidad abortista está extendida en Occidente liderada por las élites políticas y sociales. En estos momentos vivimos situaciones de cierta tensión, que nos indican que la batalla por la vida del no-nacido es factible de ser ganada, aunque llevará tiempo. En la Argentina se aprueba el aborto por el parlamento con la oposición mayoritaria de la población. En Guatemala el parlamento aprueba mayoritariamente leyes contra el aborto. Sin embargo, en estos momentos la nueva constitución de Chile recoge el aborto como un derecho. El estado de Nueva York permite el aborto libre hasta el final del embarazo, mientras otros estados, como el de Texas prohíbe el aborto desde el momento en el que se detecte el latido del corazón en el embrión, con lo que se reduce bastante la práctica legal del aborto.

 

La vida del ser humano es sagrada

El debate sobre el aborto genera tensión, y se comprende que así sea, pues rivalizan la vida y la muerte. Las fuerzas espirituales están en el fondo de esta contienda. El libro de la Sabiduría nos dice: “por envidia de Satanás entró la muerte en el mundo” (Cf. Sb 2,24). ¿De qué tiene envidia Satanás? El adversario desde el principio y príncipe de la mentira (Cf. Jn 8,44) es un ser espiritual, que con la potencialidad de un ángel supera al hombre en cuanto a la capacidad de conocimiento y de influencia espiritual; pero carece de la posibilidad de generar vida y de extender por sí mismo la progenie de sus iguales. El “creced y multiplicaos” del Génesis (Cf. Gen 1,28) marca la absoluta esterilidad de Satanás, que esté incapacitado para cualquier obra buena por su decisión, incluida la procreación. El Ángel colabora con DIOS en toda obra realizada y acepta la limitación para multiplicarse. ¿Cuáles son las víctimas preferidas de Satanás para herir la obra de DIOS?: las vidas de los inocentes en el vientre de su madre y la maternidad de las mujeres. En los primeros capítulos del libro del Génesis, el pecado va creciendo de forma exponencial antes del diluvio, y el último grado en la escala maléfica es la unión de los espíritus con las hijas de los hombres. El texto señala la envidia de los hijos de los dioses por la belleza de las hijas de los hombres con las que comercian carnalmente. El trasfondo de estas imágenes elevan la acción diabólica a la desnaturalización de la procreación y la maternidad. La fusión resulta una combinación satánicamente efectiva: la soberbia satánica reforzada por la lujuria, que resulta de una sexualidad dopante y desmedida. Satanás puede sentir el placer intelectual de la soberbia, pero nunca el de la lujuria. El hombre, sin embargo, tiene la capacidad de apreciar las dos tendencias reforzándose mutuamente. Los falsos beneficios satánicos contemplados por el orgullo intelectual se encuentran retroalimentados de forma adictiva por las formas sexualizadas que se inclinen lo más posible hacia la aberración. Satanás tolera como mal menor el sentimiento de placer por parte del hombre en esas mismas prácticas, pero lo admite porque es un imán potentísimo sobre la voluntad humana. Objetivos satánicos de primer nivel: la muerte de la vida inocente en el vientre de la madre y la destrucción, consiguientemente, de la dimensión materna en la mujer. No puede extrañarnos, por tanto, la batalla establecida a nivel mundial entre los grandes poderes abortistas y las minorías pro vida.

 

La tecnología y la ciencia

Los descubrimientos científicos y las tecnologías cada vez más avanzadas permiten logros que alcanzan o superan la ciencia ficción. El hecho es que hoy la maternidad se desdibuja con respecto a las formas concebidas décadas atrás. Un niño que nace puede tener tres madres: el óvulo materno de una mujer desconocida, el vientre de alquiler de la mujer que se haya prestado y la madre legal que aparezca en el Registro Civil. Esta es la paradoja de un proceso que parece promover la vida naciente, pero por el camino va dejando una gran cantidad de contradicciones. El paso siguiente se está produciendo: la gestación artificial en todo el proceso, de tal forma que el vientre de sustitución es una bolsa nutriente en un laboratorio donde el embrión y feto que se va desarrollando, lo hace sin la comunicación personal con la madre gestante. Los sentimientos de la madre y el mundo espiritual de la madre repercuten en el embrión y en el feto que lleva dentro, pero la bolsa nutriente del laboratorio no transmite estado anímico alguno. ¿Con qué carencias nacerá un ser humano gestado en las condiciones mencionadas? Como bien sabemos esta práctica y otras similares van en el paquete de la Ideología de Género, que no oculta su intención de acabar con la estructura de la familia natural. Los avances de la investigación científica no se pueden demonizar por sí mismos, y sólo cabe la calificación ética sobre el uso particular y concreto de los mismos. Es plausible procurar una producción industrial de pollos para el consumo humano, con el fin de aportar a la población una fuente barata de proteínas; pero es del todo reprobable cualquier experimento similar con óvulos humanos fecundados con el motivo de producir “seres humanos” a la carta para fines inconfesables. Todo avance científico aplicado al ser humano debe mantener de forma escrupulosa la conveniencia con la naturaleza sagrada de la vida humana. Entre el hombre dotado de inteligencia y voluntad y el resto de los animales, existe un abismo que resulta suicida dejar de considerarlo. Ningún animal está capacitado para reconocer a DIOS como PADRE; y la Redención por parte del HIJO de DIOS se verificó a favor de los hombres, e indirectamente de la Creación en general. No existen razones objetivas, religiosas, antropológicas, sociales o culturales, que justifiquen las tesis ecologistas y animalistas, que  intentan establecer un rasero igualitario entre los animales en general y el hombre. Más aún, sabemos que para muchos de los militantes en esos grupos, el hombre es el principal enemigo a batir.

