EuropaFORMACIÓN RELIGIOSAIGLESIA EN MOVIMIENTO¿Por qué no se corrige a la Iglesia alemana?

ACNabril 6, 2021

Mi hijo tiene poco más de año y medio. Cuando no quiere comerse el puré, porque no le gusta, mi deber es dárselo con paciencia porque, aunque él no lo quiera es bueno para él. Lo mismo cuando se porta mal: mi deber, aunque no sea lo más fácil, es regañarle, corregirle, a fin de que obre correctamente.

La Iglesia en Alemania lleva años, demasiados, desafiando parte importante de la doctrina y moral católicas. Evidentemente, no toda; pero si sectores importantes y representativos, incluyendo numerosos obispos y asociaciones de fieles.

En los últimos dos años, de hecho, han comenzado un “camino sinodal” en el que se están escuchando posiciones que son incompatibles con el magisterio bimilenario de la Iglesia. Esto sucede públicamente, para mayor escándalo de los fieles que asisten desconcertados a un espectáculo bochornoso en el que, en cuestiones fundamentales, ven como un obispo dice A y, mientras, el de la diócesis vecina dice B.

¿Por qué no se hace nada? ¿Por qué se han nombrado durante años ―y desde hace varios pontificados― a Sucesores de los Apóstoles que no están en comunión con la moral de la Iglesia? ¿A qué espera Roma?

La Iglesia católica ha de ser un faro en medio de las tinieblas de este mundo, una brújula con la que el hombre pueda dirigirse a la verdad, respondiendo a su naturaleza, y orientar así a las almas a abrazar la salvación que nos ofrece Cristo. Y si un grupo dentro de ella anda errado y confundido, su deber es corregirles por su bien.

Al igual que mi deber como padre es corregir a mi hijo, regañarle si es necesario, pensando en su bien futuro, con más razón la Iglesia católica, y en este caso, la más alta jerarquía afincada en el Vaticano, debería tomar cartas en el asunto y corregir con firmeza, como lo haría un padre, la peligrosa deriva que parte de la Iglesia germana está tomando para escándalo de propios y extraños.

Porque si no, da la sensación de que nunca pasa nada, y poco a poco, paso a paso, seguirán avanzando en sus delirios heterodoxos y, cuando se les quiera parar, será demasiado tarde. Si a mi hijo le educo ahora, será más fácil que obedezca mañana, y podré evitar, enderezándole en las pequeñas cosas, que más tarde se convierta en un rebelde mimado en las grandes. No sé si estamos a tiempo de evitar una rebelión en la Iglesia alemana; yo creo que sí.

 

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