Las tentaciones de Cristo y el ser humano

Las lecturas de este domingo colocan a Jesús en el desierto, lugar de encuentro con Dios y espacio de purificación, a donde es conducido por el Espíritu Santo, donde los ángeles le sirven y el diablo le tienta. Jesús, puesto en las manos del Padre, con la oración y el ayuno, supera estas tentaciones. Veamos.

La tentación es una obra del diablo, que presenta un mal bajo la apariencia de bien, usando para ello la artimaña del engaño o una debilidad personal. El tentador busca el lado débil de la persona, una necesidad actual, un problema  o un sentimiento negativo como el odio o rencor. Si la persona cae en ella, daña su integridad. Las tres grandes tentaciones del ser humano están en el tener, el poder y el placer.

 

  1. La tentación del TENER: los reinos

Se refiere a la posesión de las cosas materiales buscando en ellas la felicidad. La tentación funciona como engaño: hacer creer que la felicidad de la persona depende de ellas. Por ejemplo: “El dinero otorga toda la felicidad.” Esta tentación puede llevar al pecado del consumismo, la avaricia, el egoísmo, la codicia y la idolatría. La virtud con la cual se vence es la Templanza.  Jesucristo contestó al diablo: “Adorarás al Señor tu Dios”

 

  1. La tentación del PODER: la gloria

Se refiere a la obtención de un cargo, título o autoridad, de la cual depende nuestra dignidad. El engaño consiste en hacer creer a la persona que entre más alto sea el cargo o el rango que tenga, más dignidad tiene. Por ejemplo: “Soy el jefe y por ello valgo más”. Esta tentación puede llevar al pecado de la soberbia, el orgullo, la frivolidad, la prepotencia y la corrupción. La virtud con la cual se vence es la Humildad. Jesucristo contestó al Diablo: “A Él sólo servirás”

 

  1. La tentación del PLACER: el pan

Se refiere al goce o disfrute de la vida de la cual depende el bienestar general de la persona. El engaño  consiste en hacer creer que todo el bien de la persona depende del placer. Por ejemplo: “a mayor placer, mayor bienestar integral”. Pero el placer es pasajero, momentáneo y fugaz. Esta tentación puede hacer caer en el pecado de la lujuria, la gula y el adulterio. La virtud con la que es posible vencerla es con la Fortaleza. Jesucristo le contestó al diablo: “No sólo de pan vive el hombre”

Jesucristo nos da ejemplo que con el ayuno y la oración podemos mortificar el cuerpo y fortalecer el alma y, de este modo vencer las tentaciones.  La cuaresma es un tiempo propicio para llevar a cabo ejercicios que nos posibiliten llegar a la Pascua con un corazón limpio y un espíritu fortalecido. En este tiempo, dejémonos guiar por el Espíritu santo, quien nos sostendrá en nuestras debilidades y nos fortalecerá en las tentaciones.

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