Función del símbolo

Pablo Garrido Sánchezenero 16, 202259 min

Ante la incapacidad de referirse verbalmente a distintas realidades se recurre a elementos  sensibles, que de forma convencional adquieren un significado preciso. Los símbolos surgen y pertenecen a los distintos ámbitos en los que se mueve las relaciones humanas. No se puede besar a la patria, pero se puede besar la bandera que la representa. Unos deportistas y sus seguidores en un país distinto se trasladan emocionalmente a su patria al escuchar el himno nacional. En un momento dado los propios nacionales pueden ver que afloran los sentimientos de adhesión y raigambre por el suelo patrio, al escuchar ese himno que crea por unos instantes unos lazos que  trascienden a los allí reunidos, y evoca gestas nacionales pertenecientes a la identidad de la nación. Las vivencias religiosas, por su parte, están relacionadas con un gran número de símbolos por la naturaleza misma de las realidades que entrañan dicho universo. Lo que vivimos ahora en el momento presente se enfrenta, en el campo religioso, a lo totalmente distinto en cierto sentido. Lo que experimentamos en las coordenadas del espacio y el tiempo, entendemos que debe encontrar puentes que nos acerquen a las realidades más allá del tiempo y del espacio presentes, situándose en el vértice de la trascendencia el mismo DIOS, del que estamos absolutamente incapacitados para hacer imagen alguna pertinente. La humanidad de JESUCRISTO no es un símbolo de DIOS, sino que es DIOS mismo que se ha humanizado: “Felipe, quien me ve a MÍ, ve también al PADRE” (Cf. Jn 14,9). JESUCRISTO no es un símbolo que aparezca entre nosotros para hablar de alguien u otra cosa distinta de SÍ mismo, pero alrededor de esta corporeidad del DIOS hecho hombre hemos dispuesto un  conjunto básico de símbolos cristianos que nos aproximan a ÉL como la Segunda Persona de la TRINIDAD. Algunos de esos símbolos nacen directamente de los propios evangelios: el símbolo del “Buen Pastor”, el de la “Vid verdadera”; El símbolo del “Cordero degollado” para significar el sacrificio del REDENTOR; lo mismo que la “Cruz” representa el patíbulo donde fue muerto JESÚS. El “Agua Viva”, el “Viento del Cielo” o el “Fuego en forma de pequeñas llamas”, representan la presencia y acción del ESPÍRITU SANTO. El pan y el vino en la Santa Misa se presentan en el ofertorio de la celebración como referencia a la profusión y abundancia de gracias dispensadas por DIOS, y así reza el sacerdote: “Bendito seas SEÑOR por este pan fruto de la tierra y del trabajo del hombre”; y lo mismo declara el ministro ordenado cuando ofrece el vino al SEÑOR, que junto con el pan necesitan de una acción especial del ESPÍRITU SANTO para dejar su condición de símbolos y convertirse, entonces, en JESUCRISTO EUCARISTÍA. Cuando el cristiano tiene viva conciencia del tránsito producido en la Misa, de símbolo a realidad, tiene en su haber uno de los datos más autorizados para declarar que el Cristianismo en su vertiente católica y ortodoxa es la única y verdadera religión. Los hermanos cristianos de otras iglesias han decido, desde Lutero, renunciar a todos los sacramentos excepto el Bautismo, por lo que carecen del ministro ordenado que provea la Presencia Eucarística, que es JESÚS mismo. Para nuestros hermanos evangélicos, luteranos, calvinistas, anglicanos y metodistas, el pan compartido en sus cenas rituales tiene un estricto carácter simbólico, y tienen razón, porque carecen de la potestad del ministro ordenado con el sacerdocio de JESUCRISTO Cabeza.

