Hacer el bien, evitar el mal

Las lecturas de este domingo se centran en el perdón, el amor y la oración por los enemigos; actitudes basadas en el principio de la misericordia de Dios por el ser humano, pues debemos tratar a los demás como Dios nos ha tratado a nosotros. Veamos.

 

  1. SEAN MISERCORDIOSOS COMO VUESTRO PADRE ES MISERICORDIOSO

La misericordia es el modo ordinario de obrar de Dios, es algo común en su proceder. Obra así por amor. La misericordia es el amor compasivo de Dios por el ser humano. Dios muestra su misericordia al perdonarnos y mandar a su propio hijo para rescatarnos, dando la vida por nosotros, los pecadores. Su misericordia es eterna e infinita, sin distinciones ni condiciones. ¿Cómo ser misericordiosos? Amando a los demás, siendo compasivos con ellos, tratándolos con respeto, viéndolos como hermanos, perdonándolos y ayudándolos en sus necesidades.

 

  1. CON LA MISMA MEDIDA QUE MIDAN, SERÁN MEDIDOS

La medida del obrar del cristiano es el amor, no puede ser otra regla ni otra convicción. Amar como Dios nos amó (cf. Jn 13,34), perdonar como Dios nos perdonó y no juzgar como Dios no nos juzgó. La madre Teresa de Calcuta enseñaba a sus religiosas que debían amar hasta que les doliera, Jesucristo nos enseñó amar hasta el extremo de dar la vida por los amigos (cf. Jn 15,13-14). La regla no es la Ley del Talión (cf. Mt 5,38-42) sino la ley de la misericordia: no devolver la ofensa sino perdonarla, no odiar a los enemigos sino amarlos y orar por ellos (cf. Rom 12,14-20). Ser misericordiosos significa tener un amor compasivo con nuestros hermanos, es decir, sufrir con ellos y hacernos cargo de sus padecimientos (cf. Rom 12,12-13).

 

  1. TRATEN A LOS DEMÁS COMO QUIERAN QUE ELLOS LOS TRATEN A USTEDES

¿Cómo queremos que nos traten? Que nos traten como personas, como seres humanos, como hijos de Dios: con respeto, con amor, con cariño, con paciencia, con humildad, con tolerancia. Que nos traten bien: de una manera justa y con empatía. Tratar bien a las personas les transmite seguridad, alta autoestima y confianza en sí mismas. Es importante darle a cada persona su lugar, su espacio, su tiempo y su valor. El buen trato implica un saludo amable, un bonito gesto, una sonrisa, un apretón de manos, un abrazo, ser hospitalarios, compartir un bien, escuchar al otro, ser comprensivos, pacientes y tolerantes (cf. Rom 12, 9-13). Jesucristo nos trató con amor, con compasión y misericordia. Nos trató como amigos, como hermanos y como discípulos (cf. Jn 15,14). ¿Cómo nos tratamos nosotros?  ¿Cómo estamos tratando a los demás?

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