El bautismo de Jesús

El Cielo se abre y el Espíritu santo desciende y se posa sobre Jesús, cumpliéndose así la revelación que había recibido Juan el bautista: «Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se posa sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo» Jn 1,33.  Confirmando Juan este hecho con su testimonio: «Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios» Jn 1,34.

 

  1. «Se abrió el cielo y el Espíritu santo bajó sobre él»

“El Espíritu que Jesús posee en plenitud desde su concepción viene a posarse sobre él (cf. Jn 1, 32-33; Is 11, 2). De él manará este Espíritu para toda la humanidad. En su bautismo, se abrieron los cielos (cf. Mt 3, 16) que el pecado de Adán había cerrado; y las aguas fueron santificadas por el descenso de Jesús y del Espíritu como preludio de la nueva creación” CATIC # 536. Jesús mismo afirma en la sinagoga: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor» Lc 4,18-19.  El bautismo marca el inicio de la vida pública de Jesús y, se bautiza no para la conversión ni el perdón de sus pecados, sino para cumplir la justicia de Dios (cf. Mt 3,15) y en solidaridad con el género humano, para ser contado como uno de ellos (cf. Is 53,12). Este mismo Espíritu lo conducirá al desierto y lo regresará a Galilea (cf. Lc 4,1.14) y estará presente en cada etapa de su vida y su misión.

  1. «Tú eres mi Hijo, el predilecto, en ti me complazco»

El Padre mismo es quien certifica y da testimonio que Jesús es el Mesías, pues aparte de ungirlo con la fuerza del Espíritu santo (cf. Hec 10,38), lo llama Hijo. Jesús toma conciencia de su identidad de Hijo (cf. Jn 14,23), afirmando que es uno con su Padre (cf. Jn 10,30) y ora constantemente a Él (cf. Lc 6,12). Así mismo, nos invita a llamarlo Padre (cf. Jn 20,17) y también a orar juntos con fe como una familia (cf. Lc 11,2-13), sabiendo que es el único medio para llegar a Él: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie llega al Padre sino por mí.» Jn 14,6.  Jesús no sólo es llamado Hijo, sino que es el predilecto, el elegido, el escogido, el amado y con quien está contento por su misión y su vida. El Padre está complacido, es decir, se siente contento, alegre, gozoso por el papel de Redentor, de Mesías, de Ungido que está desempeñado Jesús.  Nosotros también somos hechos hijos en el Hijo (cf. Ef 1,5), pero ¿hemos complacido a Dios con nuestra vida y testimonio cristiano? ¿Está contento nuestro Padre Dios con nuestro desempeño en la misión que nos ha encomendado?

  1. «El los bautizará con Espíritu santo y fuego»

Jesucristo infundirá el Espíritu santo a sus apóstoles: «Recibid el Espíritu Santo» Jn 20,22; con el fin de continuar su misión en ellos. Así mismo, este Espíritu vendrá a ellos para darles unidad y valentía en la misión: «Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; y todos quedaron llenos del Espíritu Santo» Hec 2,3-4. Es el mismo Espíritu que guío a Jesús el que guiará a la Iglesia y estará con ella hasta el fin del mundo (cf. Mt 28,20). Los discípulos también somos ungidos por el Espíritu Santo (cf. 1ª Jn 2,20) y en nosotros habita el Espíritu santo (cf. Rm 8, 9.11), este Espíritu es quien «nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre!» Rm 8,15; por eso, ya no somos siervos sino hijos (cf. Gal 4,7). “Por el bautismo, el cristiano se asimila sacramentalmente a Jesús que anticipa su muerte y su resurrección en su bautismo: por ello, debe entrar en este misterio de rebajamiento humilde y de arrepentimiento, descender al agua con Jesús, para subir con él, renacer del agua y del Espíritu para convertirse, en el Hijo, en hijo amado del Padre y «vivir una vida nueva» Rm 6,4.” CATIC # 537 ¿Cómo vivimos nuestro bautismo? ¿Festejamos nuestro bautismo?

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