 

Algunos símbolos recogidos en los evangelios

La sal y la luz las toma JESÚS como símbolos del comportamiento de los discípulos en medio del mundo: “vosotros sois la sal de la tierra” (Cf. Mt 5,13). La sal sugiere dos aplicaciones  fundamentales: la de sazonar y conservar los alimentos; pero estas dos funciones las realiza la sal porque la sal mantiene su cualidad hasta el final. La sal si cambia su composición ya no se puede identificar como tal elemento. Podríamos decir aplicando que el cristiano lo es, mientras que mantiene su composición cristiana en sus elementos básicos, de lo contrario, pierde sus características, y según JESÚS no aporta algo de lo que el mundo está necesitado. De modo similar sucede con la imagen de la luz: “vosotros sois la luz del mundo” (Cf. Mt 5,14). La luz permite reconocer todo lo que materialmente existe alrededor, pero la luz en sí misma no es vista. Se puede ver el sol o una lámpara pero allí lo que apreciamos es un objeto luminoso, pero no la luz en sí misma. La luz se dispersa e irradia desde el objeto luminoso para que todos alrededor vean el mundo físico presente. Un gran símbolo encontró JESÚS para el cristiano en el mundo: se puede apreciar en él una presencia luminosa, pero la luz del cristiano emana sin que él lo pretenda o se dé cuenta para beneficio de los que están alrededor. El cristiano es como una lámpara, en el mejor de los casos, pero no es él la LUZ.

 

Símbolos dirigidos hacia la comunidad

Serían necesarias muchas charlas por parte de JESÚS para dar a entender algo sobre el Reino de DIOS. El recurso a las parábolas permite adecuar la comprensión de las mismas al ritmo espiritual de cada uno. El sembrador, el trigo, la semilla, la mostaza, la perla o el tesoro, ofrecen un campo de juego suficiente para desenvolver un contenido doctrinal. “El Reino de los Cielos es semejante…”, es la introducción más recurrida para ofrecer un breve relato o pequeña historia donde el símbolo está presente. “El tesoro escondido”, por ejemplo, es el símbolo que representa el motivo central de la parábola. Alguien escondió el tesoro pero no se dice quién lo hizo, ni con qué objeto, aunque diera la impresión que podría haber sido escondido para ser encontrado por el buscador de tesoros. Una verdadera comunidad cristiana es un gran tesoro en el campo de la Iglesia, que únicamente se puede comprar al precio de la Sangre de JESUCRISTO. Semejante adquisición es del todo extraña a los procedimientos mercantiles humanos, pues la ley de la contraprestación está sustituida, por la ley de la Gracia. “El Tesoro Escondido” contiene todo tipo de joyas, metales y piedras preciosas, que pueden hacer alusión a cada uno de los miembros de una comunidad, que personalmente uno no se ha procurado, sino que se la encontró por Gracia. La comunidad cristiana no es la familia de sangre o el grupo de amigos, sino los que el SEÑOR va convocando con sus aciertos y errores, virtudes y pecados. Esa comunidad dada y no seleccionada personalmente, es semejante a la comunidad de las moradas eternas. Ambas estancias, la sociedad humana y la fraternidad celestial viven gracias a la acción redentora de JESUCRISTO. Otros símbolos que evocan a la comunidad eclesial forman parte principal de la narración evangélica y el Nuevo Testamento como la “barca de Pedro”, para aludir a la Iglesia; la “red” utiliza en la pesca, para significar la actividad evangelizadora; el propio “Lago de Galilea”, para ofrecer una imagen de un mundo en tensión con la misma Iglesia; el “Cuerpo humano” como imagen de la diversidad de carismas dentro de la Iglesia (Cf. 1Cor 12,4-11); y el “Matrimonio” como la realidad humana y cristiana que remite a la unión de CRISTO con la Iglesia (Cf. Ef 5,21ss). Después de la destrucción de Jerusalén y el Templo, en el año setenta, la Jerusalén terrena permanece como imagen de la Jerusalén Celeste, que como novia ataviada desciende del Cielo para encontrarse con su ESPOSO (Cf. Ap 22,2).

