CULTURA RELIGIOSALos más importantes disidentes católicos encuentran en el Vaticano puertas abiertas y poca publicidad.

ACNenero 31, 2021

El Vaticano suele ser reacio a dar publicidad a las audiencias privadas papales con católicos importantes cuya vida pública está claramente en desacuerdo con aspectos no negociables de la enseñanza de la Iglesia; esto es lo que ocurrió con la audiencia que se concedió en 2011 al entonces vicepresidente Joe Biden.

Los detalles de estas reuniones a menudo salen a la luz después de su celebración, como la famosa audiencia del papa Benedicto XVI en Castel Gandolfo con el teólogo suizo disidente, el padre Hans Küng en 2005, o su audiencia, ese mismo año, con la controvertida escritora atea Oriana Fallaci, que nunca fue anunciada públicamente.

Entre las visitas del papa Francisco están sus frecuentes y muy polémicos encuentros con el ateo Eugenio Scalfari y otras audiencias en su residencia en el Vaticano, ninguna de las cuales ha sido anunciada oficialmente por el Vaticano a menos que lo solicitaran los medios de comunicación. También están su reunión con el transgénero español Diego Neria Lejárraga en 2015, y con la filántropa católica pro-aborto y pro-anticoncepción Melinda Gates en noviembre de 2019, un encuentro tan secreto que, a día de hoy, el Vaticano no lo ha reconocido públicamente.

En 2011 también tuvo lugar en el Vaticano una reunión reservada entre Benedicto XVI y Biden. A pesar de ser el primer católico que ocupa el cargo de vicepresidente, el apoyo de Biden a la legalización del aborto era bien conocido, siendo esta la razón más que probable por la que no se hizo mención oficial de la reunión y solo se publicó una fotografía y una breve leyenda en L’Osservatore Romano. Biden accedió al Vaticano a través de una entrada lateral y los medios italianos hablaron más tarde de un encuentro “estrictamente privado”.

Dos años antes había tenido lugar una audiencia privada similar entre Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes, y Benedicto XVI, después de una de las audiencias generales semanales del papa. No se permitieron fotos ni periodistas en la breve reunión de 15 minutos con Pelosi, una católica que apoya la legalización del aborto. Posteriormente, la portavoz demócrata divulgó la reunión destacando los aspectos positivos del encuentro e ignorando la fuerte reprimenda que le  dio Benedicto por su posición en relación al aborto.

A partir de entonces, la postura del Vaticano respecto a los más importantes políticos católicos estadounidenses se ha relajado notablemente. Los medios de comunicación de todo el mundo publicaron las fotos de unos amigables Joe Biden y papa Francisco saludándose en el Aula Pablo VI en 2016, cuando Biden asistió a una conferencia en el Vaticano sobre nuevas terapias para tratar el cáncer y otras enfermedades. Implícitamente, Biden recibió un trato papal más favorable que su oponente, el presidente Donald Trump, tanto antes como después de las elecciones presidenciales de 2020.

Además, es interesante notar la relación entre este enfoque más abierto y acogedor del Vaticano y el papa hacia Biden, y la creciente divergencia de este con el magisterio de la Iglesia en lo que respecta a los principios no negociables. A medida que se ha sentido más aceptado públicamente en Roma, se ha sentido menos condicionado por esos preceptos y se ha embarcado, en menos de una semana de presidencia, en la agenda pro-aborto y la teoría de género probablemente más radical hasta este momento, al contrario que su predecesor, Donald Trump, que tomó medidas para proteger la vida humana naciente. Sin duda, también están en juego otros factores importantes, en particular el posicionamiento de Biden con las prioridades de este pontificado con respecto a otros temas clave, como la inmigración y la lucha contra el cambio climático.

Pero mucho depende de la capacidad de Roma para liderar y en los últimos años el Vaticano no ha reprendido a Biden por sus ideas incompatibles [con la doctrina católica], mientras que Francisco criticó la política del muro fronterizo de Donald Trump durante la campaña de 2016.

En parte por esta razón no sorprende que el segundo presidente católico de Estados Unidos no parezca tener reparos en volver atrás y eliminar los muchos logros de la política antiaborto de los últimos cuatro años.

Edward Pentin/NCR.

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