 

Rezar en la calle a favor de la vida es delito

Puede haber manifestaciones violentas en las calles, quemar contenedores, romper las lunas de los escaparates, agredir a policías e insultarlos. Incluso se pueden proferir todo tipo de amenazas contra personas e instituciones con pancartas que señalen a la Conferencia Episcopal. En España, el gobierno actual ha despenalizado la actuación de los piquetes violentos que tengan protagonismo en las huelgas que se organicen; pero rezar delante de un centro de abortos está penalizado con cuantiosas multas y cárcel. Parece ser, que es verdad lo que reveló Abby Johnson en su libro y en la película que cuenta su vida como directiva de una clínica de Planned Parenthood, en Texas. Señala Abby Johnson que la presencia de los grupos de personas orando frente a las clínicas bajan un setenta por ciento la afluencia de abortos esos días. Algunas clínicas de la multinacional del aborto, Planned Parenthood, que cuenta con sesenta y cinco mil abortorios en todo el mundo, no puede permitir esta disminución de ingresos. Los grupos de oración frente a las clínicas abortivas cuentan como organización más fuerte a “Cuarenta Días por la Vida”, que establecen cadenas de oración ininterrumpidas. Cuando la oración cumple sus requisitos, se desencadena una corriente espiritual positiva, que esclarece la realidad de lo que está sucediendo: la mujer vuelve a tomar conciencia de que no es madre por accidente y el hijo que lleva dentro es digno de todo su afecto maternal; algunos de los profesionales que trabajan en los abortorios dejan de engañarse, diciendo que lo extraído a las mujeres es un amasijo de células, y comienzan a ver seres humanos descuartizados; y unos y otros giran ciento ochenta grados en su vida para convertirse en defensores de la vida del no-nacido con todas las consecuencias. En este punto nos encontramos de nuevo en el vértice de la batalla cultural en nuestros días. Las censuras políticas, legales y sociales, de forma especial establecidas en la parcialidad de los grandes medios de comunicación, no podrán contra la evidencia del carácter fundante de la vida humana, y la cosa es sólo cuestión de tiempo, aunque de momento se considere que la causa es imposible de ganar. Es necesario insistir que existiendo el nivel social y cultural de esta lucha, el fondo está en la pugna espiritual entre fuerzas radicalmente antagónicas, y en medio se encuentra el hombre como el auténtico campo de batalla. La oración abre las puertas al poder de DIOS, y Satanás esto no lo puede permitir, por eso los impedimentos para esa oración serán grandes y graves. Distintas escenas bíblicas se pueden traer como iconos de esta lucha, que insistimos está en plena efervescencia. Una secuencia significativa la tenemos en la batalla del Pueblo elegido, en el desierto, contra Amalec: Las fuerzas del mal representadas por Amalec atacan al Pueblo elegido en el desierto que está liderado para la guerra por Josué, mientras que Moisés está en oración en el Monte Horeb con Aarón y Jur. Nos dice el texto, que mientras Moisés permanece con los brazos levantados hacia YAHVEH, vence Israel; pero cuando por el cansancio los baja, vence Amalec. Entonces Aarón y Jur sentaron a Moisés mientras ellos le sostenían los brazos, de tal forma que la victoria de Israel fue total. El texto concluye diciendo, que de generación en generación, Amalec está en guerra contra Israel (Cf. Ex 17,16). La presente generación tiene que librar la correspondiente cuota de batallas contra Amalec, y tan sólo hay que organizar la resistencia espiritual conveniente, para que DIOS actúe en el mundo que es suyo y le pertenece. Si los hombres le negamos a DIOS la propiedad del mundo, y se acepta que la cultura no le pertenece, la política ni tocarla, la vida social que se aleje, y lo desterramos de todos los ámbitos; entonces de forma automática aparece el ocupa infernal, que toma posesión de lo que no es suyo bajo ningún concepto, más que por usurpación: “porque a mí me lo han dado”. Esa fue la proposición que  Satanás  le hizo  a JESÚS : todo esto te lo doy, si postrado me adoras, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero” (Cf. Mt 4,9). DIOS no le da el mundo a Satanás, somos los hombres quienes se lo vamos dando por entregas. Pero de la misma forma que fuimos legitimando su papel de ocupa de los diferentes ámbitos a nivel mundial, también se los podemos quitar de forma progresiva, proclamando el señorío de DIOS en cada uno de ellos.