 

La singularidad del profeta

Cuando Israel comienza a volver del exilio forzado hacía más de cincuenta años el panorama nacional es penoso. En el corazón del profeta se entrelazan las aspiraciones del Pueblo y las promesas de YAHVEH, pues el tiempo de la corrección y la prueba se ha cumplido. El profeta vislumbra un futuro marcado por acontecimientos divinos, sin que necesariamente mejoren las condiciones humanas. No es el profeta un augur de victorias bélicas, un consultor que predice mirando a los astros o un nigromante que consulta a los espíritus. Sobre todo lo anterior pesa una condena bien definida, pero la naturaleza profética no precisa tener en cuenta esas restricciones, pues su corazón es recinto de YAHVEH, hasta el punto de encontrarse envuelto  en la LUZ muy por encima de la época espiritual que le corresponde: “no será para ti el sol luz del día, ni la luna te alumbrará de noche, sino que tendrás a YAHVEH como LUZ eterna y a tu  DIOS por tu hermosura” (Cf. Is 60,19; Ap 22,5). El Israel de DIOS vivirá en la Jerusalén Celeste, pero cuatrocientos años antes de la aparición del MESÍAS el profeta habla a los suyos con categorías cristianas sin caer en la cuenta por su parte. Este profeta inscribe su profecía  en el libro de Isaías, aunque dista del primer Isaías doscientos años.

 

El pacto nupcial

La Biblia es el testimonio escrito del diálogo, encuentros y pactos realizados por YAHVEH con su Pueblo por medio de los patriarcas y los profetas. Entre las fórmulas elegidas para realizar  los pactos tenemos la fórmula nupcial. El Cantar de los Cantares, diversos Salmos y distintos testimonios proféticos resaltan las formas esponsales para referirse a la relación y compromiso que DIOS establece con el Pueblo de Israel. En este segundo domingo ordinario, la primera lectura recoge uno de estos pasajes contenidos en el profeta Isaías: “lo mismo que se casa el joven con su novia, se casará el SEÑOR contigo; y con gozo de esposo se alegrará por ti tu DIOS” (Cf. Is 62,5). Estas palabras se han cumplido objetivamente con la del ENVIADO de DIOS, JESUCRISTO. Juan Bautista, en el evangelio de san Juan, se reconoce como precursor y habla de JESÚS como el CORDERO de DIOS, pero también como el NOVIO, del que Juan se siente su amigo (Cf. Jn 3,29). En un momento dado, JESÚS les dice a sus adversarios, que por el momento sus discípulos no pueden ayunar, “porque el NOVIO está con ellos; pero días vendrán en los que el NOVIO les sea arrebatado, y entonces ayunarán” (Cf. Mt 9,15).

 

El entusiasmo profético

“Por amor de Síon no he de callar, por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que aparezca como resplandor su Justicia, y su salvación llamee como antorcha” (Cf. Is 62,1). En el Monte Síon faltaba el Templo, porque años antes había sido destruido. Los profetas anhelaban un nuevo Templo con un esplendor y grandiosidad superior al primero construido por el gran Salomón. De forma objetiva para el devoto israelita, la gloria de DIOS se visibilizaba en la magnificencia de un gran Templo, y YAHVEH no iba a frustrar esos santos deseos. El gran Templo vendría años después pero por unas vías poco predecibles. JESUCRISTO es en realidad el Nuevo Templo, porque en ÉL reside la GLORIA de DIOS en plenitud. Ciertamente,  los israelitas, pudieron asistir a la grandiosidad del segundo Templo en los tiempos de Herodes el Grande, que mejoró la construcción y todo su emplazamiento. Pero el profeta espera Salvación por parte del DIOS que lo inspira y le muestra veladamente sus designios. Como el profeta Jeremías la palabra recibida no se puede encerrar en uno mismo y es necesario proclamarla con fuerza (Cf. Jr 20,9).

 

Tocado por el Dedo de DIOS

“Verán las naciones tu Justicia y todos los reyes te llamarán con un nombre nuevo, que YAHVEH declarará” (Cf. Is 62,2). El  profeta declara lo que YAHVEH le revela para el futuro, cuando Israel sea admirado por la visible manifestación de DIOS en él. Nos sorprendemos de la capacidad que el pueblo judío tiene para resurgir de las persecuciones extremas a las que se ha visto sometido a lo largo de su historia. Observando lo anterior, se reconoce que no se han cancelado del todo las promesas realizadas por DIOS a lo largo del Antiguo Testamento; pero el cambio de época ha tenido lugar y las promesas definitivas llevan el sello de JESUCRISTO, por lo que estas palabras del profeta hay que aplicarlas con propiedad al pueblo cristiano, que en los momentos actuales vive horas críticas. Por otra parte, la promesa del SEÑOR sigue inamovible: “los poderes del infierno no podrán contra mi Iglesia” (Cf. Mt 16,18). El Nuevo Pueblo de DIOS es la Iglesia de JESUCRISTO, por la que Él vertió su sangre como sacrificio único y de valor infinito. La Salvación y la Justicia brillarán para todas las naciones en la Iglesia de JESUCRISTO no por los méritos de los hombres, sino en virtud de la Salvación y Justicia que descansa en ÉL.

