Nuevas palabras

Pablo Garrido Sánchezmarzo 19, 202265 min

Las palabras recogidas en los  evangelios, que vienen de los labios de JESÚS constituyen el conjunto de las nuevas palabras dadas para los discípulos y participantes de la nueva presencia del Reino de DIOS en medio de nosotros. Moisés estuvo en la Montaña Sagrada cuarenta días para recibir las palabras sagradas que debían renovar al Pueblo elegido. Los cambios espirituales necesarios deberían producirse por la adhesión a las Diez palabras o Decálogo, que de producirse la aceptación e interiorización de estas palabras fundamentales dadas por YAHVEH caerían las cadenas creadas por los ídolos egipcios; y, entonces, el Pueblo se vería realmente transformado. En cada cuaresma, los cristianos subimos en cierta medida a la Montaña Sagrada para tomar perspectiva de la propia situación ante DIOS y el ambiente circundante. Por lo menos, conviene hacer algo de silencio y meditar sobre alguna palabra que nos ofrezca criterio porque la consideramos cargada de verdad. Sabemos que JESÚS en nada disminuyó el valor de la Diez palabras, o Decálogo, establecido como Ley eterna e inmutable por DIOS para el Pueblo elegido; pero nos encontramos en la fase final de la historia humana, porque JESÚS, el ENVIADO del PADRE, ha venido a dar perfección a la misma historia humana. Debemos hacer hincapié en el carácter de perfeccionamiento que tiene el encontrarnos en el final, plenitud o tiempo llegado a su cumplimiento. Con todas las graves deficiencias comprobadas en los tiempos presentes, sin embargo la perfección de la Gracia está presente y operante en medio de este mundo. Existen palabras nuevas cargadas de verdad y poder, que cambian a las personas y cambiarán al mundo: “el Cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Cf. Lc 21,33). Las utopías humanas diseñan muchos futuros con pocas o nulas posibilidades de concreción. Lo específico y característico de la utopía cristiana viene dado por el hecho de que sus ideales de acción de DIOS en la historia se han dado, DIOS sigue actuando en el acontecer humano y por eso se puede mantener la seguridad del establecimiento de etapas en la historia humana de perfección creciente. Desde un punto de vista próximo y práctico, también los que insensatamente parece que pueden poner en riesgo la continuidad del género humano en este planeta, saben que no se vislumbra por el momento un hábitat más adecuado para la humanidad que este planeta azul que llamamos tierra. La ficción, y ahora el metaverso, pueden hacer soñar por un momento en otros mundos, pero la desnuda realidad es que no tenemos otra casa cósmica que este planeta abrigado por el Sol. Y a este rincón del inmenso Universo se le ocurrió venir al HIJO de DIOS y convivir con nosotros y ofrecernos un mensaje poderoso de salvación. Las nuevas palabras del MAESTRO tienen que recorrer el circuito espiritual de unos corazones humanos receptivos. Las lecturas de hoy nos hablan de elección y mejoramiento o conversión. Una casa lleva muchos ladrillos, un libro consta de miles de caracteres y palabras, un proyecto cualquiera requiere muchas horas de diseño; y a así sucesivamente: la vida que se nos ha dado no la construimos en un día, y hasta el último instante cada momento tiene un valor de eternidad.

 

Una muestra

Sabemos que en la comunicación habitual es muy importante tener en cuenta el gesto o la expresión corporal. A la hora de acercarnos a las palabras de JESÚS también debemos leer y tener en cuenta dónde está JESÚS, de quién está rodeado o las reacciones surgidas a su alrededor. La persona misma de JESÚS constituye por sí misma la PALABRA principal, después vienen sus enseñanzas y de modo especial las parábolas, pero nada se puede considerar de segunda categoría. La mayor parte de la enseñanza de JESÚS en el evangelio de san Lucas está dispuesta en la llamada “Subida a Jerusalén”, y en ella se va insertando una nutrida doctrina que hemos de leer despacio. Como muestra, vamos paso a paso por el capítulo doce, que puede ofrecer parte del motivo de la advertencia que realiza JESÚS a los que le cuentan lo de los galileos que mató Pilato en el Templo.