 

La Tierra Prometida

El territorio de Israel o Palestina es el espacio geográfico dado como el territorio prometido por DIOS a Abraham junto con la descendencia. La Tierra Prometida obviamente tenía que ser habitada por una población suficiente con unas características acordes dadas por la deidad que se reveló, y prometió en heredad ese territorio. La Biblia establece que el número de pobladores conveniente crece en el Egipto, en una zona en la que los hebreos no son molestados por los egipcios, y tampoco estos parece que mantuviesen hostilidad alguna frente a la nación que les ofreció hospitalidad por un periodo superior a los cuatrocientos años, desde el tiempo en el que José fue gobernador de Egipto. Parece que en el tiempo del faraón Ramsés comenzaron las sospechas, pues algunos pueblos de alrededor rivalizaban con Egipto por la hegemonía de la región, y los egipcios pensaron que los hebreos podrían actuar de aliados de alguna de las potencias circundantes. El libro del Éxodo señala que los hebreos estaban creciendo en número de forma significativa, y el faraón adoptó varias medidas: emplear a los hebreos como mano de obra esclava para la construcción de las pirámides, se encargó a las comadronas que no dejaran con vida a los niños varones de las hebreas y si algún niño lograba nacer las propias familias tenían que deshacerse del niño. Las medidas fueron muy agresivas y provocó un nivel muy alto de dolor y sufrimiento que se tradujo en un poderoso clamor al DIOS de los padres, Abraham, Isaac y Jacob. Aquella gran opresión sería causa de liberación. Allí en Egipto se había gestado durante muchos años el Pueblo de las promesas y ya estaba a punto de encaminarse hacia la Tierra Prometida. Los planes iniciales de DIOS fueron modificados por el propio Pueblo elegido, y el tránsito hacia la Tierra se dilató por cuarenta años, con la finalidad de identificar al Pueblo con la Alianza establecida por DIOS. Durante los cuarenta años por el desierto, el Pueblo debe aprender una lección principal: sólo existe un DIOS, y ese DIOS es YAHVEH, al que ha de amar por encima de todas las cosas. Si preguntamos a la Biblia, ¿por qué DIOS entrega el territorio al oeste del Jordán a los hebreos?, la respuesta es inmediata: el SEÑOR quiere un Pueblo que prescinda y olvide los cultos idolátricos, que son la fuente principal de las grandes tragedias humanas, pues abren las puertas a los demonios, en palabras de san Pablo (Cf. 1Cor 10,20). También los cananeos practicaban rituales con sacrificios humanos. Uno de los más notables era el culto a Moloc, que se representaba en una gran efigie con un amplio vientre ardiendo, donde se echaban los niños para ser consumidos por las llamas. Los cultos destinados a fecundidad y la fertilidad comprendían el holocausto de adolescentes especialmente muchachas vírgenes con el fin de aplacar a la deidad contrariada. La revelación bíblica rechaza de plano todas estas prácticas aberrantes, que se encuentran en la mayor parte de los cultos primitivos. Los amorreos, los hititas, perezeos y jebuseos, temen al Pueblo elegido que acampa en las llanuras de Jericó y había pasado el río Jordán de forma similar al paso del Mar Rojo. También en este caso, las aguas del Jordán formaron un dique para que el Pueblo pudiera pasar sin contratiempo alguno (Cf. Js 3,16). Moisés terminó sus días en el Monte Nebo, a los ciento veinte años, contemplando la Tierra pero sin entrar en ella (Cf. Dt 34,1-7); y Josué lo releva como guía acreditado, que hace entrar al Pueblo en la Tierra Prometida.

 

Tierra que mana leche y miel

La Biblia señala que DIOS en los comienzos sitúa al hombre en el Jardín del Edén (Cf. Gen 2,8). El orden inicial no es posible y el hombre restaurado presenta unas nuevas características. La nueva tierra mana leche y miel (Js 5,6b). Sabemos que la tierra de Palestina tiene grandes zonas desérticas y los cultivos no son fáciles; pero debemos leer el fondo de esta expresión: la tierra es favorable cuando DIOS está en el primer lugar dentro de la escala de valores. DIOS permanece fiel a su Pacto y Palabra, y espera el arrepentimiento de las infidelidades, pero en ese tiempo no se puede manifestar como DIOS benévolo y providente. La Tierra Prometida mana leche y miel porque el hombre se ha reconciliado con DIOS dentro del Pueblo elegido. Dos acciones van a significar la voluntad del Pueblo de permanecer al lado de la Alianza: la circuncisión y la celebración de la pascua.