 

Perfeccionada por la Gracia

“Serás corona en la mano de tu DIOS, y diadema real en la palma del SEÑOR” (Cf. Is 62,3). La corona y la diadema son símbolos de la realeza. El Pueblo elegido es un Pueblo de reyes, con vistas a constituirse en una nación santa (Cf. Ex 19,6:1Pe 2,9). El Pueblo elegido le pertenece al SEÑOR en todos sus extremos, y no es abandonado, incluso, en los tiempos de alejamiento e infidelidad, porque DIOS es fiel a su promesa de Justicia y Salvación. Toda la acción y predilección divina es un acto de absoluta gratuidad. Nada tiene el hombre para merecer el favor divino, aunque la separación de DIOS es fuente de todos los males. El Pueblo destrozado por el alejamiento de DIOS siempre es recuperable y devolverle el esplendor del hijo fiel.

 

Una Tierra Nueva

“”No se dirá de ti “abandonada”, ni a tu tierra devastada. A ti te llamarán “mi complacencia”, y a tu tierra desposada; porque YAHVEH se complacerá en ti y tu tierra será desposada” (Cf. Is 62,4). Nunca más la tierra se verá privada de la bendición y el favor de DIOS, porque esta desposada con AQUEL que nunca rompe su alianza. La protección  de DIOS se establece bajo el vínculo del amor más fuerte y apasionado: el amor conyugal de juventud. Bajo esta convicción, el profeta anticipa una edad esplendorosa, en la que el Pueblo elegido superará  los momentos mejores del pasado. La Tierra se torna nueva ante la presencia de DIOS que   vuelca toda su predilección en ella. El domingo pasado se escuchaba en la liturgia estas palabras: “Este es mi hijo amado, el PREDILECTO” (Cf. Lc 3,22) Otras versiones del mismo versículo aportan matices diferentes: “Este es mi HIJO, Yo te he engendrado hoy”. Ahora está el HOMBRE adecuado sobre la tierra, para que esta produzca los frutos que DIOS quiere. Este HOMBRE viene dispuesto  a devolver a la Tierra la finalidad para la que fue creada, pues trae consigo “la recompensa y el salario” (Cf. Is 40,10). Las profecías se quedaron escasas y el lenguaje poético dejó atrás todas las metáforas para ver cumplidas en JESUCRISTO las  previsiones más audaces: DIOS mismo, en la persona del HIJO se desposa con la humanidad, en un pacto de sangre, que se establece por toda la eternidad. Nuestra Tierra ya no es la misma desde que el VERBO de DIOS puso su tienda entre nosotros (Cf. Jn 1,14). Sólo por AMOR, DIOS realiza todo eso a favor de nosotros los hombres, no siempre fieles y agradecidos. El gozo del ESPOSO, que preconiza este texto, en el siguiente versículo, estuvo precedido de la entrega dolorosa y cruenta. El ESPOSO demostró el Amor hacia la Tierra, su esposa, derramando hasta la última gota de su sangre, sin que debamos entender esto como una imagen o símbolo. El crudo realismo de la Pasión de JESUCRISTO revela hasta el extremo quién es DIOS y quién es el hombre.

