ÁfricaAméricaAsiaEuropaFORMACIÓN RELIGIOSAIGLESIA EN MOVIMIENTOLa Misa tradicional «es el signo del renacimiento de lo sagrado en los corazones. En esto Ratzinger fue profético», confiesa don Nicola Bux

ACNjulio 12, 2021

«La difusión de la forma extraordinaria de la misa no puede detenerse: es el signo del renacimiento de lo sagrado en los corazones. Y es una contribución a la unidad de los cristianos, especialmente los ortodoxos». La Nuova Bussola entrevista a don Nicola Bux, mientras continúan los rumores sobre la cancelación del motu proprio Summorum pontificum: «Teniendo en cuenta el público que asiste a la llamada misa en latín, jóvenes y convertidos, las palabras del Papa sobre la rigidez de quienes se aferran a las formas del pasado son una contradicción».

Continúan los rumores, no desmentidos por la Santa Sede, sobre la voluntad del papa Francisco de introducir restricciones a la libertad de celebrar la misa tridentina. La Bussola habla de ello con el teólogo don Nicola Bux.

Don Nicola, ¿qué opina usted de estos rumores persistentes?

Existe sin duda un innegable contexto de rechazo al antiguo rito romano que denota una crisis de fe. En un ensayo de 1959, Joseph Ratzinger observaba que la Iglesia se estaba convirtiendo en «una Iglesia de paganos que continúan llamándose a sí mismos cristianos, pero que en realidad, desde hace mucho, se han convertido en paganos». ¿Qué pasaría si un patriarca ortodoxo rechazara el rito bizantino? La paradoja es que esto está ocurriendo mientras el Papa postula un “régimen sinodal”, como suelen llamarlo, en el que toda la Iglesia debe aventurarse, comenzando por las periferias.

El papa Francisco arremete a menudo contra los cristianos rígidos”. Paradójicamente, ¿no revela la actitud reciente de una parte del Vaticano hacia los católicos tradicionalistas una rigidez excesiva contra ellos?

¿Qué se entiende por rigidez? ¿Firmeza de adhesión a la doctrina de la fe y la moral? Sabemos que a él no le gusta la identidad en general ni la católica en particular. Escribió que prefiere el pensamiento incompleto, es decir, fluido, y por tanto débil. De esta forma la virtud de la fortaleza y, por tanto, la firmeza se van al traste. Newman recuerda que, en este período, «la tradición divina confiada a la Iglesia infalible fue proclamada y conservada más por los fieles que por el episcopado».

Cuando el papa Ratzinger promulgó el documento, el Patriarca de Moscú Alexis II felicitó al pontífice. En una entrevista con Andrea Tornielli, el 29 de agosto de 2007, el jefe supremo de la ortodoxia rusa afirmó que «la recuperación y mejora de la antigua tradición litúrgica es un hecho que nosotros acogemos positivamente».

Las Iglesias ortodoxas conservan este sentido de la Tradición, que la Iglesia católica enriquece con el Magisterio. De hecho, el patriarca ruso consideró el acto de Benedicto XVI como una aportación a la unidad cristiana, que recibe su energía precisamente de la tradición conservada: el resultado es la resistencia a la persecución, gracias a la firmeza de la fe, que se nutre de la liturgia. Las Iglesias orientales, a las que el comunismo impidió ejercer su misión, han resistido gracias a la liturgia tradicional asiduamente celebrada. Una liturgia de hierro y no de goma –como escribió Civiltà Cattolica en 2000– es aquella que perdura y puede transmitir la fe. También lo hemos visto durante el contagio por COVID-19. Entonces, bienvenida sea la “rigidez”, que es la fortaleza de la resistencia actual dentro y fuera de la Iglesia.

¿Poseen el antiguo rito romano y las liturgias de la tradición bizantina características comunes?

Habiendo estudiado, enseñado y celebrado el rito bizantino, puedo afirmar que los estudiantes ortodoxos se identificaban más con la forma del antiguo rito romano que con la nueva posconciliar, precisamente porque tienen muchas características en común: por ejemplo, la preparación del sacerdote y el ofertorio; en una palabra, el sentido de lo sagrado. El caso es que pocos conocen la liturgia bizantina: nunca han visto, por ejemplo, la preparación y la investidura del sacerdote, ni el sugerente rito del ofertorio. Por otro lado, quienes conocen estas dos fases en el antiguo rito romano, y luego acceden al bizantino, notan inmediatamente las similitudes y comprenden las razones de la complacencia del patriarca.

