VOLVIENDO A GALILEALa fiesta de la Palabra.

ACNenero 23, 202165 min
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Es reciente la institucionalización del tercer domingo del tiempo ordinario como la fiesta litúrgica de la Palabra. Entre los católicos, la consideración de la Palabra de DIOS sigue manteniendo un déficit, a pesar de los documentos pontificios y episcopales surgidos después del Concilio Vaticano II. La constitución dogmática, Dei verbum, vino a recoger de forma oficial las aportaciones del movimiento bíblico anterior al Concilio. Entonces el Magisterio de la Iglesia aceptó con audacia y prudencia al mismo tiempo los estudios científicos de las disciplinas exegéticas, para abordar con rigor los textos reconocidos por la comunidad de especialistas. Los frutos  de este nuevo impulso están en la base de la renovación teológica, la dimensión ecuménica de nuestra Fe, la renovación de la propia Iglesia, y unas nuevas y sólidas perspectivas de diálogo con la cultura actual. Nada impide a la Iglesia Católica mantener las dos coordenadas en la que se fundamenta: la Palabra revelada y la tradición. La Iglesia de JESUCRISTO es fiel a sí misma cuando permanece en el dinamismo del ESPÍRITU SANTO: una Iglesia siempre en reforma. La vivencia de la Fe tiene un aquí y ahora, que no es posible eludir; y para resolver bien el principio de encarnación es preciso reconocer la experiencia de Fe en las épocas que nos han precedido, para vivir el presente en la misma fidelidad, que al mismo tiempo va desentrañando los tesoros de gracia y revelación encerrados en la propia Palabra de DIOS. Podríamos enumerar un conjunto de prácticas religiosas que hace cien años parecían inamovibles, y hoy nos resultan inasumibles. Naturalmente estas formas a las que el fiel se aferraba con ardor y sinceridad pertenecían al ropaje de lo secundario.  Hubo épocas en que la Palabra de DIOS estaba cerrada con siete llaves. Algunos piensan que esos tiempos no representaron perjuicio significativo, pues el ambiente  social de cristiandad suplía la carencia en el conocimiento de la Palabra, que como decía el apóstol siempre viene bien para instruir, exhortar y extraer sabiduría (Cf. 1Tm 3,16). Durante siglos se vio truncado el mensaje del libro de los Hechos de los Apóstoles que cifraba la vida de la comunidad cristiana en cuatro factores: “los hermanos eran asiduos a la enseñanza de los apóstoles, la fracción del Pan, la comunión y las oraciones” (Cf. Hch 2,42). Sin lugar a dudas, si se hubiera mantenido este dato del libro de los Hechos se habrían evitado muchas desgracias dentro de la iglesia, y la gran fractura de Lutero, en el siglo dieciséis de nefastas consecuencias hasta nuestros días. Las reticencias frente a la Palabra de DIOS no se han disipado del todo, aunque dentro de nuestra Iglesia vayan fortaleciéndose las comunidades y movimientos que le dan el protagonismo debido a la Palabra como fuente de alimento espiritual y ámbito de encuentro con el SEÑOR.

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 Jonás, profeta y signo

Dentro de los llamados profetas menores, Jonás es un caso singular. Los reconocidos profetas menores reciben esta calificación por la menor extensión de su profecía, lo cual no merma para nada su importancia. Pero el libro del profeta Jonás recoge solamente una frase del profeta: “dentro de cuarenta días, Nínive será destruida” (Cf. Jon 3,4). El resto del libro de Jonás se ocupa de narrar las peripecias del profeta, negándose a llevar a cabo el encargo del SEÑOR. El profeta Jonás queda acreditado como profeta por llevar a término una misión única con un mensaje claro y directo que viene de DIOS. La reacción positiva al mensaje de Jonás por parte de los ninivitas y su conversión, sirvió a JESÚS para tomar su ejemplo como el contrapunto de lo que estaba sucediendo con su ministerio: el Mensaje de JESÚS no estaba calando entre los suyos como sería de desear, y JESÚS se  queja:  “los ninivitas se convirtieron a la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás. La reina del sur vino para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón” (Cf. Mt 12,42).

DIOS busca un profeta

Al fijar la mirada en los grandes profetas, Isaías, Jeremías o Ezequiel, nos encontramos con personas fuera de lo común, que manifiestan claros signos de predestinación. Desde el vientre de las madres, aquellos grandes hombres y mensajeros de DIOS vivieron la elección. Pero el caso de Jonás es el contrapunto de lo que pudiera pensarse para buscar el profeta adecuado. DIOS le dice a Jonás: levántate y veta a Nínive (Cf. Jon 1,2). En el capítulo cuatro Jonás ofrece una disculpa  que agudiza la desobediencia inicial: “como sabía que no ibas a cumplir tu amenaza de destruir a estas gentes inicuas, por eso no quería venir” (Cf. Jon 4,1-2). Jonás es un profeta raro y no le gusta que DIOS actúe con misericordia, aunque sabía de ese modo divino de juzgar la conducta de los hombres. Jonás se enoja a modo de un viejo  cascarrabias y DIOS le ayuda a reflexionar a través de un suceso trivial: el arbusto que le deba sombra se secó y Jonás lo lamentó con una queja manifiesta, a lo que el SEÑOR repuso: ¿no iba YO a tener lástima de estas ciento veinte mil personas, que no distinguen la mano izquierda de la derecha? (Cf. Jon 4,9-11)