 

Preliminares del evangelio de san Juan

El evangelio de san Juan describe una trayectoria diferente de los evangelios sinópticos, y establece el comienzo de la vida pública de JESÚS dentro de una escena familiar en Caná de Galilea se da por supuesto que JESÚS acude a la boda de unos parientes acompañado de los primeros discípulos venidos del grupo que seguía a Juan Bautista: Juan, Andrés, Pedro, Felipe y Natanael. Juan Bautista indicó a sus seguidores, que JESÚS era el CORDERO de DIOS que  había venido para quitar el pecado del mundo (Cf. Jn 1,29). Además, Juan había sido testigo de la efusión del ESPÍRITU SANTO que se había manifestado en JESÚS, indicando al mismo tiempo que ÉL era el MESÍAS esperado. Esa manifestación no la podía silenciar del todo, y sentía la obligación de comunicar el hecho a los seguidores suyos mejor preparados para recibir esta gran revelación. Esta misión  transmisora de Juan Bautista no está suficientemente ponderada, pero es de una importancia capital. Una vez más, Juan Bautista demuestra ser un hombre de DIOS, que actúa con prudencia y movido por el ESPÍRITU SANTO. No todos tenían que oír de sus labios el testimonio de quién era JESÚS, tan sólo algunos de los discípulos que lo seguían. No obstante todos habrían de recorrer un camino de Fe, pues el comportamiento de JESÚS rompió las previsiones de todos los que lo rodearon. El que había pasado por el Jordán para ser bautizado y prolongado su estancia en el desierto durante cuarenta días, era el VERBO eterno de DIOS, que estaba dispuesto a plantar su tienda entre los hombres para siempre. A todos los que lo iban a recibir les confería ser hijos de DIOS nacidos a esta filiación por una acción estrictamente espiritual: comenzaba la recta final de la Redención, que duraría unos tres años.

 

Un comienzo desconcertante

El MESÍAS identificado por Juan Bautista comienza su ministerio público en el marco familiar de la celebración de la boda de unos parientes, que lo habían invitado junto con su MADRE.  JESÚS va a enseñar un tipo de ascesis espiritual compatible con el uso conveniente de las cosas buenas de la vida cotidiana. La revelación o manifestación del MESÍAS de DIOS se va a producir en medio del acontecer diario de la vida de sus vecinos, amigos, familiares, extraños, extranjeros, gentes de las aldeas, pueblos y ciudades. Muchos de los pasajes evangélicos se van a escribir con ocasión de controversias y trampas dialécticas, que los grupos religiosos oficiales  traman para  obtener algún argumento de suficiente peso para iniciar un proceso de condenación hacia JESÚS. Pero también en estos casos el carácter de JESÚS como el MESÍAS enviado por el PADRE va a prevalecer sobre cualquier otra consideración.

 

Al tercer día

Tanto el evangelio de san Juan como los sinópticos recurren a la figura retórica del “tercer día” para ofrecer algún acontecimiento de importancia. En este caso, lo que sucede “al tercer día” es la celebración de la Boda de Caná, en la Baja Galilea, que distaba de Nazaret unos catorce kilómetros. Pero siguiendo la línea tratada por el evangelio de Juan, los tres días hasta Caná de Galilea se consideran desde el momento que es identificado por Juan Bautista. Según leamos los datos, los tres días pueden aportar una cronología precisa, por cuanto la distancia a cubrir desde la zona del bautismo de Juan hasta Caná de Galilea pueden emplearse los tres días a una media de cuarenta kilómetros diarios; o mantener la expresión como un recurso  teológico pues en ese periodo de tres días quedarían incluidos los días transcurridos desde el primer encuentro entre Juan y JESÚS con motivo de su bautismo, el paso por el desierto y la vuelta del mismo camino de la Galilea. El evangelio de san Juan omite la escena del bautismo de JESÚS, aunque el Bautista lo testimonia; así mismo, tampoco se mencionan los cuarenta días en el desierto, que los sinópticos al unísono marcan con todo el énfasis posible. El tercer día declara la verdad y el misterio encerrado en la acción de DIOS, que se gestó en los días previos. No es ajeno este versículo inicial del segundo capítulo, al hecho conclusivo y triunfal  de la Resurrección al tercer día, que ocupará las últimas líneas del evangelio de san Juan y de los sinópticos.