 

La señal en la carne

La circuncisión no es exclusiva de la Biblia, pero ha ejercido un peso fundamental en la religiosidad judía, hasta el punto de ser el objeto principal del primer concilio de la Iglesia en Jerusalén, como nos relata el libro de los Hechos de los Apóstoles. En la medida de lo posible a las cosas espirituales hay que darles visibilidad por estricta razón pedagógica. La marca o señal que llevamos los cristianos viene dada por el Bautismo; y se supone que ese sacramento nos confirma con la fuerza suficiente para sentirnos hijos de DIOS, y por tanto pertenecientes al Nuevo Pueblo elegido. La equivalencia al carácter bautismal en el Antiguo Testamento se cifra en la circuncisión. Claro está, la circuncisión corta el prepucio y eso permanece de forma permanente si la cirugía se ha hecho bien. “Josué circuncidó a los hijos de los que quedaron en el desierto por rebeldía. Por el camino no se habían circuncidado y era requisito imprescindible para poseer la Tierra Prometida. Cuando Josué acabó de circuncidar a toda la gente se quedaron en el campamento hasta que se curaron. Y el SEÑOR dijo a Josué: hoy os he  quitado el oprobio de Egipto (Cf. Jos 5,6-9).

 

Preparados para la Pascua

El término hebreo que da significado a la “pascua” es “pésaj”, que hemos traducido por “paso” habitualmente, pero algunos prefieren el significado de “salto”. Bien mirado describe mejor esta última acepción lo que ocurrió en la primera Pascua judía, a punto de salir de Egipto. El salto marca un acento de discontinuidad y cambio de nivel. Entre la esclavitud egipcia y la libertad no se transita de forma plácida y tranquila, pues hubo que violentar hasta el extremo al faraón y al mismo pueblo egipcio. La muerte de los primogénitos fue un acontecimiento de cheque traumático, que puso al límite las resistencias del Faraón y de todo el pueblo. De forma paralela nos encontramos con el paso del Jordán: el cambio del desierto a la Tierra Prometida no se describe como una transición tranquila, sino como una conquista en la que se hace tabla rasa de todo lo existente, pues la presencia de YAHVEH no es compatible con la presencia de otros dioses.  Esta forma de plantear las cosas no sintoniza con la mentalidad presente, pero el fondo sigue siendo válido. No esperemos grandes actuaciones de la Providencia divina, si en nuestras casas reina la disipación o aderezamos la decoración con efigies que evocan fuerzas espirituales ajenas y extrañas al Evangelio. No se pueden compaginar los budas, las manos de Fátima, las herraduras, o cualquier otro fetiche al que se le otorgan poderes y fuerzas mágicas con la presencia de DIOS en ese recinto familiar. Nuestros hogares deben ser recintos donde el único SEÑOR sea DIOS, y no debemos permitir la presencia de ockupas. No se trata de ser predicador del vecino, pero sí de mantener el propio recinto a salvo de fuerzas extrañas y nocivas.

 

La Pascua

“Los israelitas acamparon en Guilgal, y celebraron allí la Pascua el día catorce del mes al atardecer, en los llanos de Jericó. Al día siguiente de la Pascua comieron de los frutos del país: panes ácimos y espigas tostadas ese mismo día. El maná cesó desde el día siguiente en que comieron de los productos del país” (Cf. Jos 5,9-12). Dos aspectos importantes nos señalan estos versículos: la posesión de la tierra se inaugura con la celebración ritual de la Pascua, y el modo de vida y subsistencia del desierto queda abolido con el cese del maná, y los israelitas vivirán en adelante de los frutos de aquella tierra, que ellos deberán de cultivar y trabajar, para que produzca lo necesario. Contando con la Providencia divina la Tierra será favorable y se cancelará la maldición acarreada desde los comienzos, pues las consecuencias de haberse rebelado contra DIOS dio lugar a que la tierra se negase a ofrecer con facilidad sus frutos al hombre (Cf. Gen 3,17-19). La tierra volverá a ser benévola con el hombre fiel a DIOS, y manará para él “leche y miel”. La celebración de la Pascua compendia la obra de DIOS con el Pueblo a lo largo de todos aquellos años y se convierte en profecía de la liberación y Pascua definitivas con JESHUA el CRISTO. Ahora el Pueblo es guiado por el sucesor de Moisés, Jeshua, o Josué, que es un nombre teóforo-portador de DIOS-  y significa “DIOS salva”.