 

Una enseñanza para todos, san Lucas 12

“Habiendo reunido miles y miles de personas hasta pisarse unos a otros, se puso a decir primeramente a sus discípulos, guardaos de la levadura de los fariseos que es la hipocresía” (v.1). Los versículos que siguen forman parte de una enseñanza general, pues “son miles y miles que se agolpan hasta pisarse unos a otros”; pero en el evangelio de san Lucas los discípulos tienen un lugar preferente a la hora de recibir la enseñanza. Tenemos pues dos categorías que debemos tener en cuenta: el plano general y el discipulado, que no representa una clase o élite, sino la voluntad personal de permanecer en la distancia o decidirse por la proximidad. Y la primera lección de este capítulo es que la hipocresía es un fermento. Con esta breve metáfora del fermento tenemos un punto de partida luminoso para extraer numerosas consecuencias. Esta es la fase del discípulo: quien guarda la palabra del MESTRO en su corazón como la VIRGEN (Cf. Lc 2,19).

“Nada hay oculto, que no llegue a saberse” (v.2) Para cualquier época es importante establecer que el Cristianismo es ajeno a cualquier sistema esotérico de doctrina. Más aún, cualquier grupo cerrado, que en ocasiones se califica de “discreto” esa ajeno al mandato de JESÚS de  enseñar a todos,  en todos los tiempos (Cf. Mt 28,19).

“No temáis a los que matan el cuerpo, y no pueden hacer más” (v.4) El miedo paraliza, y en determinadas situaciones para hacer el bien. La coacción social, en estos momentos, puede representar una barrera infranqueable para muchos creyentes, que se inhiben de manifestar sus convicciones por temor a ser acusados de intolerantes o radicales

“¿No se venden cinco pajarillos por dos ases? Pues bien, ni uno de ellos está olvidado ante DIOS. No temáis, valéis más que muchos pajarillos” (v.6-7). Con este y otros ejemplos, JESÚS presenta la confianza en la Providencia de DIOS como un asunto de capital importancia. La Fe se vuelve poderosa cuando se vive en relación de confianza incondicional en DIOS. De lo contrario, la Fe no dispone al discípulo como “sal de la tierra” o “luz del mundo” (Cf. Mt 5,13-16).

“YO os digo: por todo el que declare por MÍ ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él delante de los Ángeles de DIOS. Pero todo el que me niegue delante de los hombres, también YO lo negaré delante de los Ángeles de DIOS” (v.8-9) Las palabras dadas por el MAESTRO dan paso a la opción fundamental, que el discípulo tiene que realizar ante la manifestación de JESÚS. Esta sorprendente radicalidad es el eje del Cristianismo. Nuestra Fe se fundamenta en el hecho incontrovertible de la conjunción en JESÚS de Nazaret de la condición humana y la presencia del VERBO de DIOS. Ninguna otra religión plantea las relaciones con DIOS y la situación en la vida más allá de ésta, como lo hace JESÚS. De nuevo hay que afirmar estas cosas de forma rotunda, teniendo en cuenta que DIOS tiene modos inéditos para darse a conocer a cada uno de sus hijos con objeto de la salvación.

“A todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre se le perdonará, pero el que blasfeme contra el ESPÍRITU SANTO no tendrá perdón jamás” (v.10). El tono de la enseñanza va creciendo en gravedad, y por eso mismo debemos pararnos a meditar, pues algunas de estas palabras pueden necesitar años para su recta comprensión. ¿Quién es el ESPÍRITU SANTO? Es el AMOR, y el que rechaza el AMOR incondicional de DIOS desecha el único recurso que DIOS tiene para salvar a los hombres.

“Guardaos de toda codicia, pues la vida no está asegurada por los bienes poseídos” (v.15) Examinar la propia vida con respecto a la tendencia oscura de la codicia, puede ahorrarnos muchos disgustos. La codicia es delatada en el décimo precepto del Decálogo, significando que nos dispone en el polo opuesto del Amor a DIOS del primer precepto del Decálogo. Así nos va: disputas familiares irreconciliables por la codicia de unos, y guerras entre naciones en el intento de sustraer sus posesiones y riquezas. La codicia está en contra de la legítima propiedad privada.

“Necio, esta misma noche te reclamarán el alma, lo que has acumulado, ¿para quién será? (v.20). JESÚS sigue aquí la misma línea del Eclesiastés, pero con la autoridad que le confiere el ser el VERBO de DIOS en medio de los hombres. El discípulo debe mantener en el horizonte próximo el hecho inevitable de la muerte, asumiendo este final con la confianza propia del que se abandona en la Providencia amorosa de DIOS. El Reino de DIOS que JESÚS quiere instaurar en este mundo cuenta con la provisionalidad de esta existencia, que a pesar de todo está llamada a convertirse en una antesala de la otra vida. Ningún bien humano puede asegurar la vida del hombre en este mundo indefinidamente, y por eso debemos caminar ligeros de equipaje.