 

Vida familiar

Las bodas eran caras por la prolongación de su celebración y el número de invitados. Una familia de economía básica podía quedar empeñada durante años, si no medía bien los gastos  de la boda. Parece que esta familia, parientes de JESÚS, tenían una economía familiar ajustada, que no permitía grandes dispendios, pues en un momento de la celebración el vino se terminó, y no parece que se pudiera disponer de recursos para proveer rápidamente. Por tanto, tenemos un indicio de la proximidad familiar, la estima y aprecio que esta familia dispensaba a la familia de Nazaret. El evangelista san Juan no nos dice nada de quiénes eran estos parientes, y son las fuentes apócrifas las que aportan datos siempre muy cuestionables.   En aquella celebración se encuentran MARÍA con otros parientes venidos de Nazaret, y JESÚS que sin previo aviso se presenta con cinco personas inesperadas: los cinco discípulos recién llamados. Todavía JESÚS no había iniciado su ministerio público y su faceta mesiánica era desconocida. El aprecio de aquella familia por JESÚS y MARÍA nacía de las estrictas relaciones familiares, de las que JESÚS también participaba.

 

Un problema de abastecimiento

El evangelio de san Juan presenta a JESÚS llegando a la casa donde se celebra la boda como si fuera el jefe del catering: “fue también invitado JESÚS a la boda con sus discípulos; y como faltaba vino, le dijo MARÍA, su MADRE: no tienen vino” (v.2-3) La primera noticia que recibe JESÚS de aquella celebración es que se acabó el vino, y por tanto ya no hay fiesta. Mal presagio cuando en una boda se apaga el tono festivo. Si la intención del evangelista fuera describirnos una situación estrictamente humana, la conclusión para JESÚS sería decepcionante, pues daría a entender que se le esperaba con objeto de solucionar el problema, para aquella familia ajustada en sus recursos, pero decididos a ofrecer lo mejor a sus invitados. La cosa cambia radicalmente cuando la lectura la realizamos desde el punto de vista espiritual y trascendente. Aquella familia y parentela representa a toda la familia humana, y el SALVADOR aparece en el momento previsto por la Providencia y proveer de una Nueva Vida a una humanidad que tiene agotados todos sus recursos y necesita de un nuevo impulso  de vida espiritual.

 

La Hora de JESÚS

En el versículo siguiente, JESÚS acepta que el PADRE y ÉL deben poner los relojes en sincronía, y parece que es la MADRE quien ajusta las manecillas del reloj de la eternidad a este mundo pícaro y escurridizo. Al problema planteado por MARÍA, “no tienen vino”, la respuesta de JESÚS parece un tanto displicente: “¿qué nos va a ti y a MÍ?” (v.4). En otros manuscritos hay que traducir: “¿qué tengo YO que ver contigo, MUJER?” Cualquiera de las respuestas transmitidas resultan desconcertantes, excepto para MARÍA la MADRE de JESÚS.  MARÍA sabe leer el lenguaje paradójico de su HIJO y muestra por eso mismo los misteriosos lazos espirituales que vinculan al HIJO de DIOS y a la MADRE. JESÚS desvela la razón para la aparente evasiva: “todavía no ha llegado MI Hora” (v.4b). Ciertamente no había llegado la Hora de la institución de la Eucaristía, todavía no había llegado la Hora de la máxima manifestación de la Misericordia Divina en la Cruz; todavía no había llegado la Hora de la victoria total en la Resurrección. Pero sí había llegado la Hora de instaurar en el mundo un creciente caudal de Gracia o Vida de DIOS, de la que participase de modo estrecho un grupo de discípulos. El fondo de lo que MARÍA pedía estaba ligado al designio del PADRE en relación con los primeros discípulos que iniciaban su camino con JESÚS.

 

Las palabras de MARÍA

La intercesión de la VIRGEN MARÍA por toda la humanidad y cada uno en particular se puede sintetizar en las tres palabras, “no tienen vino”. Y la enseñanza de la VIRGEN MARÍA dirigida a cada uno de nosotros se resume en la segunda frase de este texto, “haced lo que ÉL os diga”.  La respuesta desconcertante de JESÚS a su MADRE es un amargo anticipo de la trágica muerte en la Cruz. La respuesta desconcertante de JESÚS es la lección del MAESTRO que necesita dilatar el umbral de Fe de su discípulo principal: su propia MADRE. La paradoja es oscura, y las palabras de JESÚS no son fórmulas retóricas, sino las palabras oportunas para abrir el alma de su MADRE a una oscuridad sapiencial.  Esta es una breve muestra de la noche oscura por la que la Fe de MARÍA, concebida inmaculada e inalterable en su santidad durante toda su vida, sin embargo ELLA no fue privada de la noche oscura para el crecimiento de su Fe. Los otros evangelios nos aportan distintas escenas, en las que el hecho se reafirma. El fondo de la VIRGEN es el océano de luz que emana de la presencia del ESPÍRITU SANTO, pero no siempre MARÍA vivió en consolación.

