EDUCANDO CON FE Y RAZÓNEl imperio de la ONU. El César ataca al cristianismo.

Recientemente un experto de la ONU decía que la libertad religiosa y de creencias está en riesgo[1]. A simple vista nos haría pensar que se preocupan por la libertad religiosa en su conjunto, es decir, incluyendo el cristianismo. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Nuevamente, el demonio se disfraza de serpiente.

El pasado mes de Marzo, en Ginebra, un grupo de expertos de la ONU, afirmaron que la digitalización de las redes sociales y la pandemia han facilitado una nueva ola de estigma, racismo, sexismo y odio contra las minorías y los considerados “otros”. ¿Qué otros? En breves instante saldremos de dudas.

El lenguaje que emplean, de muchos es ya conocido, hay que saberlo interpretar para alcanzar las verdaderas intenciones anticristianas que esconden.

Como viene siendo ya habitual, la ONU ataca y desprecia a la religión cristiana. No se preocupa en absoluto por defender la libertad religiosa en su pleno sentido. Muy al contrario, lo que pretende es defender a los “cristianos progresistas” para que tengan libertad de creencias dentro de la Iglesia.

En el último informe del relato de la ONU sobre la libertad religiosa del 2020, del que ya hablé en su momento, lo deja bien claro: el cristianismo es un foco de discriminación que les estorba para implantar su nueva ética universal.

Ya no se esconden, lo proclaman sin ningún tipo de disimulo. ¿Quiere saber el lector por qué? Es muy simple, queramos o no, la nueva ética universal está ganando terreno y alcanzando a millones de personas que dejan de tener confianza en la fe cristiana, para abrazar las nuevas promesas falsas de felicidad. Por esto, ya no supone tanto escándalo hablar de nuevos paradigmas éticos, morales e incluso religiosos.

Muchos cristianos bautizados, alejados de la Iglesia, alejados de los valores que nos enseña el cristianismo, han llenado ese vacío con los nuevos valores que desde la ONU se nos están introduciendo en nuestras vidas.

Valores anticristianos, que en lugar de ser valores lo que hacen es, disfrazados con esa palabra que a todos nos suena como algo muy bueno, transformar la cultura con contravalores de muerte y desvío de la naturaleza y verdad del ser humano.

Hablan de la defensa de los Derechos Humanos, pero esconden que anulan los derechos del cristianismo, en favor de otros nuevos derechos ajustados a sus intereses.

Se alienta a los Estados a implementar el plan de acción sólido, conocido como el “proceso de Estambul”, para acabar con estas discriminaciones y odios.

Dice así:

“Instamos a los Estados a que continúen promoviendo el pluralismo religioso y desmantelen las estructuras discriminatorias que propagan estereotipos negativos de personas por motivos religiosos, raciales, de género, migratorios y de discapacidad”

Y es que la realidad, querido lector, tal como reza el informe mencionado sobre la libertad religiosa, lo que más les preocupa es que “las minorías religiosas”, es decir, el cristianismo (y el islam en este caso), no acepten la ideología de género. Todo envuelto de otras reivindicaciones que, a cualquier persona de buena voluntad, les han de parecer necesarias de llevarse a cabo. Tal podría ser el caso de la erradicación de las extirpaciones del clítoris, que aún, en algunas culturas, se hacen a las mujeres. Acción tremendamente cruel.

Pero la realidad es que lo que son las mujeres, lo que es la dignidad de la mujer en su pleno sentido, ha quedado más que demostrado, no les interesa lo más mínimo. Bueno, sí, les interesa para utilizarla como arma arrojadiza. La razón es bien sencilla: de la mujer atacan lo más valioso que poseé: su fecundidad. Su maravilloso don de poder ser madres.

Como bien sabemos, la ideología de género fomenta el cambio de sexo, las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo que son estériles, y el aborto. Y esto es lo que, en este informe de la ONU, podemos apreciar que les molesta, en sobre manera, del cristianismo: la oposición tanto a la ideología de género como al aborto. Y estos son los derechos que únicamente quieren defender. El que esté en contra, es el que fomenta el odio. ¿Lo vamos captando? La Iglesia, el cristianismo, es un foco de odio y discriminación.

Porque resulta, que el cristianismo sí que defiende a las mujeres y las niñas, porque defiende su vida íntegra, su propia feminidad, defiende su naturaleza femenina, su capacidad de ser madre. Defiende su deseo de casarse y formar una familia, de tener muchos hijos. El cristianismo, sí que defiende a estas mujeres discriminadas por profesar su fe cristiana, defiende y promueve el respeto hacia otras minorías religiosas, otras razas y culturas. Defiende que pueda recibir educación, cultura y que goce de una vida laboral y social. Pero siempre priorizando su ser femenino.

Sin embargo, la ONU privilegia los derechos de los colectivos LGTBI así como el del aborto. Denunciando incluso a los médicos que, como en países latinoamericanos, se acogen a la objeción de conciencia, para no llevar a cabo este asesinato disfrazado de un derecho.

Pero no teniendo suficiente, este organismo sostiene que se han de aceptar en la Iglesia las nuevas teologías contextuales queer y feministas.

Como si la Iglesia tuviera que estar abierta a todo tipo de ideologías desvirtuadas y totalmente contrarias a la verdad que Cristo nos enseñó, porque así lo dice la ONU. ¿Quiénes se creen ellos para decir a los cristianos lo que tenemos que pensar o hacer? Todo aquel que no esté de acuerdo con la doctrina católica, puede libremente irse y formar parte de otros grupos que piensen como ellos. Pero no tiene que ser la Iglesia, el cristianismo, el que se tenga que amoldar a los nuevos tiempos y pensamientos.

Sin embargo, el llamado derecho a la libertad religiosa lo que hace es alentar a lo contrario. Pues se pide que el Gobierno, con respecto a la Iglesia “debe intervenir para prevenir prácticas dañinas (…) incluyendo actos discriminatorios (no.49).

Así que como aprecia el lector, la nueva ética universal tiene a la ONU como al Papa, el relator y expertos hacen las veces de su capellán, los Gobiernos y Estados serían los Cardenales, Obispos y sacerdotes, y los adeptos a esta nueva religión anticristiana, los fieles laicos y religiosos en sus distintas modalidades.

La Iglesia no debe ceder jamás a estas amenazas y debe mantenerse siempre firme en la Verdad. Nuestra misión como cristianos en anunciar la Verdad, denunciando aquello que atenta contra la vida y la libertad, así como a los verdaderos derechos fundamentales de todo ser humano. El cristianismo primitivo se difundió gracias a hombres y mujeres valientes que dieron su vida por amor a Cristo resucitado, no se escondieron o se dejaron llevar por las ideologías y falsas religiones del imperio romano. Ahora, el César está en la ONU, y no tolerará que adoremos a otro Dios. De ahí sus ansias de venganza.

Ha llegado la hora de salir del cenáculo, de perder el miedo y defender al cristianismo de sus enemigos.

“Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará la fe sobre la tierra[2]?” (Lc18,8)

Un saludo, la Paz y hasta muy pronto

[1] https://www.ohchr.org/SP/NewsEvents/Pages/DisplayNews.aspx?NewsID=26937&LangID=E

[2] https://www.bibliacatolica.com.br/la-biblia-de-jerusalen/lucas/18/

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