“Vosotros, buscad primero el Reino de DIOS, y todas las demás cosas se os darán por añadidura” (v.31). Las palabras y ejemplos que propone JESÚS a los discípulos van encaminados a promover entre ellos lo que es valioso en el estilo de vida que el Reino de DIOS debe presentar en este mundo. Las distintas pautas de comportamiento acordes con el Reino de DIOS, están dadas por JESÚS para este mundo, aunque sea de todo punto necesaria la actuación de la Gracia por el carácter de las propias máximas. Para la condición humana resulta extraordinario la práctica de un desprendimiento permanente, que aleja todo tipo de codicia. Así mismo, es heroico el abandono confiado en la Providencia de DIOS cuando se vislumbra próxima la muerte, pues sin la acción especial de la Gracia no es posible mantener  la paz interior en el estricto sentido evangélico.

“Haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los Cielos… Donde está vuestro tesoro, allí también está vuestro corazón” (v.33-34). El MAESTRO enseña que lo realizado en este mundo repercute como herencia acumulada para el otro en el que nos vamos a encontrar en breve tiempo. Y señala un termómetro del todo fiable para saber por dónde vamos: aquello que valoremos le daremos el corazón. Es necesario dar a esta máxima varias vueltas, o muchas, a lo largo de la vida. Sería muy buena señal, que nuestra escala de valores fuera modificándose a lo largo de los años y acercándose a la escala de valores propuesta por JESÚS. JESÚS hizo recaer sobre aquel hombre el Amor de DIOS (Cf. Mc 10,21), pero no logró alterar la escala de valores que tenía. El corazón de aquel hombre estaba centrado en valores distintos del Reino de DIOS.

“Dichosos los siervos a los que el SEÑOR encuentre despiertos cuando venga de la Boda y llame” (v.37). La perseverancia es una prueba de fuego para el carácter inestable de los hombres. De nuevo el auxilio de la Gracia se vuelve necesario para mantener una lúcida vigilancia en la Fe que ofrezca la incesante novedad y creatividad divina en la “santa rutina”. El SEÑOR va a volver, la verdad es que está viniendo continuamente y en el Evangelio nos dice que busca vigilantes que lo esperen y anuncien. Tiene especial interés por comprobar si somos capaces a acreditar la promesa de la especial venida al final del propio recorrido por este mundo. El mandato de la vigilancia se acompaña de una bienaventuranza y una promesa de encuentro que inicia una vida en el Reino eterno.

“¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?” (v.57) Después de ofrecernos abundantes criterios, máximas y verdades fundamentales, JESÚS nos deja tarea pendiente: ¿por qué no juzgáis vosotros mismos lo que es justo? Lo que ÉL nos propone como bueno y verdadero es también ajustado a nuestra condición personal, y poseemos la capacidad de comprenderlo para ponerlo en práctica. Nuestra responsabilidad no se desdibuja porque el proyecto de JESÚS para instaurar el Reino de DIOS supere nuestras fuerzas. La aparición del HIJO de DIOS entre nosotros no nos deja otra alternativa que trabajar por el Reino de DIOS en medio del mundo. El hombre no está pensado por DIOS para vivir en la barbarie de las guerras fratricidas, o de las prácticas aberrantes que despeñan a muchas personas por los abismos caprichos de los que comercian con la dignidad de sus hermanos. El hombre no está pensado por DIOS para ser el esclavo de otros congéneres déspotas tiránicos y homicidas cuyo máximo placer es el ejercicio del poder. Todo esto y muchas más desgracias tienen que ser barridas de la faz de la tierra para que se haga justicia al valor redentor de la Cruz y Resurrección de JESUCRISTO.

