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  1. LA CREACIÓN, LA LIBERACIÓN Y LA ALIANZA

Fuimos creados por amor y estuvimos en la mente de Dios para ser una creación perfecta. Dios nos creó «varón y hembra» Gen 1,27; con múltiples diferencias pero con una igual dignidad humana. Al usar nuestra libertad, caímos en el pecado, lo cual significó ser expulsados del paraíso, representado simbólicamente con la esclavitud en Egipto. Después de la liberación, Dios hizo una Alianza donde prometió cuidar a su Pueblo, bendecirlo y multiplicar su descendencia, además de darle «una tierra que mana leche y miel». Ex 3,8.

 

  1. LA ENCARNACIÓN, LA MUERTE Y RESURRECCIÓN

Dios envió a su Hijo, «nacido de mujer, nacido bajo la Ley» Gal 4,4, para rescatarnos a los que vivíamos bajo la esclavitud de la Ley (Cf, Gal 4,5).  Por lo cual, Jesucristo no vino al mundo para condenarnos, sino para salvarnos (Jn 12,47). Y murió en la cruz para darnos vida: fue una entrega libre, generosa y fructífera. Su muerte tiene un sentido redentor, es decir, es un rescate y forma parte del plan de salvación, pues vino para darnos vida y vida en abundancia (Jn 10,10). Murió, pero también resucitó, sino, vana sería nuestra fe (1ª Cor 15,14).

 

  1. LOS SIGNOS DE LA PASCUA: LA LUZ, LA PALABRA, EL AGUA, EL CUERPO DE CRISTO

La pascua de Cristo es el paso de la muerte a la vida, lo cual, se representa simbólicamente con los sacramentos, de modo especial con el bautismo. La luz disipa la obscuridad del pecado, la Palabra nos narra las maravillas de Dios a favor de su Pueblo, el agua otorga la vida (Israel) y la muerte (Egipto) y el Cuerpo de Cristo es el signo de la Nueva Alianza. Para poder acceder a la Resurrección de Cristo necesitamos sentirnos solidarios con Adán (pecado original) y reconocer a Jesús como nuestro Salvador (gracia santificante).

 

  1. LAS ACTITUDES DE LA RESURRECCIÓN

La resurrección implica caminos nuevos de vida plena, implica un morir al pecado para vivir en Dios (Rom 6,9-11 y 2ª Tim 2,11), implica pensamientos, actitudes y una vida nueva. La Resurrección implica reorientar el rumbo (de Emaús a Jerusalén), tener un encuentro con Cristo vivo (apariciones), conformar la comunidad de discípulos misioneros (Iglesia naciente) y cambiar el punto de la Misión (de Jerusalén a Galilea). Resucitar en Cristo implica poner en práctica los valores y principios de la honestidad, la verdad, la justicia, la caridad, la paz y la fraternidad; teniendo como punto de partida las actitudes de la alegría, el gozo y el júbilo. Resucitemos con Cristo siendo hombres nuevos y mujeres nuevas, para dar frutos de vida eterna.

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