 

En el camino de la Cuaresma

Las lecturas de este domingo acentúan el carácter reconciliador de DIOS, que en su Misericordia busca al hombre, su hijo, por todos los medios y caminos. Sin ánimos maniqueos, los grupos humanos y las personas individuales se dividen entre los que piden perdón y aceptan la reconciliación, y aquellos otros que excluyen cualquier tipo de perdón y reconciliación. Este es el preámbulo dado por san Lucas para ejemplificar la Misericordia Divina con tres parábolas, de las que el evangelio propone la de “ El Padre Misericordioso”, más conocida como “El Hijo Pródigo”. El camino de JESÚS hacia Jerusalén se construye con un gran número de enseñanzas, y de todas ellas fijamos la mirada en esta parábola, que encierra la parte esencial o nuclear de todo el Evangelio: DIOS es PADRE, nos ama con un Amor incondicional y espera con los brazos abiertos para celebrar con todos nosotros el banquete de la Pascua eterna. A partir de este hecho fundamental, lo que el hombre haga en contra de DIOS se lo está haciendo a él mismo.

 

Espiritualmente plural

JESÚS, el HIJO de DIOS no esperó a encontrarse con la humanidad cuando ésta presentase un aspecto de alta perfección, porque de ser así todavía no habría llegado. Vino a nosotros cuando el AMOR eterno del PADRE lo consideró conveniente y se encontró con pecadores de distintos tipos: “Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a JESÚS para oírle; y los escribas y los fariseos murmuraban: este acoge a los pecadores y come con ellos” (Cf. Lc 15,1-2). Los publicanos recaudaban los impuestos para el Imperio Romano de forma abusiva y eran muy mal vistos por el resto de los ciudadanos. También se acercaban a escuchar a JESÚS personas con otras malas prácticas y vidas extraviadas, porque JESÚS tenía muy claro que había venido a llamar a los pecadores a la conversión y a sanar principalmente a los enfermos del alma (Cf. Lc 5,31; Mc 2,17). El otro grupo tan pecadores y enfermos como el primer grupo vivían escudados en unas prácticas religiosas formales y externas, con las que consideraban permanecer blindados frente a cualquier sombra de pecado o dolencia espiritual. Este último grupo es el más problemático para DIOS, porque no es capaz de reconocer su verdadero estado espiritual y pedir perdón, con lo que se excluye de la Misericordia Divina. JESÚS lo ejemplificó en aquella parábola de “El fariseo y el publicano” (Cf. Lc 18,9-14): los dos van al Templo, y el fariseo le dice DIOS lo magnífico que es, pues ayuna dos veces por semana, paga el diezmo al Templo y es espléndido con las limosnas; además, no lleva mala vida como el despreciable publicano, que se ha quedado ahí atrás. Ciertamente el publicano no levantaba la cabeza diciendo solamente: SEÑOR, ten compasión de mí, que soy un gran pecador. JESÚS dice, que éste último bajó a su casa justificado, pero no así el fariseo. Sigue, por tanto, el relato de san Lucas insistiendo en el mensaje nuclear del Evangelio: la Misericordia Divina. La oración, penitencias, ayunos y limosnas de este tiempo cuaresmal realizados deben tener como punto de partida, fondo y término el hecho de la Misericordia de DIOS.

 

La gran parábola de san Lucas 15,11-32

La parábola es conocida, pues con facilidad se queda en la memoria. Las lecciones extraídas de su meditación son incesantes, porque de ella emana la Misericordia Divina, de la que estamos radicalmente necesitados.

 

El padre de la parábola

Este padre tenía dos hijos, y el menor le pide la herencia, porque decide dejar la casa paterna e irse a disfrutar de lo que le corresponde como hijo menor. La impresión del padre al recibir la decisión por parte del hijo tuvo que conmoverlo en extremo, pues el hijo menor con la retirada de la herencia le estaba diciendo al padre, que cortaba en lo sucesivo toda relación con él. Podemos imaginar al padre de la parábola sumergido en la perplejidad, el dolor y la pena por el hijo que lo rechazaba y abandonaba. La generosidad del padre y la grandeza de alma quedan de manifiesto en el resto de la parábola, por lo que no cabe pensar en un padre autoritario, manipulador y déspota. Por otra parte, la decisión del hijo era denunciable según la Ley ante las autoridades, y el proscrito sería el hijo al faltar con una máxima gravedad a la figura del padre. Pero este padre no agotó este recurso, sino que soportó la dolorosa decisión de su hijo menor valorando de forma escrupulosa su decisión libre, aunque irresponsable e inmadura. Pero al padre de la parábola sólo le quedaba esperar e implorar al Cielo la vuelta de su hijo, aunque este extremo no se explicita en el texto.

