AméricaEN MÉXICOIGLESIA EN MOVIMIENTOCarta de Francisco a los obispos con motivo de la Consumación de la Independencia de México

ACNseptiembre 27, 2021

Fechada el 16 de septiembre, hoy se publicitó la carta que Francisco envió a la Conferencia del Episcopado Mexicano con motivo de la consumación de la Independencia de México, que se logró en virtud de la decisión de Iturbide, de unirse a quienes buscaban la independencia de la península ibérica dominada en ese momento por los liberales.

Previamente, el enviado especial de Francisco, el Cardenal Leonardo Sandri, Prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, mandó mensaje un muy claro en su homilìa dominical en la Basílica de Guadalupe, cuando advirtiò que ninguna nación confunda la idea de una presunta libertad humana como forma para liberarse de la dulce presencia de Dios y de su anuncio en la sociedad.

El texto de la carta de Francisco es el siguiente:

Carta del Papa Francisco con motivo de la Consumación de la Independencia

2021/09/27.

05:56am.


 

 

A su Excelencia Reverendísima

Mons. Rogelio Cabrera López

Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano

Querido hermano:

Con motivo del Bicentenario de la declaración de la Independencia, quiero hacerte llegar un cordial saludo, a ti y a los demás hermanos obispos, a las autoridades nacionales y a todo el Pueblo de México. Celebrar la independencia es afirmar la libertad, y la libertad es un don y una conquista permanente. Por eso, me uno a la alegría de esta celebración y, al mismo tiempo, deseo que este aniversario tan especial sea una ocasión propicia para fortalecer las raíces y reafirmar los valores que los construyen como nación.

Para fortalecer las raíces es preciso hacer una relectura del pasado, teniendo en cuenta tanto las luces como las sombras que han forjado la historia del país. Esa mirada retrospectiva incluye necesariamente un proceso de purificación de la memoria, es decir, reconocer los errores cometidos en el pasado, que han sido muy dolorosos. Por eso, en diversas ocasiones, tantos mis antecesores como yo mismo, hemos pedido perdón por los pecados personales y sociales, por todas las acciones u omisiones que no contribuyeron a la evangelización. En esa misma perspectiva, tampoco se pueden ignorar las acciones que, en tiempos más recientes, se cometieron contra el sentimiento religioso cristiano de gran parte del Pueblo mexicano, provocando con ello un profundo sufrimiento. Pero no evocamos los dolores del pasado para quedarnos ahí, sino para aprender de ellos y seguir dando pasos, vistas a sanar las heridas, a cultivar un diálogo abierto y respetuoso entre las diferencias, y a construir la tan anhelada fraternidad, priorizando el bien común por encima de los intereses particulares, las tensiones y los conflictos.

El aniversario que están celebrando invita a mirar no sólo al pasado para fortalecer las raíces, sino también a seguir viviendo el presente y a construir el futuro con gozo y esperanza, reafirmando los valores que los han constituido y los identifican como Pueblo –valores por los que tanto han luchado e incluso han dado la vida muchos de vuestros antecesores– como son la independencia, la unión y la religión. Y en este punto, quisiera destacar otro acontecimiento que marcará sin duda todo un itinerario de fe para la Iglesia mexicana en los próximos años: la celebración, dentro de una década, de los 500 años de las apariciones de Guadalupe. En esta conmemoración, es bello recordar que, como lo expresó la Conferencia del Episcopado Mexicano en ocasión del 175º aniversario de la Independencia nacional, la imagen de la Virgen de Guadalupe tomada por el Padre Hidalgo del Santuario de Atotonilco, simbolizó una lucha y una esperanza que culminó en las “tres garantías” de Iguala impresas para siempre en los colores de la bandera. María de Guadalupe, la Virgen Morenita, dirigiéndose de modo particular a los más pequeños y necesitados, favoreció la hermandad y la libertad, la reconciliación y la inculturación del mensaje cristiano, no sólo en México sino en todas las Américas. Que ella siga siendo para todos ustedes la guía segura que los lleve a la comunión y a la vida plena en su Hijo Jesucrito.