 

Moisés, enviado de DIOS

El capítulo tres, del libro del Éxodo narra la manifestación de DIOS que opera un giro completo en la historia del Pueblo elegido. Después de cuatrocientos años, las setenta personas ligadas directamente al clan de Jacob retornan al territorio de Israel. Aquel grupo inicial se multiplicó en tierra extranjera, y la Providencia de DIOS decide que ha llegado la hora de trasladarse a la tierra, que había prometido a Abraham, Isaac y Jacob. La gesta única que presenta un modo de revelarse DIOS a su Pueblo, la protagoniza Moisés, que nació de madre hebrea, fue criado en la corte del Faraón, tiene que huir de Egipto, se casa con Séfora, la hija mayor de Jetró que era sacerdote madianita, y en el cuidado de los rebaños de su suegro tiene la gran revelación en la Montaña Sagrada, que lo constituirá en instrumento de liberación para los hebreos.

 

DIOS escucha el clamor de su Pueblo

“Moisés vio en la Montaña Sagrada una zarza que ardía y no se consumía. Se dijo: voy a acercarme para ver tan extraño caso. Cuando vio el SEÑOR que Moisés se acercaba, le dijo: Moisés, descálzate porque el terreno que pisas es tierra sagrada. YO SOY el DIOS de tus padres, el DIOS de Abraham, el DIOS de Isaac y el DIOS de Jacob. Moisés se tapó los ojos porque temía ver a DIOS” (v.1-5). Llevaba unos años casado Moisés con Séfora y había tenido tiempo para desligarse de la influencia de la idolatría egipcia. Los madianitas constituían una tribu descendiente de la línea de Esaú que pudo mantenerse al margen de la influencia de los dioses egipcios. En Moisés se había producido una transformación suficiente, que lo hacía apto, en los planes de DIOS, para llevar a cabo una ardua misión: la liberación de la esclavitud egipcia del Pueblo hebreo, conducirlo por el desierto y llevarlo a la Tierra Prometida. La manifestación ahora de DIOS en el Horeb reviste una simbología fundamental: Una zarza arde y no se quema por la acción del Ángel de YAHVEH, la voz misteriosa de DIOS se deja oír y llama a Moisés, y el ámbito creado es tierra sagrada. En adelante el Horeb se constituirá en el lugar de las grandes revelaciones para Moisés y el Pueblo. DIOS en su desconcertante condescendencia entra en contacto con la condición humana simbolizada en la zarza. Los espacios sagrados son creados de forma expresa, y han quedado muy lejos los tiempos en los que el diálogo entre el hombre y DIOS se daba de forma habitual y fluida (Cf. Gen 3,9). Pero no todo estaba perdido, pues DIOS encontró siempre modos de acercamiento a los hombres que ÉL ha creado.

 

A DIOS se la llama y responde

“YAHVEH le dijo a Moisés: he visto la aflicción de mi Pueblo y escuché su clamor, por eso vengo a liberarlo, a sacarlo de la esclavitud y conducirlo a una tierra buena y espaciosa, que mana leche y miel” (v.6-8). De forma resumida tenemos la secuencia de los hechos sucedidos y los pasos siguientes a realizar por la iniciativa divina. La razón que preside todo el proceso es la acción liberadora de DIOS. La opresión provoca la asfixia física y espiritual, que unifica la súplica de todos los hebreos como un solo hombre en un gran clamor, que llega hasta DIOS. Los egipcios y sus dioses están matando al Pueblo hebreo, pues está dada la orden de matar al nacer a todo hebreo varón (Cf. Ex 1,15-16) Se busca la protección divina para salvaguardar la vida. DIOS acude para liberar al Pueblo de aquella opresión mortal y conducirlo a la Tierra Prometida a los santos patriarcas.

 

Moisés es investido como libertador

“Ahora, ve, YO te envío al Faraón para que saques a mi Pueblo de Egipto” (v.10). La palabra del SEÑOR es dirigida a Moisés para dirigir la liberación del Pueblo esclavo por el Faraón. Todos los años precedentes habían constituido una preparación de la que Moisés no había tenido conciencia, pero las distintas vicisitudes acontecidas habían conseguido el instrumento humano bien dispuesto en manos de DIOS. Por caminos desconocidos va llevando el SEÑOR a los suyos. Como en el caso de Jeremías, Moisés no se siente capacitado para un encargo como el que estaba recibiendo: “¿quién soy yo para ir a Faraón y sacar a los israelitas de Egipto? (v.11). La respuesta del SEÑOR no ofrece dudas: “YO estaré contigo” (v.12).