 

El Nuevo Rito

“TÚ eres Sacerdote Eterno según el rito de Melquisedec” (Cf. Slm 109,4; Hb 5,6). Juan Bautista con su bautismo en el Jordán comenzó a desplazar el centro espiritual situado en el Templo de Jerusalén. Ahora JESÚS va a pronunciar una orden que en el evangelio de san Juan inaugura  la era cristiana, sustituyendo los antiguos ritos de purificación por la fuerza de DIOS desplegada en la acción de la Gracia, simbolizada en ese momento por el vino que sustituyó al agua en aquellas tinajas. JESÚS ordena: “llenad las tinajas de agua” (v.7). El agua ritual de las tinajas que rebosaba hasta el borde es anuncio del nivel que deberán producir los acontecimientos, que conducirán a JESÚS a la Cruz. En ese punto álgido de maldad deicida, DIOS manifestará en toda su potencia la Misericordia Divina, y la sangre de JESÚS sellará el pacto para siempre. De forma simbólica estaba a punto de significarse el Plan de DIOS. Por tanto, en Caná de Galilea se estaba ofreciendo el fondo o razón última de la misión de JESÚS. Durante tres años, o tres pascuas, según el evangelista, JESÚS  va a dar razón cumplida del encargo del PADRE.

 

Un buen vino

Los anfitriones de la casa, muy probablemente los padres de los novios, los propios contrayentes y el responsable de organizar el servicio, se sintieron aliviados ante la entrada de seiscientos litros de vino de gran calidad; y así se lo hace saber el maestresala a los novios: “todo el mundo saca primero el vino bueno, y cuando todos están bebidos el de menor calidad. Tú en cambio has sacado después el vino mejor” (v.10) En todos los aspectos, JESÚS venía   a disponer las cosas para que las relaciones del hombre con DIOS entrasen en una nueva comunión, pues anteriormente no era posible porque los hombres no contábamos con quien nos incorporase por Gracia a la esfera divina.

 

La Fe de los discípulos

Suponemos que acompañaban a JESÚS los cinco discípulos mencionados en el capítulo primero de este evangelio. Para ellos, el poderoso atractivo espiritual de JESÚS se vio reforzado por el signo realizado, del que fueron testigos. El Cielo comenzó a abrirse, como le había anunciado JESÚS a Natanael (Cf. Jn 1,51), y a las palabras de JESÚS  tenían que añadir las señales que en adelante lo iban a acompañar. Nos dice en este punto el texto que”JESÚS manifestó su Gloria y creció la Fe de sus discípulos en ÉL” (v.11). La Fe de estos discípulos comenzaba a forjarse en la relación de confianza personal. Sería difícil encontrar un marco más idóneo para situar el comienzo de la misión de JESÚS según el evangelio de san Juan. Este marco de celebración nupcial recoge las relaciones de parentesco intergeneracional, resaltando el amor esponsal; está presente la fiesta, la alegría humana, podríamos decir, que muy humana, pues el vino que alegra el corazón del hombre (Cf. Slm 104,15: Eclo 31,28) estaba muy presente. No podía faltar como buena familia judía el cumplimiento de las acciones rituales prescritas para aquellas ocasiones; tampoco quedó al margen la hospitalidad que acepta a los inesperados; y como valor supremo tenemos la presencia y actuación de JESÚS y su MADRE. La celebración de una boda le sirve a DIOS para hablarnos de lo que piensa realizar con la humanidad en su conjunto.