 

Un país distante

Las parábolas propuestas por JESÚS que relatan el comportamiento de los hijos presentan siempre un alto grado de conflicto. Un buen padre o una buena familia no garantizan una conducta moral recta en todo momento por parte de los hijos. Este extremo debe ser tenido en cuenta por muchos padres, que en determinado momento se lamentan por la trayectoria de sus hijos, y se preguntan en qué han fallado. Los caminos equivocados aportan el grado de dolor y sufrimiento, que se necesita en determinado momento para aplicar de forma voluntaria un giro en la vida. Este es el caso del hijo menor de la parábola según la información que recogía el hermano mayor, que se había quedado en la casa, su hermano estaba dilapidando su herencia en orgías de todas clases, hasta el punto de arruinarse totalmente. Los amigos de juergas y orgías desaparecen en el momento que el individuo da muestras de agotamiento en algún sentido; y la piltrafa moral en la que se estaba convirtiendo alcanza su aspecto físico y posibilidades. Alguien del lejano país que lo conocía le ofrece cuidar cerdos. La imagen para el judío es denigrante. Los cerdos comían, y le daban ganas de alimentarse con la bazofia que comían los cerdos. La degradación había llegado al límite, y este hombre toca fondo. Un rescoldo en la memoria de la vida familiar lo hace recapacitar y tomar una decisión. Él estaba acabado y desestructurado, pero su familia seguí existiendo. Se dijo apremiado por el hambre: “me levantaré, volveré junto a mi padre y le diré: padre, he pecado contra el Cielo y contra ti; trátame como a cualquiera de tus jornaleros, pues no merezco llamarme hijo tuyo”. La revisión personal estaba bien hecha y tenía dos opciones: morir de hambre o volver arrepentido a la casa familiar. En nuestra sociedad muchas vidas rotas por dilapidar el patrimonio familiar no tienen posibilidad de regreso, porque la familia ya no existe. Las situaciones que nos encontramos muestran que la desestructuración de una de las partes puede arrastrar al resto de la unidad familiar, por las características propias de la familia nuclear. La parábola parte de la consideración de una familia patriarcal extensa con amplia servidumbre y la convivencia de distintos miembros de la parentela, aunque no sean mencionados directamente.

 

La gran reconciliación

“Me levantaré e iré junto a mi padre” es una determinación cargada de fuerza espiritual, porque la decisión va en el sentido correcto. El retorno tuvo que realizarlo desde la lejanía, y movido por una certeza profunda de que el arrepentimiento y la confesión de la culpa abrirían de nuevo la puerta de la casa paterna, aunque fuese en calidad de siervo o esclavo. Desde los cientos o miles de kilómetros que lo separaban de la casa paterna tuvo oportunidad de repetir miles de veces la gran jaculatoria: “PADRE he pecado contra el Cielo y contra ti”. El hambre, el dolor y el sufrimiento hicieron grande a este hijo menor, primero indolente, inmaduro y caprichoso, que buscaba desaforado la felicidad comprando momentos de placer, pero la fórmula no dio resultado, y al final se encontró con la ruina casi total. Podemos imaginar al padre saliendo varias veces al día mirando a lo lejos por donde el hijo menor se había marchado, esperando ahora su regreso. Si la muerte no acababa con su hijo, éste volvería porque la herencia aún siendo abundante llegaría a terminarse. Un día en la lejanía el corazón del padre antes que sus ojos vio al hijo irreconocible para cualquiera menos para él, que lo amaba no sólo por ser su hijo, sino por su estado lamentable de persona herida en lo espiritual, moral y también por su deterioro físico. Lejos de echarle un sermón reprobatorio cuando lo tuvo frente a sí, la reacción inmediata fue abrazarlo y llenarlo de besos, sin reproche alguno. No obstante el hijo prorrumpió con las palabras de arrepentimiento, que había repetido miles de veces a modo de jaculatoria como el Peregrino Ruso, a lo largo de los miles de kilómetros que lo separaban. Gracias a esa repetición incesante el camino se hizo mucho más breve y posible. Las fuerzas físicas eran alimentadas por la llama espiritual que se avivaba desde el corazón cada vez con más intensidad. La Misericordia del PADRE disponía de nuevo el reconocimiento de la dignidad de hijo significado en la mejor túnica, el anillo en la mano y unas sandalias nuevas para aquellos pies, que fueron capaces de no ceder al dolor ni al cansancio del camino plagado de riesgos.