Camino de Tarsis

La orden inicial de DIOS a Jonás es: “levántate y veta Nínive, y les dirás lo que YO te mande” (Cf. Jon 3,2). Jonás toma el camino opuesto a Nínive, capital del Imperio Asirio, que golpearía a Israel en años posteriores con la desaparición de las tribus del norte; pero eso ocurrirá en el año setecientos veintiuno, y ahora nos encontramos hacia el primer tercio del siglo ocho (a.C.), si queremos darle una situación histórica al libro de Jonás. Éste se dirige a Joppe y toma la primera embarcación que encuentra con destino a Tarsis, que para la Biblia estaba en los confines del mundo conocido: en los términos Gibraltar o la provincia de Cádiz, en España. La navegación en el Mediterráneo se suspendía entre los meses de noviembre a marzo, por lo que se entiende, que Jonás se embarca en la primavera con un tiempo favorable, pero a poco de iniciar la travesía se levanta una tormenta inusual para aquellos meses, que hace suponer a los navegantes que su origen no es del todo natural y los dioses están detrás de aquella tempestad. En esas lucubraciones, mientras echan por la borda el cargamento considerado innecesario ante aquella emergencia, encuentran al extraño pasajero durmiendo en las bodegas, y le hacen saber que se están hundiendo. En su religiosidad, aquellos marineros echan a suertes quién sería el causante de aquella calamidad, por la que los dioses se estaban vengando; y azar señaló a Jonás, quien confesó su situación, aconsejando a los marineros que lo echaran por la borda y se calmaría el temporal. Así sucedió y Jonás fue engullido por un pez desconocido y providencial, que lo mantuvo con vida durante tres días para ser vomitado en tierra. Todo este preámbulo que ocupa los dos primeros capítulos del corto libro de Jonás nos revela el único caso de un profeta que adopta conducta similar; pero ofrece un perfil de la condición humana, el propio Pueblo de Israel, y del modo que DIOS tiene de hacer las cosas.


 

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Empecemos por lo último. La condición humana se muestra rebelde pero DIOS no desiste de contar con el hombre en ese estado. Este mensaje corresponde con lo manifestado por san Pablo: “DIOS escoge lo despreciable del mundo para anular a los que se creen sabios y poderosos; de esta forma nadie puede gloriarse en sí mismo, sino que aquel que se gloríe, que se gloríe en el SEÑOR” (Cf. 1Cor 1,27-31). No era Jonás un modelo de docilidad, obediencia y diligencia; y quiso llevar adelante su  acción redentora a través de alguien que guardaba una cierta similitud con los destinatarios de su predicación, que también eran  rebeldes. DIOS no eligió en Jonás al más santo, elocuente o religioso; una vez más, DIOS eligió al que quiso de forma inescrutable y misteriosa. Algunos ven en la elección de Jonás una imagen del propio Pueblo de Israel, que se mueve a lo largo de su Historia de Salvación entre el repliegue sobre sí mismo y el llamamiento de los profetas a servir de faro iluminador  para todos los  pueblos. La conversión de Nínive retrasaría la devastación en Israel, y la predicación permanente de aquella ciudad emblemática hubiera supuesto la paz en toda aquella región. El libro de Jonás es una metáfora de lo que puede suceder hoy en el mundo. Cuando la profecía se silencia las fuerzas contrarias a DIOS y al hombre se desatan. El caso de Jonás recuerda también la parábola de los dos hijos expuesta por JESÚS: “Un padre tenía dos hijos, y le dice al primero: vete a trabajar en la viña. El hijo le dijo, voy, pero no fue. Se dirigió al segundo, y le dijo lo mismo: vete a trabajar  en  la viña.; y el hijo contestó, no voy; pero luego fue. JESÚS preguntó cuál de los dos  cumplió la voluntad del padre; y le contestaron que el segundo”. Pero en realidad ninguno de los dos cumplió con perfección la voluntad del padre de la parábola (Cf. Mt 21,28-31). El hombre adopta en general un comportamiento defectuoso, que DIOS aprovecha, mejora y perfecciona.