 

El nombre de DIOS

Los hebreos sabían que los dioses egipcios tenían su nombre cada uno, y Moisés quiere presentarse ante los suyos en el nombre de del DIOS que se le está revelando; por eso pregunta: “Si voy a los israelitas y les digo, el DIOS de vuestros padres me ha enviado a vosotros; cuando me pregunten, ¿cuál es su nombre, qué les responderé? Dijo DIOS a Moisés: YO SOY el que SOY. Y así dirás a los israelitas, YO SOY me ha enviado a vosotros” (v.14). El DIOS de los patriarcas se revela como el único DIOS frente al cual los demás dioses son sólo apariencia, nada y vacío. Pero esta lección, que es la fundamental, tardarán bastante tiempo en aprenderla. La transformación de una mentalidad politeísta es muy costoso y requiere la Gracia de DIOS unida a un verdadero esfuerzo personal. Las distintas supersticiones juegan un papel similar al politeísmo de los antiguos. A la persona supersticiosa, que se dice al mismo tiempo creyente, le cuesta mucho desprenderse de adherencias mágicas, amuletos que pretendidamente atraen la suerte o incluso las prácticas adivinatorias con el fin de controlar ingenuamente el futuro. De hecho algunas de estas prácticas supersticiosas fueron llevadas al Templo en su momento, y son delatadas por los profetas: “consultan mi oráculo a diario, pero no practican la misericordia y la justicia” (Cf. Is 58,2). Otra reminiscencia la presentan “los Urim y los Tumín”, que eran unas piedrecillas incorporadas al efoz del Sumo Sacerdote, que las empleaba para conocer al echarlas la voluntad del SEÑOR (Cf. Ex 20,30). Todavía en el desierto veremos a los hebreos muy influidos por comportamientos religiosos ajenos a lo que les pide YAHVEH con motivo de la fabricación del becerro de oro (Cf. Ex 32,4).

 

Los dos nombres

“Así dirás a los israelitas: YAHVEH, el DIOS de vuestros padres, el DIOS de Abraham, el DIOS de Isaac, y el DIOS de Jacob me ha enviado a vosotros. Este es mi Nombre para siempre, por él seré invocado de generación en generación” (v.15). El nombre de YAHVEH sigue presentando algunas incógnitas, que se van resolviendo en cierta medida aportando matizaciones al significado. No se quiere entender “YO SOY el que SOY” como si de un concepto griego sobre el ser o la esencia se tratase. En todo momento YAHVEH el que ES, aparece como ALGUIEN con el que se puede mantener un encuentro personal. Las esencias se mantienen en un nivel especulativo, que sirven para ordenar los pensamientos o los procesos de conocimiento o reflexión. Pues a las esencias no se les reza, adora, alaba o suplica. Sin embargo YAHVEH es el dador de toda existencia, porque ÉL mismo es la EXISTENCIA. El libro del Éxodo continúa la obra del CREADOR con la acción liberadora de la esclavitud egipcia: el CREADOR es el DIOS de la Historia; por tanto se abre una nueva perspectiva para acercarse al SEÑOR. YAHVEH no se confunde con realidad creada alguna, por lo que se encuentra absolutamente por encima de todos los dioses egipcio; pero su proximidad es familiar y efectiva como lo atestiguan los grandes patriarcas, con los que YAHVEH estableció una alianza, que sigue el curso de su cumplimiento, y Moisés está ocupando un lugar principal en el mismo.

 

Al grupo de los ancianos

De nuevo comprobamos, que en las circunstancias más difíciles se mantiene una línea propia de la acción de DIOS. Los mayores, los ancianos, constituyen el depósito vivo de la Fe, que venía de Abraham, Isaac y Jacob. Moisés no sólo debía presentarse ante el Faraón, sino también a los ancianos del Pueblo, pues representaban la memoria religiosa del mismo. El Pueblo elegido va a revivir espiritualmente en cada acto de “memorial” que es mucho más que un momento de recuerdo, pero precisa del registro grabado en la memoria. El hecho del pasado lleva consigo una eficacia espiritual que se hace efectiva por su actualización en el presente bajo la acción providencial de DIOS. Los ancianos sabían de las promesas de DIOS a los patriarcas. “Ve a los ancianos de Israel y diles: el DIOS de vuestros padres, el DIOS de Abraham, de Isaac y de Jacob, se me apareció y me dijo, os he visitado y he visto lo que os han hecho en Egipto y he decidido sacaros de la tribulación y llevaros al país de los cananeos, hititas, jebuseos y perezeos; a una tierra que mana leche y miel” (v.16-17). Los ancianos del Pueblo son una institución con la que Moisés debe contar, y YAHVEH acepta y no quiere pasar por alto. Moisés y los ancianos deben entenderse y reconocer que la propuesta de Moisés viene del mismo DIOS. Moisés encarna la institución profética, que no está sujeta a la pertenencia a una determinada clase social o religiosa. El verdadero profeta responde a una iniciativa de elección por parte de DIOS. Los miembros de la institución religiosa pueden verse incluidos por línea familiar o méritos adquiridos y reconocidos por otros dignatarios, y la relevancia viene dada por el cargo en sí mismo. Dicho lo anterior, resulta comprensible que entre los profetas de libre elección divina y otras instituciones, con frecuencia surjan fricciones o enfrentamientos. Moisés está encontrando colaboración por parte de los ancianos para llevar adelante la misión dada por YAHVEH.

