PALABRAS DE VIDAMaestro: ¡Que pueda ver!

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Las lecturas de este domingo nos muestran a Jesús misericordioso, que en la función de sumo sacerdote es capaz de guiar a los ignorantes y extraviados y, como Hijo de Dios, es capaz de devolverle la vista al ciego y permitirle seguirlo por el camino. Veamos.

  1. «HIJO DE DAVID, JESÚS, TEN COMPASIÓN DE MÍ.»

El hombre ciego pedía limosna, pero al escuchar que era Jesús quien pasaba, le pidió algo que le caracterizaba al Hijo de Dios: la compasión. Compadecerse significa sentir en sí mismo el dolor y el sufrimiento ajeno. Jesús fue un hombre que pasó haciendo el bien y curando a los enfermos de toda dolencia (Hech 10,38), sentía compasión de las multitudes porque andaban como ovejas sin pastor (Mt 9,36 y 14,14), mostró compasión por el dolor de las personas (Lc 7,13) y miraba con amor a los pecadores  y alejados del Reino (Lc 19,5; Mc 10,21). El ciego no podía ver pero si escuchar y gritar, además su petición fue muy inteligente, pues apeló no al poder sino al corazón de Jesús, a su misericordia. Además, cada quien pide de acuerdo a lo que el otro es capaz de dar. Nosotros ¿qué le pedimos a Jesús?

  1. « ¿QUÉ QUIERES QUE HAGA POR TI?» «MAESTRO, QUE PUEDA VER.»

Jesucristo se pone al servicio del hombre ciego y le da la opción de elegir el bien que mejor le convenga: éste no pide dinero, ni comida ni ropa; sólo le pide lo que le es más necesario: LA VISTA. Ver le permitiría: trabajar para no pedir limosna, caminar para integrarse a la comunidad, estudiar la ley para cumplir los mandamientos y seguir a Cristo para poder salvarse. Dice el texto tres cosas del ciego: que oyó que pasaba Jesús, que gritó fuerte  para que lo escuchara y que se puso de pie de un brinco para acercarse a Él; es decir, logró vencer los obstáculos que podían impedirle encontrase con Jesús, la Luz verdadera (Jn 1,9). Pero más que la vista sensible, necesitamos la vista del alma, del corazón y de la mente para poder ver la verdad de la cosas y guiarnos por ella en la vida; también necesitamos la luz de la fe, de la esperanza y la caridad para encontrarnos con Dios y realizarnos como personas. ¿Qué le pedirías a Jesús que te diera?

  1. RECOBRÓ LA VISTA Y LO SEGUÍA POR EL CAMINO

El libro del Génesis narra la creación de la luz: “Dios creó la luz y vio Dios que la luz era buena” (Gen 1,3-4). Sin embargo, el profeta Isaías habla de la obscuridad que cubre la tierra y la espesa niebla que cae sobre los pueblos (Is 60, 1-2).  Pero San Juan dice que “la luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la vencieron” Jn 1,5.  Esta luz verdadera es Cristo, que viene al mundo para darle vida (Jn 10,10), aunque el mundo lo haya rechazado. Cristo se manifiesta como Luz que alumbra a las naciones (Lc 2,32). Es ésta luz que el ciego y cualquier persona necesita para ver de una manera profunda, penetrante y trascendente. Para descubrir la verdad y vivir según ella, no necesitamos la luz sensible sino la luz espiritual, la luz de la razón y de la fe, la luz de la Palabra y la Eucaristía, necesitamos ver más allá de los signos presentes y analizar las causas profundas de la pobreza, la injusticia y la violencia. ¡Abramos los ojos y desnudémonos de las obras de las tinieblas! (Rm 13,11-12). ¡Veamos con inteligencia qué cosas que nos dicen los medios o los que dirigen el país son ciertas y cuáles son falsas! ¡Dejemos que Cristo alumbre nuestro corazón y nuestra inteligencia y vivamos en la Luz verdadera! ¿Estás dispuesto a seguir a Cristo a lo largo del camino de la vida?

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