El evangelio de este segundo domingo de cuaresma (Lc 9,28b-36) describe la Transfiguración de Jesús. El episodio ha sido colocado después del primer anuncio de la pasión y revela la identidad de Jesús. Se trata de un pasaje bíblico que prepara a los apóstoles para superar el escándalo de la cruz y les ayuda a comprender la gloria de la resurrección.

Mediante la transfiguración, Jesús clarifica cual es el sentido de su futuro dramático: La glorificación sucederá después de ser rechazado y sufrir hasta la muerte; la muerte no es el final, ésta sucederá pero será vencida porque él es el hijo de Dios. La muerte ni el sufrimiento, nos los puede escandalizar; esta teofanía que ellos presencian debe prepararlos para reconocer la voluntad de Dios.

Jesús sube a una montaña con Pedro, Santiago y Juan para orar y mientras oraba, su rostro y sus vestidos se hicieron resplandecientes. En seguida, compartiendo su gloria, aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Hablaban de su muerte que iba a consumarse en Jerusalén. Moisés que es el representante de la Ley y Elías que representa a los profetas, hablaban de la pasión de Jesús. De este modo se establece una relación entre la transfiguración y la muerte de Jesús.

En este episodio de la Transfiguración, Dios se manifiesta de un modo parecido a la de otros pasajes bíblicos donde Moisés o Elías son los protagonistas. En el Antiguo Testamento Moisés había pedido ver la gloria de Dios (Ex 33, 18) pero sólo se le concedió verlo de espaldas; se trató de una revelación parcial. Moisés recibió además la misión de comunicar la ley de Dios a su pueblo. Fue en el Monte Sinaí donde Dios entregó las tablas de la Ley, ahí se les reveló.

Elías por su parte tuvo experiencias análogas; él también subió a la montaña donde Dios se le manifestó en una brisa suave. Elías recibió además la misión de ungir a un rey en Israel y consagrar a Eliseo como profeta.

También nosotros en la Transfiguración recibimos una revelación y una misión, Dios Padre nos muestra a su Hijo y nos invita a escucharlo. La revelación de Dios se nos muestra por medio del rostro de Jesús. “Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre, dice Jesús en el evangelio de Juan (Jn 14, 9). Jesús nos muestra la gloria divina. Es una revelación que impresiona a Pedro y a los otros apóstoles.

La misión que recibimos de Dios en la Transfiguración es la de escuchar a Jesús. Se trata de entrar en una relación discipular con él. A Jesús lo podemos escuchar cuando nos reunimos en la Eucaristía y se proclama su Palabra o cuando hacemos oración. Y Sobre todo cuando llevamos a la vida sus enseñanzas.

Pbro. José Manuel Suazo Reyes
Vocero de la Arquidiócesis de Xalapa

Pbro. José Manuel Suazo Reyes

Vocero de la Arquidiocesis de Xalapa. México.

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