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En este día, 9 de mayo de 2021, celebramos el Domingo 6 de Pascua, Ciclo B, en la liturgia de la Iglesia Católica. El pasaje evangélico de hoy es de San Juan (15, 9-17): “Jesús dijo a sus discípulos: ‘Como el Padre me ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena”.

Permanecer en el amor. Después del simbolismo de la Vid y los sarmientos, Jesús retorna al amor con que el Padre lo ama como la base de su propio amor a los discípulos. El amor del Padre y del Hijo implica el conocimiento y la experiencia. El amor de Jesús por sus discípulos sobresale en el lavatorio de los pies: “Antes de la fiesta de la Pascua, Jesús sabía que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre y habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo los amó hasta el extremo” (Jn 13, 1). El amor mutuo se fundamenta en que tanto Jesús como los discípulos cumplen los mandamientos y permanecen en el amor de quien es mayor que ellos. Hay un vínculo de identidad entre el amor del Padre al Hijo, el amor del Hijo a los discípulos y el amor de los discípulos entre sí. La alegría de Jesús siempre va unida al amor y de ambas experiencias participan sus discípulos. Permanecer en Jesús es aceptar su amor, corresponder a él y cumplir sus mandamientos.

El Mandamiento de Jesús. El texto evangélico prosigue: “Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre”. Jesús, el Hijo de Dios, tiene el poder de ordenar mandamientos a sus discípulos y el principal de ellos es el mandamiento nuevo, el mandamiento del amor fraterno, basado en el amor que él mismo les ha demostrado. Este amor fructifica y hace pasar de la servidumbre a la amistad gracias al cumplimiento de los mandamientos. El mayor signo de amistad consiste en dar la vida como lo hace Jesús al entregarse en la Cruz por sus amigos y por toda la humanidad. Los discípulos conocieron el amor de Jesús por sus amigos al contemplar sus sentimientos y actitudes en la resurrección de su amigo Lázaro. El amigo tiene el privilegio de conocer íntimamente a Jesús y a su Padre mientras que al siervo no se le permite.

La elección de Jesús. El relato evangélico concluye: “No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros”. Así queda claro que nadie puede elegir a Jesús sin haber sido escogido por él o por el Padre. Convertirse en amigos de Jesús exige dar frutos. Elegir a alguien significa escogerlo para un fin determinado. La elección de los Doce fue para tener mayor intimidad con él y para enviarlos a la misión. Éstos representan a las doce tribus del nuevo Pueblo de Israel que tiene su origen en la elección de Cristo, se remonta a la elección del Padre y se hace bajo la acción del Espíritu Santo. La elección de Matías y la de Pablo muestran que Dios no pretende edificar su Iglesia sino sobre testigos escogidos y establecidos por él. Las comunidades cristianas y sus pastores sólo realizan elecciones y confían misiones al discernir la elección de Dios y la manifestación del Espíritu Santo.

+Hipólito Reyes Larios
Arzobispo de Xalapa

Mons. Hipólito Reyes Larios

Arzobispo de la Arquidiócesis de Xalapa, Veracruz. México

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