 

El hermano mayor

El cumplimiento del deber sin  el Amor misericordioso no libra de las enfermedades espirituales y morales. El hermano mayor que parecía ejemplar por una conducta calificada de irreprochable no es capaz de alegrarse por la llegada del hermano, de perdonarlo, y sus palabras indican que en su corazón el hermano menor había muerto. El hermano mayor administra con perfección las cosas del padre, pero no lo conoce: “hace muchos años que te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya”. Se podría decir que estaba entre los de estricta observancia de las normas y preceptos, sin atender a la persona misma que los dispone. El hermano mayor parece estar afectado por uno de los peores males espirituales: la soberbia, pues todo lo había ejecutado con precisión y perfección. Añoraba de repente, ante la fiesta que el padre había organizado, no haber tenido también él fiestas con sus amigos. El padre responde diciendo: “hijo mío todo lo mío es tuyo”, pero aquel hijo no se había enterado. Un gran problema de comunicación, de afecto filial, incapaz de reconocer el amor incondicional del padre también hacia él. No se había agotado el amor del padre en el hijo menor y tampoco se extinguió cuando se marchó de la casa. El hijo mayor no compensó la ausencia del hermano menor en el campo afectivo y no se percató que el padre sentía por él un amor incondicional: “todo lo mío es tuyo”. No le podía decir algo más esclarecedor. El padre de la parábola insiste para que el hijo mayor admita a su hermano en su corazón y se reconcilie con él: “era necesario hacer una fiesta, porque ese hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo hemos encontrado”. La fiesta será completa si el hermano mayor acepta entrar en el banquete y alegrase de corazón por la vuelta del hermano menor a la casa. “En el Cielo hay más alegría por un solo pecador que se convierte, que por cien justos que no necesitan convertirse” (Cf. Lc 15,7).

 

Reconciliación y fiesta

La reconciliación verdadera es una fiesta, porque la Divina Misericordia abraza al reconciliado con su Gracia Celestial. La reconciliación que viene de DIOS es un verdadero banquete pascual, en el que se actualiza el perdón de JESUCRISTO. La parábola de “El hijo pródigo”, o de “El padre misericordioso” termina sin cerrar totalmente la ubicación de los protagonistas, dando a entender que su mensaje se mueve entre las realidades presentes y el destino definitivo. Mientras tanto, las acciones de este mundo alegran o entristecen al Cielo, hasta que lleguemos todos a la Bienaventuranza definitiva.

 

San Pablo, segunda carta a los Corintios 5,17-22

El ministerio de la evangelización y la predicación se torna por momentos en ministerio de la reconciliación para el Apóstol; pues los enviados a predicar son continuadores de la obra de DIOS, que “está en CRISTO reconciliando consigo todas las cosas” (v.19). En este capítulo cinco encontramos algunos de los motivos que impulsan al Apóstol a urgir la reconciliación con DIOS de los cristianos de Corinto. La vida eterna nos espera y aspiramos por ella: “somos conscientes que nuestra morada presente se desmorona, pero tenemos una morada eterna que permanece no hecha por mano humana, que está en los Cielos” (v.2) Y sigue ahondando san Pablo en nuestra convicción profunda sobre la provisionalidad de esta condición presente: “los que estamos en esta tienda gemimos abrumados; no es que queramos ser desvestidos, sino más bien sobrevestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida” (v.4). El instinto de supervivencia por el que superamos todos los obstáculos con el fin de mantener la vida en este mundo, es superado por el santo deseo de eternidad, que en el Apóstol estaba especialmente acentuado a causa de sus experiencias místicas de carácter extraordinario. En distintos lugares de sus cartas manifiesta de forma abierta, que el mundo presente y la vida que él lleva no tienen otro aliciente que el de cumplir la misión encomendada por el SEÑOR, y su desprendimiento de las cosas de este mundo es notorio. Esta actitud no le impide, sino todo lo contrario, vivir un profundo amor en CRISTO hacia todos los hermanos. Una vez conocida la bondad de DIOS la conversión sigue el camino de la reconciliación en un buen número de ocasiones. Los dos hijos de la parábola tenían necesidad de reconciliación con el PADRE: el menor, una vez tomada la decisión de volver, no precisó de grandes discernimientos; pero el hijo mayor descubrió en su interior una gran madeja de resentimientos hacia el hermano menor y los agrios reproches al PADRE eran el resultado de largos años guardando buenas dosis de rencor. Este hijo mayor tenía por delante una larga tarea de reconciliación.

 

La Nueva Creación

“El que está en CRISTO es una Nueva Creación, pasó lo viejo y todo es nuevo” (v.17). El Hombre Nuevo es JESUCRISTO, y nosotros en ÉL participamos de esa novedad. Nuestra realidad en CRISTO es misteriosa, porque no anula la debilidad humana, y durante el tránsito por este mundo estamos sometidos a la tensión fuerte de dos leyes antagónicas: la ley de la Gracia y la ley del pecado (Cf. Rm 7,19ss). Pero la novedad en CRISTO es un proceso de creciente asimilación por la ley de la Gracia cuando emprendemos de forma constante el camino de la reconciliación. Tiene todo el sentido esta insistencia del Apóstol, pues la vida en este tiempo lleva consigo un alto nivel de riesgo e incertidumbre.