Que Jesús bendiga a todos los hijos e hijas de México, y la Virgen Santa los cuide y ampare con su manto celestial. Y, por favor, no se olviden de rezar por mí.

Fraternalmente,

Roma, San Juan de Letrán, 16 de septiembre de 2021.

Sandri: Homilía por el bicentenario de la Independencia de México.

Homilía del Cardenal Leonardo Sandri, Prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, Enviado especial del Santo Padre para las celebraciones del bicentenario de la independencia de México

Vatican News

El Cardenal Leonardo Sandri, Prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, Enviado Especial del Santo Padre para las celebraciones del bicentenario de la Independencia de México, pronunció su homilía, ayer, domingo 26 de septiembre, con motivo de las celebraciones del bicentenario de la Independencia de México.

El Purpurado llegó a la Ciudad de México el sábado 25 de septiembre. Allí lo recibió el Nuncio Apostólico, S.E. Mons. Franco Coppola, además de los miembros del Consejero, Monseñor Roberto Lucchini y el Secretario, el Padre Ante Vidovic.

Tras un periodo de descanso en la Nunciatura, el Cardenal Sandri mantuvo una conversación telefónica para saludar al Presidente de la Conferencia Episcopal de México, y después la delegación se dirigió a un momento privado de oración en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe.

Por la mañana del domingo 26 de septiembre, el Cardenal Sandri presidió la solemne celebración capitular, concelebrada por el Nuncio Apostólico y los canónigos del Santuario, y pronunció la Homilía.

Cabe destacar que ayer por la tarde estaba prevista una reunión con el Arzobispo de Ciudad de México, el Cardenal Carlos Aguilar Retes. Mientras las celebraciones y reuniones continuarán hoy y mañana.

Homilía del Cardenal Leonardo Sandri

En su homilía el Prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, dirigiéndose a los hermanos y hermanas en el Señor, comenzó recordando que el domingo, Pascua de la semana, “celebramos la Eucaristía, culminación de la vida cristiana” Y dijo que el Señor los reunía para escuchar su Palabra y alimentarse de su Cuerpo y Sangre, mientras la Virgen María, “bajo cuya mirada estamos aquí reunidos”, los invitaba a “no perder la oportunidad de encontrarnos con su Hijo”.

“Somos sus discípulos, pero como aquellos a los cuales se refería el Evangelio que se ha proclamado hoy, afrontamos nuestra miseria y debilidad”

Tras recordar el Evangelio de la semana pasada, el Cardenal Sandri destacó que en esta oportunidad “es claro que Jesús nos ofrece otras dos indicaciones: en primer lugar, la alabanza de quien recibe y acoge la presencia de Cristo en sus enviados a través de la ofrenda de un simple vaso de agua, demuestra que él no se coloca en el centro, le otorga su lugar a otro, dándole algo propio. Por otro lado, nos presenta una llamada a la totalidad, a la radicalidad de nuestra llamada: las manos, los ojos y los pies pueden ser motivo de escándalo, es decir, un tropiezo o un obstáculo cuando, en lugar de ser instrumentos para relacionarnos con los demás y con el mundo haciendo que todo gire alrededor de nosotros mismos. La mano para estrechar, tomar y sostener, apoyar y acompañar, los ojos para admirar y observar a las personas y a las cosas que están fuera de nosotros, los pies para permanecer erguidos y recorrer los caminos de nuestra peregrinación terrena”.

El misterio de María

También afirmó que “si miramos el misterio de María, Virgen y Madre, reconocemos en ella la dimensión del verdadero discípulo”, puesto que “toda su existencia fue en referencia a otro: el Verbo hecho carne por obra del Espíritu Santo en su seno”. De manera que “el único nombre era el de Su Hijo, Jesús, que significa Dios Salva, Emmanuel, el Dios-con-nosotros”. Y añadió que “permaneciendo así, fija en Dios, Nuestra Señora continuó esta misma misión hacia todos los hijos que le confió Jesús en la Cruz”.

