¿Y…para cuándo un Motu Proprio papal contra los abusos litúrgicos?

ACNagosto 3, 2021

A raíz de la publicación de Traditionis Custodes se han generado un sinfín de debates en torno a la eucaristía. Uno de ellos guarda relación a la saña que se observa desde la jerarquía al sector tradicionalista, mientras se mira para otro lado con los desvaríos litúrgicos del sector progresista.

Un usuario de Twitter ha contado lo que tuvo que aguantar el pasado domingo en una iglesia gallega:

«Antes de la Misa, me intento arrodillar en el reclinatorio del banco de delante y me miran raro. Mi abuela me dice que me siente porque «no nos podemos arrodillar por la distancia de seguridad». Pues vale.

Empieza la Misa y entra un cura con moño/coleta sujetando una guitarra, casi arrastrándola. En lugar de empezar la Misa (que por cierto es en gallego) con la señal de la Cruz, da una especie de discurso y mete por el medio la señal. No había ningún misal visible, solo fotocopias.

Se salta el Confíteor y el Gloria (además de inventarse el 95% de las palabras de la liturgia). El primero lo cambia por una especie de ¿canción? ¿responsorio? sobre pedir perdón. La lectura del AT utiliza vocabulario que no parece muy bíblico pero bueno.

El Salmo responsorial y la Epístola apostólica se los salta también y los cambia por una canción. Después del Evangelio da una «homilía» que es una amalgama inconexa sobre «ser pan de vida», ser responsable en tiempos de pandemia y «no criticar».

Luego se salta también el Credo, sustituyéndolo por lo que me pareció una versión personalizada de las promesas bautismales, quitando las partes de «renuncio» y cantando en respuesta «creo, Señor, pero auméntame la Fe»

La mayoría de las canciones, además de desafinadas, las acompañaba el cura con guitarra.

La canción del Sanctus y la Consagración fueron decentes, aparte de lo que acabo de mencionar. Y el Padrenuestro al menos se rezó. Pero el Agnus Dei no.

Luego, cuando el cura hizo la Comunión, mantuvo la mitad inferior de su cara tapada con un paño del altar mientras masticaba la Hostia. No sé si eso es normal o si estaba intentando sustituir la mascarilla mientras estaba a 3 metros de cualquier otra persona.

No fui a comulgar porque me daba miedo. Al terminar la celebración, el sacerdote dijo «podemos ir en paz» en lugar de «podéis ir en paz».

Antes de la Misa, cuando me iba a arrodillar para hacer la visita pero me lo impidieron, no encontraba la lamparilla o vela que indicaba la presencia del Santísimo, así que Le dije al Señor que rezaría de todos modos como si Él estuviese allí. Al final de la Misa Le dije lo mismo, pero por otros motivos».

Hasta aquí el relato. ¿No han tenido alguna experiencia parecida en alguna ocasión? ¿No les da la sensación, al tener que acudir a otra parroquia que no sea la suya habitual -ya sea por viajes de trabajo, por vacaciones o lo que sea- de estar jugando a la lotería, de «a ver qué me encuentro hoy»?

En la carta con la que el Santo Padre presenta a los obispos del mundo el Motu Proprio que ha restringido la Misa Tradicional, Traditionis Custodes, el Papa Francisco dice lo siguiente:

«Me duelen por igual los abusos de una parte y de otra en la celebración de la liturgia. Al igual que Benedicto XVI, yo también deploro que «en muchos lugares no se celebraba de una manera fiel a las prescripciones del nuevo Misal, sino que éste llegó a entenderse como una autorización e incluso como una obligación a la creatividad». Pero también me entristece el uso instrumental del Missale Romanum de 1962, que se caracteriza cada vez más por un rechazo creciente no sólo de la reforma litúrgica, sino del Concilio Vaticano II, con la afirmación infundada e insostenible de que ha traicionado la Tradición y la «verdadera Iglesia»».

El mundo tradicional, muy pequeño, y desde luego mucho más marginal que los abusos que vemos en la misa reformada por Pablo VI, no se observa de manera homogénea, yo diría que ni siquiera mayoritaria, esa enemistad con el Concilio, la nueva misa, etc… Sin embargo, se han merecido todo un motu proprio con un lenguaje muy duro por parte del Papa.

¿Para cuando un motu proprio para los abusos de la otra «parte»?

 

Por FERNANDO BELTRÁN.

Infovaticana.

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