El camino para vencer las tentaciones

El evangelio que escucharemos en este primer domingo de cuaresma (Lc 4, 1-13) habla de las tentaciones que Jesús tuvo en el desierto. San Lucas insiste en el papel del Espíritu Santo y cómo éste es el que guía y sostiene a Jesús. De hecho se señala que fue el mismo Espíritu Santo el que condujo a Jesús al desierto. Luego de cuarenta días en ese lugar solitario, Jesús fue tentado por Satanás, el demonio le propuso a Jesús utilizar su condición de Hijo de Dios en beneficio propio; ésta es la estrategia del maligno para hacer caer a las personas; dejarse llevar por estas tentaciones hubiera significado abandonar el proyecto de Dios y dejarse seducir por la conveniencia peronal. Pero Jesús supera todas las pruebas del maligno porque se mantiene fiel a su Padre y con ello nos enseña el camino de cómo vencer las tentaciones.

Este pasaje evangélico nos ayuda a reflexionar en primer lugar sobre el significado bíblico del desierto.

El desierto tiene varios significados en la Biblia, uno de ellos es el que aparece en este relato. El desierto aparace aquí cómo el lugar de la prueba, recordemos que en el desierto fue tentado también el pueblo de Dios y lamentablemente allí sucumbió y lo mismo le sucede a uno si no se mantiene en comunión con el Espíritu del Señor, el desierto puede convertirse en nuestra propia ruina. En la experiencia dura del desierto, Satanás aprovecha cualquier situación de necesidad para apartar de Dios a sus hijos y engañarlos con seducciones atractivas.

Ciertamente el desierto es además el espacio adecuado para purificarse de falsas seguridades, y con la ayuda de la gracia de Dios, vivir también un encuentro con el Señor. Es también lo que nos enseña San Lucas con esta experiencia de Jesús. En el desierto Jesús venció la tentación, la venció porque él estaba lleno del Espíritu Santo y porque con esa fuerza enfrentó también a Satanás.

Es importante observar los pasos que sigue Jesús para superar la tentación: Lo primero que aparece es que nuestro Señor Jesús da la primacía a Dios. Así lo revela cuando Jesús dice expresamente que al único que hay que adorar y servir es a Dios, porque todos los demás valores son relativos. Todas las cosas son bellas y buenas y conservan un valor propio, sólo que cuando se les comparada con Dios, todas las cosas pasan a segundo término. Dios es un valor fundamental para nosotros y no es negociable. Jesús superó las tentaciones porque le dio el primer lugar a Dios.

Lo segundo que nos enseña este pasaje bíblico es que para vencer la tentación y no caer en sus atractivas ofertas, es menester no ponerse a dialogar con ella. Ante la tentación uno debe ser drástico y decidido. Pues cuando se conversa con ella, como sucedió en el Edén a Eva, uno termina vencido y alejándose de Dios. La tentación se vence cuando se le trata como Jesús de forma drástica.

Por último una enseñanza más de este pasaje evangélico es el valor que tiene la Sagrada Escritura para el creyente. Cuando se presenta la tentación uno tiene en la Sagrada Escritura un recurso importante para derrotarla. Como Jesús que a cada tentación que le va poniendo el demonio, el cita pasajes bíblicos para desarmar los argumentos de Satanás. En la Sagrada Escritura tenemos un apoyo fundamental para superar las tentaciones. La Biblia encierra un tesoro de sabiduría y hace sabio al que la lee y profundiza.

Pbro. José Manuel Suazo Reyes
Vocero de la Arquidiócesis de Xalapa

Pbro. José Manuel Suazo Reyes

Vocero de la Arquidiocesis de Xalapa. México.

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