Investigación sobre los favoritos y los réprobos del papa Bergoglio. Con un sucesor en la carrera, o más bien, dos

ACNfebrero 3, 2022

La verificación es simple. Basta yuxtaponer en un cuadro sinóptico las gestiones del Papa Francisco con la Comunidad de Sant’Egidio, con el monasterio de Bose y con los Caballeros de Malta, para ver cuán contradictorios son sus criterios de gobierno, sus volubles simpatías y su indescifrable juicios

Con Sant’Egidio el idilio del Papa florece eternamente, con el fundador de Bose Enzo Bianchi el amor del pasado se ha trastocado en aversión, con los Caballeros de Malta es una alternancia de abrazos y castigos. Sin que Francesco nunca dé las razones de todo esto.

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Con los Caballeros de Malta, la secuencia de cardenales a los que ha confiado el cuidado de la Orden es ya una prueba demasiado elocuente del sorprendente progreso de Francisco. Al cardenal patrón Raymond L. Burke, adjunto a este cargo en 2014 tras ser destituido, canonista de valor, como prefecto del tribunal supremo de la firma apostólica, el Papa superpuso en 2017 como su delegado especial Giovanni Angelo Becciu, luego en 2020 sensacionalmente destituido de todos sus cargos e incluso de los “derechos” del cardenalato y reemplazado en la Orden de Malta por el cardenal Silvano Tomasi. Todo esto sin que Francisco haya dado nunca ninguna justificación por la caída en desgracia de los dos primeros, el segundo de los cuales fue condenado “a priori” por el Papa incluso meses antes de que comenzara el juicio en su contra en el Vaticano.

No solo. Mientras que al principio el Papa había obligado perentoriamente a dimitir al entonces Gran Maestre, el británico Matthew Festing, acérrimo defensor junto al cardenal Burke del perfil espiritual y de la fidelidad doctrinal de la Orden, y se había puesto del lado de los opositores internos encabezados por el Gran Canciller, el alemán Albrecht Freiherr von Boeselager, con una tendencia más “laica”, hoy los papeles se han invertido, y es Francisco, tomando todas las decisiones e imponiendo la obediencia a todos, de querer reforzar el aspecto religioso de la Orden y su subordinación a la Santa Sede, frente a Boeselager y sus seguidores que en cambio reclaman espacios para el laicismo y la autonomía. Aquí también, sin que el Papa explique nunca la razón de este cambio de rumbo, recibiendo en audiencia de vez en cuando a uno y otro de los contendientes y mostrando cada vez que está de acuerdo con el interlocutor del día.

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Respecto al fundador del monasterio de Bose, la ruptura amorosa entre él y el Papa Francisco no fue menos impactante, y también quedó sin explicación.

En 2019, Francesco había nombrado a Enzo Bianchi consultor del consejo pontificio para la unidad de los cristianos. Pero esto fue solo el signo de una larga solidaridad entre ambos, cimentada por la formidable red de relaciones que el fundador de Bose mantuvo con cardenales y obispos entre los más apreciados por Jorge Mario Bergoglio y más aún con jefes de ortodoxos y protestantes. Iglesias en excelentes relaciones con el Papa actual, a la cabeza el patriarca ecuménico de Constantinopla Bartolomé y el primado de la comunión anglicana Justin Welby.

Entonces, de repente, el rayo de Francisco cae sobre Bianchi, culminando con el decreto del 13 de mayo de 2020 que lo condena a “separarse” en espíritu y cuerpo de Bose, firmado por el secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, pero aprobado por el Papa “en particular”. forma”, por lo tanto definitiva e inapelable.

Bianchi no obedece mansamente el “dictado”. E incluso sus partidarios resisten, quienes inicialmente asignan la trama de repudio a cortesanos no especificados del Papa. Pero un año después, el 15 de junio de 2021, incluso el fanático más conocido de Bianchi y Bergoglio, el historiador de la Iglesia y líder de la llamada “escuela de Bolonia” Alberto Melloni, culpa directamente a Francesco de la ruptura por primera vez.

Hoy en Bose hay un nuevo prior, Sabino Chialà, elegido el pasado 30 de enero con la aprobación del Vaticano. Pero Bianchi no se rindió ante la pérdida de su antiguo amor. Sigue escribiendo, dando conferencias, cultivando su red internacional y ecuménica de amistades. Y compró una gran masía a unos diez kilómetros de Bose, en Albiano d’Ivrea, que, cuando sea renovada, lo albergará junto a la docena de monjes que se alojan con él.

