DESTACADOSOPINIÓNLa paz, las heridas y las Sagradas Escrituras.

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El evangelio de este domingo (Lc 24, 35-48) es la continuación del relato de los discípulos de Emaús que ya escuchamos el primer domingo de pascua. San Lucas nos sigue hablando de la resurrección de Jesús. En esta ocasión, el evangelista nos transporta al lugar del Cenáculo donde nuestro Señor se manifiesta nuevamente a los discípulos mediante tres señales: en primer lugar el signo de la paz, en segundo la señal de las manos y los pies y en tercer lugar con la Sagrada Escritura.

El signo de la Paz. Jesús resucitado nos ofrece la paz, no solo como un saludo sino como el resultado de su muerte y resurrección. Jesús nos ofrece la paz porque él nos ha reconciliado con Dios nuestro padre; por medio de su muerte y resurrección él ha perdonado nuestros pecados. Esta paz es con Dios y también con los hermanos. Por esa razón, cuando Jesús ha resucitado, dice a sus apóstoles: la paz esté con ustedes. El que tiene la paz de Dios será capaz de construir el reino de los cielos.

El signo de las manos y los pies. La señal de las manos y los pies de Jesús hacen referencia a la crucifixión. San Lucas insiste mucho en el realismo de la resurrección. Jesús resucitado no es un fantasma, por ello les muestra los signos de su pasión y por eso come con ellos. Hay por una parte una continuidad entre el Jesús histórico que fue crucificado y el Resucitado que ahora se muestra con un cuerpo glorioso. Por eso Jesús muestra las manos y los pies. Las huellas en las manos y los pies son el signo que identifica a aquel que se ha aparecido. Es el mismo que ha sido crucificado, sólo que ahora tiene un cuerpo glorioso que es capaz de traspasar los muros y superar cualquier condición espacio temporal. El sacrificio de Cristo en la cruz fue el precio que Dios pagó para salvarnos, por eso él es nuestro redentor.

El tercer signo es la referencia a las sagradas Escrituras. Para fundamentar la fe de los discípulos y para que ellos tengan una mejor comprensión del resucitado necesitan tener presente todo lo que se decía de él en las tres partes principales del Antiguo Testamento: la ley, los profetas y los escritos. Se puede reconocer a Jesús resucitado si asimilamos las enseñanzas de la Biblia y sus predicciones. La pasión y la resurrección de Jesús habían sido predichas en las sagradas Escrituras. De ahí que el conocimiento de las Sagradas Escrituras nos lleva al reconocimiento de Cristo.

Por lo tanto, si deseamos descubrir los planes de Dios sobre nuestras vidas, conocer su voluntad y saber cuál es el camino que nos lleva a Dios, se necesita acercarse frecuentemente a su Palabra divina que está contenida en la Biblia. Esta palabra la debemos leer, meditar y asimilar continuamente. La paz que viene de Dios, es también fruto de la Cruz de Cristo, por eso un cristiano siempre debe hacer referencia al crucificado, porque de ahí nos viene la salvación.

Pidamos la luz del Espíritu Santo para que abra nuestra mente a la comprensión de la Palabra de Dios que escuchamos cada vez que asistimos a la Sagrada Eucaristía o nos reunimos para un encuentro de formación; Que Dios nos dé además la perseverancia para poner en práctica esta Palabra de Dios.

Pbro. José Manuel Suazo Reyes

Vocero de la Arquidiocesis de Xalapa. México.

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