 

San Pablo, primera carta a los Corintios 12,4-11

Carismas, ministerios y cualquiera otra manifestación del ESPÍRITU SANTO es dada para edificarnos en el Cuerpo de CRISTO. El PADRE quiere que todos participemos de la humanidad glorificada de su HIJO, pues somos “hijos en el HIJO” (Cf. Ef 1,5). San Pablo  ofrece en este texto la relación de nueve carismas, sin la intención de limitar su número, sino de proponer simplemente algunos. Los carismas no tienen necesariamente un carácter de permanencia, pues no operan según la estricta voluntad del agraciado. Alguien puede tener un carisma de curaciones acreditado, pero no significa que siempre la oración de esta persona produzca la curación en alguien enfermo, pues la curación la realiza el SEÑOR mediante la persona que ha recibido el don. Como en la Boda de Caná: la VIRGEN presenta la necesidad a su HIJO, y es ÉL quien tiene la potestad de realizar el milagro. MARÍA posee una capacidad  de intercesión ante su HIJO que resulta singular; y en ese sentido ELLA es la mayor carismática. Los santuarios marianos, con frecuencia, resultan lugares de curación física y sobre todo espiritual. Los ministerios son gracias recibidas con carácter permanente. El diácono tiene como encargo especial de parte de la comunidad la asistencia caritativa y solidaria. Este ministerio lo puede realizar cuantas veces le sea posible.

 

Señales del ESPÍRITU SANTO

Estos nueve carismas mencionados por san Pablo no son las únicas señales o signos de la presencia del ESPÍRITU SANTO, pero deben tenerse en cuenta para el ejercicio conveniente  de esos carismas, o para constatar la ausencia de los mismos, cosa que debería crear una cierta preocupación. Si las primeras comunidades cristianas fueron testigos de las manifestaciones carismáticas del ESPÍRITU SANTO, en los tiempos actuales de verdadero desierto religioso, ¿su constatación en las comunidades cristianas no sería conveniente? En Holanda se están cerrando iglesias a un ritmo de una por semana: algunas se destinan a cometidos muy distintos de lo específicamente religioso, y otros templos se derriban y dejan el solar para otras edificaciones. Somos muy modernos y nos estamos muriendo de éxito con la modernidad.

 

Los carismas en la evangelización

En tiempos de san Juan Pablo II y Benedicto XVI el estribillo decía, “Nueva Evangelización”. En el pontificado actual de Francisco, la consigna es “Iglesia en salida”, y dejar a un lado la “autoreferencialidad”. Somos hábiles para buscar frases ingeniosas como si de esa forma se modificase la realidad. No se puede discutir la buena intención en todos los casos, pero algo fundamental debe estar fallando, pues no se aprecian resultados en estas sociedades occidentales, un día cristianas.

 

Algunas preguntas

¿Se dan en nuestras comunidades personas con el tipo de carismas señalados por san Pablo? La palabra predicada por JESÚS y posteriormente por los discípulos y apóstoles fue acompañada de signos (Cf. Mc 16,17-18), ¿necesita la predicación actual de algún signo que ponga de manifiesto la unción de la misma? Los corintios, los de Galacia, o los de Éfeso, probablemente no eran todos santos, aunque se encaminasen por esa senda, ¿deben considerarse la aparición de los carismas, sólo desde el momento en que la santidad de la comunidad esté confirmada? El carisma de forma especial resalta la manifestación en poder de la Presencia de CRISTO, ¿necesita el Pueblo de DIOS encontrar recintos religiosos en los que ese poder del SEÑOR se manifieste? La práctica sacramental va enfriando y desciendo porque en ella no se encuentra la fuerza para el cambio de vida, ¿podrían determinados carismas despertar la importancia de estos sacramentos, al operar previamente una sanación interior imprescindible? ¿Qué pasaría si una comunidad se viese como recinto sagrado en el que se  manifestase con poder la acción del ESPÍRITU SANTO? A todo lo anterior, la mayoría lo catalogan como cosas raras y extraordinarias, probablemente haya algo de razón, pero en esta dinámica se movían las comunidades presididas por san Pablo y el resto de los apóstoles. Es necesario leer con detenimiento el Nuevo Testamento y dejar a DIOS ser DIOS en medio de su Pueblo.

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