 

Culto de adoración

El Faraón tiene que conocer también al único DIOS, al que los hebreos adoraran en el desierto: “Tú irás con los ancianos de Israel donde el faraón y le diréis: YAHVEH, el DIOS de los hebreos se nos ha aparecido. Permite, pues, que vayamos tres días de camino por el desierto para ofrecer sacrificios a YAHVEH nuestro DIOS” (v.18). La revelación de YAHVEH a Moisés empieza a ser patrimonio de todos los hebreos, y así lo van a reconocer los ancianos que acompañan a Moisés para ver al Faraón y transmitirle el mensaje de YAHVEH. La carta de presentación de Moisés y los ancianos ante el Faraón es una posición de fuerza. En los días sucesivos la tensión irá en aumento y tanto el Faraón como los hebreos reconocerán que YAHVEH es poderoso; más aún,: ninguno de los dioses egipcios puede comparase. Empieza la etapa de consolidación del Yahvismo como la religión judía.

 

La Nueva Justicia

En JESÚS, DIOS hace nuevas todas las cosas. En JESÚS nace el hombre nuevo, pues a los  que lo recibieron les da el poder ser hijos de DIOS renacidos espiritualmente (Cf. Jn 1,13; 3,5-8). Con JESÚS surge una  nueva presencia de DIOS en el mundo: “si YO echo los demonios  con el Dedo de DIOS, es que el Reino de DIOS ha llegado a vosotros” (Cf. Lc 11,20). Con JESÚS se establece una nueva religión: “el Hijo del hombre es también SEÑOR del sábado” (Cf. Lc 6,5). Con la Resurrección de JESÚS se inauguran “unos nuevos cielos y una nueva tierra” (Cf. Ap 21,1). Con la Cruz y Resurrección de JESÚS, DIOS establece una nueva Justicia en el mundo. Si por la muerte de JESÚS en la Cruz, DIOS mantuviese la Ley del Talión sobre la humanidad, jamás hubiésemos encontrado el perdón. Si la aplicación de la Justicia resultaba misteriosa en el Antiguo Testamento, en la época cristiana la Justicia queda envuelta en el misterio más hondo de la Misericordia de DIOS. La culpa y la pena de la humanidad se han cambiado en Gracia y Misericordia. Pero la justicia de los hombres sigue operando creando múltiples situaciones de dolor, sufrimiento e injusticia. Los accidentes y los comportamientos humanos son los causantes de las grandes desgracias. Los poderosos tienen en sus manos procurar el bien a los que están bajo su dominio, pero con frecuencia se ensañan con ellos. El accidente o la enfermedad juegan su papel en el discurrir de las fuerzas naturales incontrolables en la mayoría de las ocasiones. Las paradojas resultantes fueron declaradas en su momento por algunos autores bíblicos que añadieron matices al pensamiento más ortodoxo. La doctrina más aceptada se afirma en que aquel que obra el bien todo en la vida le va a salir bien; y, por el contrario, el que elige el mal cosechará desgracias. Sin disminuir el fondo de verdad de lo anterior, sin embargo, el libro de Job o el Eclesiastés ponen en tela de juicio la doctrina clásica y con sus argumentos sobre el sufrimiento del hombre justo hieren un tanto la sensibilidad de algunos hombres religiosos. JESÚS en el evangelio de hoy aporta nuevas perspectivas al problema, disponiéndolo en la línea de la Nueva Justicia.