¿La posible abolición del motu proprio Summorum Pontificum repercutirá en el diálogo ecuménico con las Iglesias orientales separadas de la comunión con Roma?

Si le echamos un vistazo al ecumenismo actual, no parece que se esté moviendo nada más allá de los abrazos y las sonrisas. Lo que usted recuerda es cierto, pero precisamente la Iglesia rusa muestra “rigidez” doctrinal y moral, al menos en algunos aspectos. El papa Francisco, en un informe periodístico de gran altura, elogió la tradición litúrgica de los orientales; poco tiempo después, señaló entre las tentaciones, «el repliegue que va a buscar en las formas del pasado las seguridades perdidas; y la pretensión de quienes quisieran defender la unidad negando las diversidades, humillando así los dones con los que Dios sigue haciendo joven y hermosa a su Iglesia…” (Discurso en la 66 Asamblea General de la CEI, 19 de mayo de 2014).

No sé a quién se refería, puesto que el público que asiste a la misa en la forma extraordinaria está compuesto principalmente por jóvenes, y la unidad y la diversidad están constituidas por tradición e innovación: por lo tanto, se contradijo. Lo cierto es que los convertidos se sienten atraídos por la liturgia antigua; ¿Y qué decir de las numerosas vocaciones sacerdotales y religiosas que surgen de la misma?

El motu proprio de 2007 consiguió cierta reconciliación litúrgica, pues permitió que los eclesiásticos y laicos que rezan según la tradición litúrgica más remota y  los eclesiásticos y fieles que siguen los ritos reformados después del Concilio Vaticano II convivieran pacíficamente. ¿Por qué interrumpir esta paz litúrgica?

El vínculo entre el sensus fidelium y el magisterio está especialmente presente en la liturgia. A la expresión a menudo repetida por el papa Francisco sentir cum Ecclesia (escuchar, sentir y percibir en armonía con la Iglesia) le falta un añadido: de todos los tiempos. Benedicto XVI dijo en Francia que era su intención promover la comunión y la paz en la liturgia, con el motu proprio Summorum Pontificum. Si hoy se prohíbe lo que hasta ayer era considerado sagrado, ¿quién asegura que lo que la Iglesia enseña hoy seguirá siendo verdad mañana? En la sagrada liturgia está en juego la fe, y “en materia de fe, el bautizado no puede ser pasivo”.

El motu proprio Summorum Pontificum está considerado universalmente como uno de los principales actos de gobierno del papa Benedicto XVI. ¿No representaría la abolición de este documento jurídico una violencia moral contra un anciano tan ilustre y, al menos de palabra, tan estimado por muchos prelados y cardenales?

El motu proprio Summorum Pontificum presupone el hecho de que los sujetos del sensus fidei son los miembros de la Iglesia que celebran un «culto racional» y que aceptan el papel de la razón iluminada por la fe en sus creencias y prácticas. En la Iglesia de hoy, sin embargo, hay quienes entienden el culto divino como un entretenimiento humano con un trasfondo sociológico. Nos encontramos ante un culto irracional. Esta es la discrepancia sobre la liturgia. Además, dejando de lado los sondeos que demuestran el continuo e inexorable desarrollo de la forma extraordinaria del rito romano, no hay que olvidar que en la historia de la Iglesia a menudo fue una minoría, y no la mayoría, la que vivió la fe con autenticidad. El peligro hoy en día es que la misa y la espiritualidad se vuelvan antropocéntricas y acaben haciendo que nos celebremos a nosotros mismos, como sucedió entre los protestantes. La difusión de la forma extraordinaria, como toda verdadera reforma, es tan imparable como el mar, es el signo del renacimiento de lo sagrado en los corazones. En esto Ratzinger fue profético. La “reforma de la reforma” es la recuperación de esas brasas que ardían bajo las cenizas de una liturgia antropocéntrica.

 

 

Por Simone Ortolani

en la Nuova Bussola Quotidiana.

Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana.

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