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En cuanto al caso de la Comunidad de Sant’Egidio, Settimo Cielo ya ha aportado los rasgos esenciales en este post del pasado 12 de octubre:

> Cónclave a la vista, operación Sant’Egidio

No es ningún misterio que la Comunidad aspira a que el cardenal Matteo Zuppi, actual arzobispo de Bolonia y miembro destacado desde sus orígenes, sea elegido Papa en el futuro cónclave. Como tampoco escapa a los entendidos que el gobernante de facto de la Iglesia, si Zuppi fuera elegido Papa, sería Andrea Riccardi, el omnipotente fundador y cabeza de la Comunidad, antes y por encima de él.

Esto evidentemente conviene a Francisco, dados los continuos y amorosos signos de aprecio que muestra por la Comunidad de Sant’Egidio y sus líderes, frente a las medidas punitivas que reserva a casi todos los demás movimientos eclesiales, más o menos molestos a él.

Por ejemplo, el límite máximo de 10 años de presidencia que impuso a los líderes de los movimientos con un decreto del pasado 3 de junio, Francisco lo activó para el líder de Comunión y Liberación Julián Carrón, quien fue obligado a dejar el cargo abruptamente. Pero el Papa tiene cuidado de no hacerlo válido para Marco Impagliazzo, que preside ininterrumpidamente la Comunidad de Sant’Egidio desde 2003, es decir, desde hace casi veinte años.

Similar diferencia de trato es también la que adopta Francisco respecto a las páginas oscuras de uno u otro movimiento eclesial. Con algunos de estos movimientos Francisco ya ha actuado sin tregua, con investigaciones, comisionados y condenas. Pero no con Sant’Egidio, siempre perdonado por él. Porque incluso la historia de esta comunidad, detrás de la fachada luminosa, está marcada por las luchas de poder, por la intemperancia del sexo, por las jerarquías internas muy rígidas, por los matrimonios forzados y por lo tanto nulos resultados de los que Settimo Cielo ha aportado la documentación judicial, por no decir hablan del estudiado eclipsamiento de algunos miembros de alto rango de la Comunidad con un pasado que no es impecable.

Y es que la Comunidad de Sant’Egidio es una potencia como nunca antes, sobre todo gracias a los golpes de suerte de los que se ha beneficiado en las últimas semanas, con sus dos máximos exponentes, Zuppi y Riccardi, como protagonistas.

El cardenal de Bolonia gozaba ya de una amplia reputación internacional, pero el pasado 14 de enero tuvo el honor adicional de presidir en Roma los funerales de Estado del fallecido presidente del parlamento europeo David Sassoli, compañero de estudios suyo en su juventud en el “Virgilio” De Roma, donde se formó el primer núcleo de Sant’Egidio. Naturalmente en presencia de los principales líderes políticos de Italia y Europa.

Además, todavía hay muchas posibilidades de que Zuppi sea el próximo nuevo presidente de la conferencia episcopal italiana, que corresponde a Francisco elegir entre los tres obispos más votados en la asamblea plenaria cercana en mayo. Quedando entendido que el Papa podría nombrar a otro, precisamente para evitarle a Zuppi las molestias de una presidencia difícil.

Pero por si fuera poco, en los últimos días Riccardi incluso tuvo que figurar entre los candidatos a la presidencia de la república italiana, que al final vio reelegido a Sergio Mattarella el 29 de enero, pero con el fundador de la Comunidad de Sant’Egidio complacido.del secretario del principal partido de izquierda, Enrico Letta, incluso del título de “nuestro perfil ideal de presidente”, que “tuvimos el honor de decirle al país” como “hermosa personalidad, una de las mejores personalidades de nuestro tiempo”.

Una vez desvanecida la subida al palacio presidencial (y en el pasado papal) del Quirinale, las posibilidades de acceder a la silla de Pedro permanecen intactas, si no fortalecidas, para la Comunidad de Sant’Egidio. Se dice que Zuppi y Riccardi quieren continuar el camino iniciado por Francisco de una forma más ordenada y sin los desequilibrios de carácter que dañan el pontificado actual. Pero tal vez, precisamente esa continuidad entre ellos y Bergoglio, dada la creciente y generalizada intolerancia hacia la forma en que hoy se gobierna la Iglesia, podría volcar su destino en cónclave.

 

Por SANDRO MAGISTER

SETTIMO CIELO

CIUDAD DEL VATICANO.

JUEVES 3 DE FEBRERO DE 2022.

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