La Virgen del Tepeyac

“También aquí, en el Tepeyac, con Juan Diego estaba completamente empeñada en la salvación de su pueblo, que es el encuentro con Jesús. Se ocupó del miedo inicial del indio, lo tomó de la mano, accedió a la solicitud de una señal y fue mucho más allá del simple prodigio de las fragantes flores brotadas en pleno invierno. Curó también con su oración al moribundo tío de Juan Diego e imprimió su imagen en su tilma, permaneciendo de este modo siempre con nosotros”

Además, el Purpurado afirmó que “hasta el día de hoy y en esta misma celebración”, María sigue velando por todos. Mientras de las apariciones extraordinarias, sus modalidades y su contenido, explicó que “constituyen una escuela de evangelización para los discípulos de Jesús”.

“María en el Tepeyac se manifiesta claramente con los signos de las personas visitadas, confirmando su dignidad e igualdad con aquellos que habían sido evangelizados siglos atrás”

Las manos de Juan Diego

El Cardenal Sandri aludió asimismo a las manos de Juan Diego que “recogen las flores y las guardan en la tilma”, caminando sin cesar por los senderos de esta zona para llevar el anuncio del prodigio del que fue destinatario.

“Por iniciativa de Dios ciertamente se convirtió en discípulo del Reino, un reino que no pisotea a las civilizaciones de esta tierra, sino que las dirige al encuentro con Cristo, como ese acontecimiento extraordinario que de alguna manera se esperaba según los calendarios y estudios astronómicos de los pueblos autóctonos”

Tras referirse a la desconfianza e incredulidad inicial del obispo Zumárraga y sus colaboradores, el Enviado Especial del Papa explicó que “el Señor continuó catequizando a sus discípulos, enseñándoles la verdad”, como lo había hecho en el episodio que se describía en el Evangelio del día.

“La tentación, por tanto, es recurrente, fue válida hace dos mil años como hace quinientos años y ciertamente está presente aún hoy”

“Vuelvo aquí, con emoción oh Madre, Virgen de Guadalupe”

Hacia el final de su homilía el Cardenal Sandri dijo: “Vuelvo aquí, con emoción oh Madre, Virgen de Guadalupe, con corazón de hijo, después de haber sido Nuncio Apostólico en el año 2000 y haber acompañado al Papa San Juan Pablo II quien en 2002 quiso presidir la canonización de san Juan Diego”.

“Vengo en nombre del Papa Francisco que te quiere tanto y que cada año el 12 de diciembre celebra tu fiesta en la Basílica de San Pedro, para decir que el mundo entero es guadalupano”

Después de afirmar que “todos necesitamos escucharte decir, oh Madre, en los desiertos y en dolores de la historia, en el mundo desgarrado por la pandemia y marcado por las guerras, la violencia y los abusos: No temas, ¿no estoy yo aquí que soy tu Madre?”, el Purpurado agregó:

“Deseamos aprender de ti, salir al encuentro de Jesús, seguros de que el Espíritu sigue haciendo florecer el desierto incluso en la crudeza de los inviernos de nuestras almas”

Y concluyó manifestando su deseo de que las celebraciones del bicentenario de la independencia de México estén bajo su mirada, “porque como dijo el apóstol Santiago en la segunda lectura, ningún hombre ni nación pisotee los derechos de los demás, especialmente de los pobres y oprimidos”.

Cardenal Sandri: Homilía por el bicentenario de la Independencia de México

Y ninguna nación confunda la idea de una presunta libertad humana como forma para liberarse de la dulce presencia de Dios y de su anuncio en la sociedad, como nos enseñaron san Joselito Sánchez del Río y los mártires cristeros quienes murieron con tu nombre en sus labios, Señora Nuestra de Guadalupe. Ruega a tu Hijo por nosotros y permite que nuestro corazón lleve siempre tu imagen y la de Cristo. Amén. ¡Viva la Virgen de Guadalupe, Viva Cristo Rey y Viva México!

ACN

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