 

El episodio de los galileos

“En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió JESÚS: pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís todos pereceréis del mismo modo” (Cf. Lc 13,1-3). La presencia del gobernador Pilato en Palestina, en tiempos de JESÚS, está atestiguada por Filón de Alejandría, san Justino, y de forma especial por Flavio Josefo. Parece que Pilato tenía un comportamiento violento en ocasiones, por lo que se hace plausible este suceso, que algunos identifican con la exhibición de las insignias imperiales en la Torre Antonia, que entraba en una zona considerada perteneciente al Templo. Aquellas insignias herían la sensibilidad religiosa de los judíos, y le insistieron a Pilato que las retirase, pero en una posición de fuerza el gobernador se negó, y algunos ofrecieron sus cabezas para ser degollados si no lo hacía. Pilato para no dar muestras de debilidad procedió a la ejecución de aquellos. Lo que no queda claro es que todos estos fueran galileos. Pero la lección de este episodio es doble: por un lado el comportamiento despótico de los gobernantes puede originar desgracias sin cuento; y, por otro lado, las víctimas de la desgracia no lo son por una culpabilidad especial, sino por las circunstancias que han tejido su destino; y de esa forma concluye el mismo JESÚS: “¿pensáis que aquellos galileos eran peores personas, que el resto de los galileos?” Esta pregunta retórica viene a decirles, que la culpabilidad no la pueden deducir de un comportamiento externo que no es controlable por uno mismo. Muchos inocentes mueren en guerras y atentados. Pero JESÚS aprovecha la ocasión para apelar a la conversión y aplicar aquel suceso como una metáfora de la verdadera desgracia, si la conversión personal no se lleva a término: “si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera”. La verdadera muerte opera por la falta de conversión. La parábola con la que concluye esta enseñanza da a entender que la conversión pedida por JESÚS va dirigida a la entrada en el Reino de DIOS, que ÉL está anunciando.

 

La torre de Siloé

Ahora es JESÚS quien propone otro caso, haciendo mención de un suceso conocido por aquellos: se trataba de los dieciocho fallecidos por el derrumbe de la torre cercana a la piscina de Siloé. “JESÚS pregunta: ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro, y si no os convertís todos pereceréis del mismo modo” (Cf. Lc 13,5). La arqueología atestigua la existencia de la piscina de Siloé, por lo que la conducción del agua a la piscina pudo haber afectado a la cimentación de aquella torre que aplastó a las dieciocho personas. Un accidente cualquiera puede poner fin a la vida de una persona en este mundo. El fin del trayecto por este mundo escapa a los cálculos personales y sólo DIOS sabe el día y la hora y de múltiples formas advierte JESÚS de este hecho que inquieta al corazón del hombre. La parábola del hacendado insensato, que pretende asegurar su vida y hacienda aumentando desmesuradamente sus graneros, es un nuevo ejemplo en san Lucas de las insensatas pretensiones humanas de perpetuarse en este mundo (Cf. Lc 12,16,21). Un accidente externo o un fallo biológico ponen término de forma súbita a la vida en este mundo. La alternativa que ofrece JESÚS es vivir en línea de conversión. Cada paso dado diariamente en el seguimiento de JESÚS es un verdadero acto de conversión, pues se realiza el esfuerzo de colaborar con la acción de la Gracia, que nos mueve hacia DIOS. Para el evangelio de Juan, la piscina de Siloé adquiere un significado especial. Al ciego de nacimiento, JESÚS le puso barro en los ojos y lo mando lavarse en la piscina de  Siloé, que significa “enviado” (Cf. Jn 9,6-7). Para no perecer se debe seguir el ejemplo del ciego de nacimiento curado: hacerse modelable por el único alfarero de la condición humana, y regenerar la visión en la LUZ que es JESÚS, el ENVIADO del PADRE.

 