 

Ministerio reconciliador

“Todo proviene de DIOS, que nos reconcilió consigo por CRISTO, y nos confió el ministerio de la reconciliación” (v.18). Al Sacramento de la Confesión, o de la Penitencia, lo conocemos también como el Sacramento de la Reconciliación. No es sólo el pecado que confesamos materia objetiva para realizar un acto de reconciliación. La reconciliación comprende en el sentido positivo la reanudación de una relación debilitada o interrumpida, que no tiene necesariamente un gran pecado como causa determinante. La reconciliación tiene mucho que ver con el despertar de las conciencias a la bondad y el Amor de DIOS que nos interpela. DIOS quiere frecuentar la sala de encuentros dispuesta en el secreto del corazón. Los ministros de la reconciliación son los mismos que sirven la Palabra y mediante ella, instruyen, corrigen y exhortan de forma ungida e inspirada. Las bendiciones de DIOS llegan a nosotros a través de las palabras humanas, vivas y vibrantes del ministro de la reconciliación, que a modo de señales indican la senda a seguir.

 

CRISTO es la fuente de la Reconciliación

“En CRISTO estaba DIOS reconciliando el mundo CONSIGO, no tomando en cuenta las transgresiones de los hombres, sino poniendo en nosotros la palabra de la Reconciliación” (v.19) CRISTO es el modelo de Hombre que DIOS quiere encontrar en cada uno de sus hijos. Toda la Justicia de DIOS recayó sobre su HIJO para que nosotros encontremos en ÉL la fuente de toda Gracia. No existe otro MEDIADOR entre DIOS y los hombres: no existe otro RECONCILIADOR. DIOS no ha puesto como MEDIADOR suyo a ningún otro líder religioso, y mucho menos, social o político. El RECONCILIADOR es el mismo que un día se encarnó en las entrañas de la VIRGEN MARÍA para más señas. Y en ese MEDIADOR, DIOS agotó todo ámbito verdadero de encuentro con ÉL. Queda en manos de la condescendencia divina aproximar a las personas de buena voluntad al conocimiento de estos fundamentos del mundo presente y futuro.

 

Embajadores de CRISTO

“Somos, pues, embajadores de CRISTO, como si DIOS os exhortara por medio de nosotros. En el nombre de CRISTO os suplicamos: reconciliaos con DIOS” (v.20). Sabemos que san Pablo tuvo en algún periodo de su misión la certidumbre de una parusía inminente. Como los Apóstoles que siguieron a JESÚS por Palestina, también san Pablo tuvo alguna dificultad inicial con los tiempos en los que DIOS pensaba actuar de forma extraordinaria. Ese hecho no desmerece en nada la altura excepcional del Apóstol, en lo que toca a su progreso espiritual. Todas las urgencias entonces manifestadas siguen vigentes en cualquier época, porque nuestra vida es muy breve, extremadamente insignificante, comparada con la eternidad. Por tanto, también para nosotros está bien indicado una reconciliación urgente con DIOS. Mal servicio haría la iglesia si dejase de levantar la voz en ese sentido. La voz profética dentro de la Iglesia tiene que seguir oyéndose, porque por el profeta DIOS habla con voz humana y actualiza su Palabra.

 

JESUCRISTO, víctima y sacerdote

“A JESUCRISTO, que no cometió pecado, lo hizo víctima por el pecado, para que viniésemos a ser Justicia de DIOS en ÉL” (v.21). En pocos días asistiremos a la celebración litúrgica de los hechos históricos más trascendentales de la Historia de la humanidad: la muerte en Cruz de JESUCRISTO y su Resurrección. A muchos católicos los han convencido de relegar a las sacristías o a la privacidad de las casas las manifestaciones religiosas cristianas. La gran acción social de la Iglesia es la Evangelización, que incluye la acción de Cáritas y las manifestaciones de religiosidad popular de hermandades y cofradías. La fuerza que transforma el mundo y cambia la vida de los hombres parte del árbol de la Cruz, porque JESÚS ha resucitado. El pecado es lo anti-DIOS, y JESUCRISTO cargó con todo el pecado y con todos los pecados; y DIOS aceptó esa ofrenda y sacrificio. Ningún líder religioso ha podido realizar una cosa así, ni será posible que alguno lo realice en el futuro. “Todo está consumado” (Cf. Jn 19,28), y JESUCRISTO ha vencido.

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *