VOLVIENDO A GALILEAJob y la militancia del Cristiano.

Militancia

 

En uno de los momentos más serenos dentro del drama poético de Job, declara: “¿No es una milicia la estancia del hombre en la tierra?” (Cf. Jb 7,1). Job es un hombre devoto de YAHVEH Sabaot el SEÑOR de los Ejércitos. DIOS dispone las cosas en su Creación dentro de un orden, y aparece clara a la simple observación que en los distintos niveles de la Creación rigen leyes físicas y de otros tipos. El comportamiento  humano se establece bajo unos cuantos principios básicos, que adquieren gran complejidad al regular la vida social y religiosa. La milicia requiere orden, disciplina, aprendizaje, subordinación, jerarquía y otros rasgos que exigen un comportamiento  diligente. El propio Pueblo de Israel es el principal ejército de YAHVEH Sabaot.

 

La brevedad de la vida.

 

La gran desgracia padecida por Job arranca de su hondo dolor y sufrimiento pensamientos certeros, cargados de sabiduría: “mis días han sido más veloces que la lanzadera” (Cf.Jb 7,7). Nuestro tiempo real es el discurrir de la vida. Lo que decimos del tiempo lo estamos refiriendo directamente a la propia vida. Tiempos largos que se hacen aburridos equivalen a tramos de vida sin aliciente. Cuando la vida se convierte en una milicia al servicio del SEÑOR, la vivencia del tiempo es diferente, porque no es apto el que baja la guardia. El militante se percibe en escenarios de actividad siempre nuevos, porque su mirada va más allá del sillón de su casa. La vida es corta o muy breve, los cometidos pueden aparecer como inabarcables, las responsabilidades son reclamadas por los más próximos y nos sacan de cualquier indolencia furtiva. Incluso, cuando alguien pudiera decir, “mi carrera está terminada”, podría verse reclamado por las generaciones que lo sucederán: hijos o nietos. Comprobamos que nada está terminado; y, aunque ninguno en particular es imprescindible, sin embargo es necesario para contribuir al bien de los demás.

 

El pozo de Job.

 

Las consideraciones anteriores de Job vienen dadas al verse sumergido en un mar de oscuridad. Sabemos de todas las pérdidas sufridas y la enfermedad que lo está lacerando. Se presenta Job como un icono de la humanidad sufriente; y profecía de la Cruz de JESUCRISTO. Si queremos ver la raíz del mal en el mundo con todas las secuelas de enfermedades y limitaciones, miremos a la Cruz; pero también encontramos la imagen del dolor en la vida de Job, que en un momento preciso él expresa de esta manera: “al acostarme digo, ¿cuándo llegará el día?; y al levantarme, ¿cuándo será de noche?, y hasta el crepúsculo ahíto estoy de sobresaltos. Mi carne está cubierta de gusanos y de costras terrosas, mi piel se agrieta y supura” (Cf. Jb 7,4-5). Job es la imagen viva de la humanidad sufriente y doliente, que siente todo el peso del infortunio y la enfermedad previa a la muerte. Tras la prolongada noche oscura, Job vio su penas recompensadas por el DIOS a quien reclamaba una explicación. Al final llegó la recompensa por la perseverancia en la lucha, el SEÑOR se manifestó, pero las razones de aquella gran prueba no fueron expuestas. Y el mal sigue su curso dentro del juego de libertades en el que se mueve el drama humano.

 

Nuestras militancias.

 

En realidad, el cristiano debe ser una persona con la sola militancia que le confiere la Fe. Tampoco nos podemos apartar del principio básico, por el que reconocemos “la Fe  en JESUCRISTO como única tabla de salvación” (Cf. Gal 2,16). El cristiano que confía su vida a JESUCRISTO es una persona activa dentro y fuera de la comunidad cristiana. La comunión fraterna es el ámbito eclesial efectivo en el que cada uno vive su Fe. Y la acción social resulta inevitable para el cristiano que vive en el mundo con una disposición a la presencia del Reino de DIOS en su entorno. Las fuerzas particulares son limitadas, pero aquello aparentemente insignificante es lo que estamos obligados a ofrecer y contribuir. Puede ser que llegados a cierto tramo de la vida la aportación a la Iglesia y al mundo sea nuestra oración, que nunca estará vacía, ni baldía. DIOS acoge siempre la plegaria del hombre débil: disminuido por la enfermedad, los condicionamientos familiares, o las circunstancias sociales. La oración del anciano o del enfermo tienen especial favor ante DIOS. Job ve multiplicado su patrimonio con respecto a su situación anterior después de su desgarrada oración en medio de la desgracia. Ciertamente, la aplicación de los principios espirituales dados en este libro de la Biblia se aplicarán a cada uno según el designio divino. La traducción en beneficios de la oración realizada, lo más seguro que no sean tangible para la persona que la realiza, lo que no significa la inutilidad de la misma. Sabemos que los verdaderos tesoros están en el Cielo, donde la polilla no corroe lo adquirido, ni el óxido lo deteriora (Cf.  Lc 6,20).

 

Por la gravedad de lo que está sucediendo, no podemos pasar por alto distintas posiciones testimoniales que el cristiano informado debiera llevar a cabo. Nuestra nación se está convirtiendo en un gran laboratorio de ingeniería social, lo mismo que otros países; pero la sociedad española está siendo víctima de una serie de disposiciones legales, que afectan a la naturaleza misma del individuo. Me refiero a las leyes que se están elaborando sobre la transexualidad, y la nueva ley de la infancia. Dos leyes que vienen envueltas con la gran mentira de “atender a los derechos de las minorías”. Con este mismo criterio hay que seguir destacando las leyes pro aborto y, en España, la ley de la eutanasia. Lo mismo que la despenalización del aborto incluía el supuesto de la posibilidad de abortar por causa de la salud psíquica de la madre; así también, la ley de la eutanasia, aparentemente garantista, recoge el supuesto de la incapacidad del enfermo para decidir, dejando la decisión al profesional, que actúe en ese momento. Sabemos que en el caso del aborto el supuesto de la salud psíquica fue la puerta para el aborto libre en España, y este otro supuesto, la incapacidad para decidir del enfermo, en la ley de la eutanasia ofrece el apoyo legal para que ningún médico pueda ser encausado legalmente, si la circunstancia lo exigiese. La causa a favor de la vida, en nuestra nación y en todo el mundo, es una carrera de fondo. De forma excepcional en algunos sitios se está revirtiendo las legislaciones pro aborto, pero es la excepción.

 

Parecía hace muy pocos años, que la sociedad Occidental había avanzado realmente  en cuanto a los derechos humanos se refiere, pero las instituciones nacionales y mundiales lo están desmintiendo. Los poderes mundialistas, con la ONU a la cabeza, parece que tienen prisa. La actual situación mundial de pandemia, que algunos llaman con razón de “plandemia”, está animando en extremo a estos poderes para ejecutar su agenda. Algunos creíamos, que la ONU era simplemente esa organización de naciones con un grado de ineficacia muy elevado, pues a lo que llegaba era a mandar  los cascos azules como fuerzas de interposición con escasa eficacia. Pasado el tiempo la ONU se revela como la instancia promotora de las conferencias sobre el clima y el medio ambiente, que en sus reuniones van a prevalecer las estrategias relacionadas con el control de la población. Poco a poco fueron avanzando en las mencionadas conferencias de Pekín, El Cairo o Río de Janeiro disposiciones de carácter supranacional. Lentamente se fue creando la Agenda 2030, con la que se pretende controlar a las empresas de las naciones y el ritmo de crecimiento de las mismas por encima de las legislaciones nacionales. La Carta de los Derechos Humanos, de mil novecientos cuarenta y ocho, que defiende el derecho a la vida principalmente, es contravenido por las distintas agencias de la misma ONU que promueven el aborto dentro del conjunto de medios anticonceptivos. Así mismo, la ONU es la principal institución en defensa de las leyes “lgtbi”. Estas leyes como hemos dicho se mueven dentro de la llamada Ideología de Género. La gran falacia del género tiene como finalidad el cambio antropológico y contribuir al límite poblacional. Bajo una falsa defensa de la homosexualidad se pretende alterar los imperativos biológicos más elementales: el género solo existe como ficción, lo que ofrece la ciencia es la caracterización de personas con cromosomas XX y Xy, que determinan el sexo de mujer y varón. Después tanto la mujer o el varón, por distintas razones, pueden sentir una atracción imperativa por otro hombre u otra mujer; y tenemos, entonces, el caso de la homosexualidad, es decir, personas del mismo sexo que se atraen mutuamente por las razones que sean. Asistimos en la actualidad al gran disparate, de que alguien pueda determinar el sexo –género- de acuerdo con su apreciación subjetiva. Cuando las legislaciones empiezan a doblar la rodilla ante esta falta de cordura resulta un penoso síntoma de la descomposición social. En España el Vicepresidente del Gobierno con la ministra de igualdad apoyan y promueven este tipo de leyes, que están esperando su tramitación. A todo esto le falta un elemento por añadir, que son los grandes medios de comunicación, sin los cuales el cambio de mentalidad social sería imposible. Pero ahí están los opinólogos en las tertulias dispuestos a defender con todo entusiasmo sofismas de todo tipo. Me imagino que la mayoría no diría lo mismo, si de un hijo suyo se tratase porque insistamos una vez más: el objetivo preferente son los niños y adolescentes, y el paso próximo será rebajar la edad infantil para el consentimiento sexual, de total forma que desaparezcan la mayor parte de los casos de abuso infantil y pederastia. Si una sociedad no se moviliza por sus niños, adolescentes y ancianos, merece que le sobrevenga cualquier tipo de desgracia.

 

JESÚS en casa de Pedro.

 

JESÚS deja la sinagoga y se dirige a la casa donde Pedro vivía con su hermano Andrés; pero el texto nos va a aclarar que allí vivía la suegra de Pedro y lógicamente  su esposa, de la que no se hace mención. Pedro y Andrés eran de Betsaida, por lo que en realidad la casa debía ser de la madre de la esposa de Pedro. Esta deducción cobra más valor desde el momento en que la suegra de Pedro se convierte en la anfitriona de la casa, al estilo de Marta cuando JESÚS acude a Betania (Cf. Lc 10,38-41). Pero en este momento conviene fijarnos en el camino de lugar y su sentido religioso. Los primeros tiempos del Cristianismo se mueven entre la sinagoga como institución básicamente judía y las casas. El libro de los Hechos señala las casas de  los creyentes como los lugares de reunión por excelencia, pues las reuniones en las sinagogas tienen con frecuencia un carácter polémico. La sinagoga es el ámbito religioso que señala la frontera donde el Judaísmo podía considerar el cumplimiento de las profecías de la Antigua Alianza y reconocer a JESÚS de Nazaret como el MESÍAS profetizado y esperado. La cosa no fue así, y la sinagoga como institución radicalizó de manera progresiva sus posiciones. En el conjunto de los escritos del Nuevo Testamento, comprobamos que el intento del proselitismo cristiano llegó hasta poco antes del año setenta, cuando Jerusalén y el Templo fueron destruidos por Roma. Esta  primera visita a la sinagoga narrada por Marcos concluye con un balance positivo, pues no recoge increpación alguna contra JESÚS, y de forma especial se acentúa su dominio sobre las fuerzas infernales. Como decíamos la semana pasada, “DIOS está en contienda permanente contra Amalec” (Cf. Ex 17,16); y lo que se va a librar es la batalla final, que Marcos señala en su comienzo y persistirá hasta el momento de la Parusía final. De ahí, que el propio evangelio de Marcos termine su relato, de dieciséis capítulos, implicando a todos los creyentes en esta misma lucha: “Los que crean y sean bautizados, en mi Nombre expulsarán demonios…” (Cf. Mc 16,16-18).

 

La suegra de Pedro es curada.

 

“La suegra de Pedro estaba con fiebre, y le hablan de ella, JESÚS se acercó la tomó de la mano la levantó. La fiebre la dejó, y ella se puso a servirles” (v.30-31). Se repite como un estribillo, que muchas enfermedades padecidas en aquellos tiempos eran atribuidas a malos espíritus, y esa era la razón del gran número de personas consideradas como posesas; pero en los evangelios se diferencia muy bien el tipo de dolencias y los ciegos, los mancos o los paralíticos, poco tenían que ver con posesión alguna. La fiebre de la suegra de Pedro podía ir acompañada de alguna manifestación añadida, pero no se dice nada. No obstante la diferencia es clara: en la casa de Pedro  no habita el espíritu inmundo como en la sinagoga. Aquí JESÚS no tiene que pronunciar enseñanza alguna para marcar su autoridad o imponerse a los espíritus como en la sinagoga; tan sólo se acerca a la enferma y la toma de la mano. JESÚS levanta del lecho a la suegra de Pedro o a la hija de Jairo (Cf. Mc 5,41) como anticipo y signo de su propia Resurrección. La fiebre es el síntoma de la enfermedad, que en su extremo encuentra la muerte. Pero ante JESÚS cualquier proceso de enfermedad o muerte se trasciende en la Resurrección. Para la suegra de Pedro se anticipa la acción pascual y con la misma diligencia de las mujeres en el primer día de Pascua, se pone a servirles. En este breve episodio algunos encuentran un filón para argumentar a favor de la disponibilidad incondicional de la mujeres en el servicio a JESÚS y a la causa de la evangelización; y no es desdeñable que el evangelista resalte este episodio doméstico  en los prolegómenos de su evangelio.

 

Al caer la tarde.

 

La secuencia temporal del los hechos hay que advertirla, pues nos traslada a otros acontecimientos de gran importancia. Al atardecer el SEÑOR bajaba a encontrarse con el hombre en el Edén (Cf. Gen 3,8); también al atardecer el RESUCITADO se hace el encontradizo con los deprimidos discípulos camino de Emaús (Cf. Lc 24,29). Entre la primera creación y la segunda fruto de la Resurrección, están los milagros de JESÚS, que restauran al hombre enfermo y adelantan como signo la victoria sobre la enfermedad y la muerte con la Resurrección personal, “pues los muertos resucitan, porque JESÚS ha resucitado”  (Cf. 1Cor 15,12-22).

 

“Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados. La ciudad entera estaba agolpada a la puerta. JESÚS curó a los enfermos y expulsó a los demonios, a los que no les dejaba hablar, pues lo conocían” (v.33-34). El sábado se iba terminando con los últimos rayos de luz, y el ocaso daba inicio al día siguiente, en el que no había impedimento legal alguno para realizar cualquier tarea. Los enfermos  se podían desplazar sin límite de distancia y los familiares de los mismos asistirlos llevando cualquier tipo de camilla o medio para transportar al enfermo. También acudieron los poseídos a los que JESÚS no les dejaba hablar. Ya no era sábado y comenzaba el primer día de la semana. De nuevo el hecho nos trae a la memoria el día de la Resurrección. No eran pocos, y las gentes se agolpaban a la puerta de la casa de Pedro. No era la imagen de un “hospital de campaña”, en palabras del papa Francisco, sino la estampa de lo que tendría que ser la Iglesia del futuro. Será en el capítulo tres, cuando a Simón le sea cambiado el nombre por el de Roca, o Pedro, pero el evangelista consigue reflejar lo que el SEÑOR desea de su Iglesia. Hubo un gran efecto multiplicador: el signo realizado en la sinagoga por la mañana se multiplicó  de forma sorprendente, y muchos de los que se enteraron acudieron a ver a JESÚS. El llamado “secreto mesiánico” que acompaña al evangelio de san Marcos, de forma especial, impone a los espíritus un silencio sorprendente: el nombre de JESÚS en el espíritu satánico es una blasfemia. San Pablo dirá “sólo se puede decir, que JESÚS es SEÑOR, bajo la acción del ESPÍRITU SANTO “ (Cf. 1Cor 12,3). Hoy día muchas voces  hablan con odio y de forma blasfema de JESÚS con el fin de erradicar su presencia en el mundo, en la cultura y en el hombre individual. El antídoto a este mal radical está en el testimonio de las personas movidas por la acción del ESPÍRITU SANTO, que testimonien a JESÚS con su mismo AMOR.

 

De madrugada.

 

“De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario, y allí se puso a hacer oración” (v.35). Todavía de noche, JESÚS iniciaba su jornada, y el primer tramo del día era para la oración. El diálogo con el PADRE debía presidir toda la actuación de JESÚS. El itinerario de la evangelización no estaba predeterminado, y su desenvolvimiento estaba pendiente del conveniente diálogo con el PADRE. La oración para nadie es rutinaria y en el caso de JESÚS mucho menos. Por el contrario, la oración es un diálogo nuevo, porque ningún día es igual a otro. Si alguien considera que sus días son todos iguales es que no los capta en su verdadero transcurso. Toda oración es creativa, aunque la fórmula utilizada sea repetitiva. En el caso de JESÚS la novedad de cada oración o diálogo con el PADRE estaba garantizada, pues nadie como ÉL calaba en profundidad a las personas y la realidad circundante, por lo que la materia de diálogo podría extenderse ampliamente. Por otra parte, en la persona de JESÚS juegan factores extraordinarios, que a nosotros se nos escapan. De la facilidad de JESÚS para entrar en contacto con el PADRE nos dan buena muestra los evangelios, pero a nosotros nos vienen muy bien los aspectos señalados por Marcos, que presentan los detalles circunstanciales de la oración. JESÚS busca una hora temprana para encontrase con el PADRE, y procura que eso se desenvuelva a solas. No se queda en la casa, que por otra parte no debía tener muchos espacios libres, y sale a un lugar abierto, fuera del ruido que iba a comenzar a producirse en una localidad pesquera como Cafarnaum. Sin embargo a los discípulos no les costó mucho encontrarlo, y eso da idea que JESÚS no se había ido lejos.

 

Vamos a los pueblos vecinos.

 

JESÚS no viene con un guión establecido en sus detalles: sabe cuál es el cometido  fundamental de su misión, pero se somete a la limitación humana de ir paso a paso.  La misión de JESÚS se va a cubrir de camino en camino, y de pueblo en pueblo. La itinerancia va a ser su estilo, y siempre receptivo a la voluntad del PADRE. En este punto cabe aplicar la cuarta petición del Padrenuestro: “danos hoy nuestro pan de cada día” (Cf. Mt 6,11). Un alimento diario para una jornada, que despliega paso a paso sus propias inquietudes. JESÚS tiene poder como HIJO de DIOS, pero lo reserva muy bien para ofrecerlo únicamente como revelación del Amor de DIOS, respetando de forma escrupulosa el juego de libertades en las que se mueven las relaciones humanas. El Reino de DIOS se va a manifestar a través de JESÚS en la medida de la acogida de los que lo rodean. Pero JESÚS sabe del efecto multiplicador de sus palabras, y de los signo realizados, y no puede dejar baldíos los efectos de la acción poderosa de DIOS: tiene que llevar la acción del Reinado de DIOS a otros lugares dentro de la comarca de la Galilea.

 

Habían pasado unas horas, y Pedro y los otros tres discípulos encuentran a JESÚS, al que informan: “todo el mundo te busca” (v.37). San Marcos resulta especialmente sobrio y no deja traslucir rasgos emocionales en las expresiones, pero en las propias palabras que Pedro dirige a JESÚS se advierte un tono de reproche. JESÚS se había  levantado sin ellos notarlo y Pedro desliza una expresión que podría denotar una cierta descortesía por parte de JESÚS, pues a ellos no les ha dicho nada, y Pedro sentía que JESÚS debía corresponder de forma inmediata a los requerimientos de un grupo de persona: “todo el mundo te busca”. Los Evangelios nos presentarán otras ocasiones en las que Pedro hará de portavoz del grupo, y se mostrará acertado en un unos momentos, y en otros manifestará oposición a las decisiones de JESÚS. Sabemos que al término del periodo de discipulado, Pedro es aprobado con buena nota, porque pasa con éxito la prueba del Amor al MAESTRO (Cf. Jn 21,15-17).

 

“Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos para predicar allí también, pues para eso he venido” (v.37) El eje central de la misión de JESÚS es la predicación, porque el Reino se construye por la fuerza de la Palabra ungida por la acción del ESPÍRITU SANTO. Como ondas concéntricas, que se forman a partir de un punto dado, así tiene que irradiar el Reino en un efecto expansivo a partir de la persona misma de JESÚS., que “recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas y expulsando los demonios” (v.39)

 

San Pablo, 1Corintios 9, 16-19.22-23

 

En el capítulo nueve de la carta a los Corintios, san Pablo presenta algunas reivindicaciones de tipo personal frente a las comunidades de Corinto, a las que había dedicado sus mayores esfuerzos. Gracias a la relación viva entre el apóstol y aquellos cristianos, hoy tenemos grandes enseñanzas. Los acentos marcados por el apóstol constituyen líneas fundamentales en su condición de apóstol de JESUCRISTO, que sirven de modelo a los cristianos de todos los tiempos.

 

“Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria, es más bien un deber que me incumbe; y ay de mí, si no predicara el Evangelio” (v.16). Después de la experiencia de conversión del todo singular, camino de Damasco (Cf. Hch 9), san Pablo realiza un retiro de al menos tres años, que son necesarios para reestructurar todo su edificio religioso y espiritual. El resultado de todo ello es una capacitación extraordinaria para llevar adelante una misión, que pondría al Cristianismo en la esfera de influencia del Imperio Romano. El ímpetu y la fuerza evangelizadora de san Pablo tiene rasgos únicos, que nunca más se han vuelto a dar; y, al mismo tiempo, mantiene la ejemplaridad para los cristianos independientemente de los carismas con los que el SEÑOR dote a cada uno. El imperativo de la evangelización le viene a san Pablo de forma especial, pero es una derivada para todo bautizado, que unido a JESUCRISTO tiene que irradiar su luz y conservar su Palabra con autenticidad (Cf. Mt 5,14).

 

El extraordinario don del Evangelio fue confiado al apóstol (v.17), que debe custodiarlo; y para hacerlo con toda su integridad, lo ofrece de balde, sin acogerse al derecho que tendría de reclamar una retribución material (v.18). En distintas ocasiones vemos a san Pablo ocupado en su oficio familiar para ganarse el sustento. El tejido de lonas y abrigos con lana de Cilicia constituía el modo de ganarse la vida durante unas horas diarias, dedicando otras para la difusión del Evangelio; y de forma especial los sábados en las sinagogas. Debemos tener en cuenta, que el paso a la celebración del domingo como día propio de los cristianos no fue algo inmediato, y se vivió un periodo de transición entre el sábado judío y el día primero de la semana, en el que resucitó el SEÑOR.

 

“Siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos, para ganar como sea a algunos” (v.19). Un comportamiento de este tipo supera cualquier metodología evangelizadora. Las estrategias y fórmulas fracasan en la evangelización cuando el factor personal queda debilitado o decididamente diluido en la actividad. Esta premisa es una llamada de atención dentro del mundo virtual de las nuevas tecnologías. Muy mal, si nos convencen de la suficiencia de las misas por televisión o internet. Como medida provisional, pueden jugar su papel; pero nunca reemplazarán la actuación personal y presencial. Por otra parte esa expresión de san Pablo está en línea de encarnación evangélica del Mensaje; es decir, el evangelizador llega con el Mensaje cuando alcanza el punto adecuado de compasión, o de auténtica empatía. “Me he hecho débil con los débiles para ganar a los débiles. Me he hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos” (v.23). En este terreno no valen los fingimientos, las poses, ni los artificios; pues las personas perciben la sinceridad de las palabras y las acciones, que muestran la veracidad y autenticidad de la persona que dice y hace. No es fácil encontrar esta categoría de personas y de evangelizadores, pero la pauta esta señalada y presenta para todos una gran meta a conquistar.

 

Pablo Garrido Sánchez.

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