Parábola de la viña y la higuera

JESÚS propone la sencilla parábola de “la viña y la higuera” para indicar la dirección que debe seguir la conversión de todo punto necesaria. La viña es la imagen que alude al Pueblo elegido y la higuera conjuga los tres años de ministerio público de JESÚS con la ausencia de frutos en el Pueblo. Durante tres años, el dueño de la viña busca los frutos y no aparecen, con lo que después de tres años se puede cortar la higuera, pero el labrador de la viña propone abonarla y prolongar un año más la espera de los frutos. Nosotros nos encontramos en el año de prórroga antes de cortar la higuera. JESÚS ofrece una impresión pesimista o realista de su propia misión. La abundancia de signos y dones en medio del Pueblo no estaban dando el resultado debido para desgracia de ellos y de la humanidad en general. Cada generación cristiana tiene la facultad de rescribir aquella parábola y darle un nuevo contenido, pero da la impresión que ese momento no ha llegado. La universalidad del Evangelio está en la razón de ser del ENVIADO de DIOS a los hombres. Se objeta en nuestros días, que el Cristianismo tiene que convivir con otras religiones de carácter universalista como el Islam o el Budismo, que se promociona decididamente en occidente; pero DIOS tiene sólo un único ENVIADO que es JESUCRISTO. No se nos ha dado ningún otro nombre por el cual podamos ser salvados, más que el de JESUCRISTO (Cf. 1Pe 1,18-19). El Concilio Vaticano II concedió a las otras religiones el contener semillas de verdad, por las que los hombres de buena voluntad pueden encontrar el camino de la Verdad. Ninguna religión acredita como el Cristianismo la actuación del SALVADOR. Lejos de adoptar una posición de superioridad humanamente hablando, los cristianos tenemos la grave obligación de ofrecer la revelación de DIOS en JESUCRISTO como el servicio más importante a la humanidad. Se ha puesto de moda el discurso ecologista y controlar la contaminación y velar por el planeta; tienen gran importancia los derechos humanos y procurar su cumplimiento; resulta imperioso salvaguardar los derechos de los trabajadores; pero la misión prioritaria de la Iglesia Católica y de todas las iglesias cristianas es anunciar a JESUCRISTO como único SALVADOR. Si este encargo se hace bien, el resto de urgencias se resolverán sin mayor dificultad.

 

San Pablo, primera carta a los Corintios 10,1-6,10-12

Las comunidades cristianas de Corinto asistidas por san Pablo no son ejemplares, pero gracias a sus grandes contrastes nos aportan valiosas lecciones. El capítulo diez de esta carta pone sobre aviso a los cristianos de Corinto sobre la elección recibida y la respuesta a la misma. DIOS les regala sus dones y los trata con gran Misericordia, pero deben mirar a lo sucedido con el Pueblo elegido. Ellos, los de Corinto, no pueden jugar o desafiar la Gracia recibida. San Pablo va subiendo el tono del capítulo hasta llegar al motivo principal de todas sus consideraciones: “no se puede participar de la mesa de los demonios y de la mesa del SEÑOR” (v.21). Los cultos idolátricos podían terminar en orgías con todo tipo de excesos. La mesa de los ídolos tenía que ser rechazada absolutamente, si se pretendía seguir al SEÑOR. Otras recomendaciones aparecen en este capítulo con respecto a la carne sacrificada a los ídolos, que se vendía en el mercado. El Apóstol no pone impedimento alguno a comprar y consumir la carne vendida en el mercado, que proviene del sacrificio a los ídolos, pero establece alguna excepción: la conciencia del hermano que considera ilícita esa carne sacrificada. La libertad de los fuertes debe ceder ante la conciencia de pecado de los débiles, pues no se puede herir la conciencia del hermano. El ídolo no es nada, pero el demonio está detrás del ídolo. La estatua del ídolo es algo inerme, pero el problema se plantea con la atribución a la entidad espiritual que está detrás de la representación.

 

Lo que ocurrió en figura

“Todas estas cosas sucedieron en figura para nosotros, para que no codiciemos lo malo” (v.6). En los versículos precedentes, san Pablo había enumerado una breve relación de las gracias recibidas por los israelitas, y el resultado en unos y otros según la respuesta de cada uno. La suerte de cada israelita no estaba garantizada por la pertenencia al Pueblo elegido. La pertenencia exigía una correspondencia personal. “Todos estuvieron bajo la nube, todos atravesaron el Mar. Todos fueron bautizados en Moisés por la nube y el Mar. Todos comieron el mismo alimento espiritual. Todos bebieron de la Roca espiritual que los seguía –CRISTO-. Pero la mayoría no fueron del agrado de DIOS y sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto” (v.1-5). Los de Corinto estaban participando de las realidades espirituales, que en figura estuvieron presentes en la antigüedad, pero incluso siendo plenas realidades espirituales, ellos no tienen nada garantizado sin la respuesta debida por la Fe, la Esperanza y la Caridad. San Pablo advierte que “todo eso fue escrito como advertencia para los que hemos llegado a los últimos tiempos. Así, pues, el que crea estar en pie mire no caiga” (v.11-12).

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