Nínive

La predicación del profeta en Nínive conmovió las conciencias: “dentro de cuarenta días, Nínive será destruida” (Cf. Jon 3,3). Eran necesarios tres días para recorrer toda la ciudad, y Jonás lo hizo proclamando un mensaje muy escueto, que no llegaba a los doscientos caracteres de un twitter. El mensaje del profeta  llegó a oídos del rey, que decretó ayuno y penitencia para toda la población, y DIOS cambió la sentencia condenatoria en perdón y misericordia. Nínive estaba en las antípodas de la virtud, según el Decálogo y las leyes de santidad contenidas en la religión judía, según el Pentateuco. La supervivencia de los israelitas dependía de la conversión de los ninivitas y los asirios. Eran extranjeros, no pertenecían al Pueblo elegido, pero eran vecinos. Jonás representa un exponente de la universalidad de la revelación hecha por DIOS al Pueblo elegido, que debía extender la Fe en el único DIOS, y transformar la vida social y religiosa marcada por la idolatría y el politeísmo. Nínive era un gran escaparate de todas las aberraciones posibles derivadas de la idolatría, por lo que su conversión al único DIOS traería grandes beneficios de carácter social y religioso. No era Jonás el mejor instrumento en manos de DIOS para llevar el anuncio o la advertencia de conversión a los ninivitas, pero fue el que DIOS eligió por razones que sólo ÉL conoce y le competen. No podemos prescindir en este cuadro de predicación y conversión de ninguno de su elementos, pues todo mantiene un equilibrio y proporciona un modelo que se irá repitiendo a lo largo de los siglos. La eficacia de la predicación no vino por la elocuencia del profeta, ni por su gran santidad, sino por la intervención directa de DIOS; que, a pesar de los pesares, contó con la intervención insustituible de un portavoz defectuoso desde el comienzo hasta el final. La desobediencia inicial de Jonás concluye con su enojo personal, al ver que DIOS perdonaba gratuitamente los delitos de una población depravada. Dentro del profetismo bíblico, Jonás es un extraño personaje, que altera todas las normas de conducta del profeta y el profetismo; y, sin embargo, mantiene una absoluta ortodoxia con las esencias del Amor misericordioso de DIOS, que es el nervio de la Ley. Debido a esto, Jonás es un modelo de actuación de DIOS para todos los tiempos; que señala hasta dónde está dispuesto a llegar en su perdón y restablecimiento de los desórdenes humanos. A la luz del libro de Jonás, ¿alguien se puede sentir excluido de transmitir el Mensaje de DIOS?; ¿podría existir escenario dónde no sea posible una actuación de DIOS para su restablecimiento?; ¿se puede dar por inútil cualquier medio, expresión o forma de  evangelizar, en cuanto a su eficacia? En estos tiempos, el libro de Jonás  nos está ofreciendo lecciones fundamentales.

Algunos rasgos de Jonás

No es necesario añadir gran cosa, pero es bueno señalar que DIOS no elige inevitablemente a los más santos, aunque el momento de la elección suponga un perfeccionamiento. Jonás se presenta desde el principio como una persona díscola y rebelde, lejos de una obediencia a la voz de DIOS, a diferencia del resto de los profetas. Su indolencia le hace despreciar la suerte de los compañeros de viaje, y evita cualquier modo de ayuda ante un presumible naufragio. Forzado, confiesa la razón de su viaje y la causa de aquella tempestad. A renglón seguido, el libro nos cuenta como Jonás es echado al mar y engullido por gran pez, absolutamente misterioso. Jonás se ve sumergido en el abismo, en una gran noche oscura, que dura tres días, y produce en él una gran transformación interior, por la que su ánimo ya se encuentra en disposición de seguir los planes de DIOS. Pero no todo  fue transformado en aquellos  días de espesas tinieblas, en las que Jonás descendió al abismo; todavía el profeta iba a dar muestras de una conducta narcisista e histriónica: Jonás se irrita en gran medida por la suspensión de la amenaza por parte de DIOS, y por haberse secado una planta que le proporcionaba algo de sombra. A pesar de todos estos rasgos, que en nada contribuyen a la santidad de una persona, Jonás era un hombre profundamente religioso.

Volviendo a Galilea

El evangelio de san Marcos comienza con un enunciado fundamental y doce versículos siguientes a modo de prólogo. El versículo uno de este evangelio es un pronunciamiento solemne de Fe: “comienzo del Evangelio de JESUCRISTO el HIJO de DIOS”. Nos muestra este enunciado, que san Marcos va a narrar los hechos  históricos llevados  a término por el HIJO de DIOS manifestado en la experiencia de la Pascua. Lo que vamos a ver y vivir con la narración de san Marcos pertenece al legado del HIJO de DIOS. Todas estas acciones y predicación compendian el Evangelio, que es el gran anuncio del Amor misericordioso de DIOS, que se desborda en signos de curación y salvación para todos los hombres. Las palabras y las acciones  recogidas en este evangelio pertenecen al MESÍAS, o el UNGIDO, y son fuente, a su vez, de vida espiritual para todos los que aceptan la Buena Noticia de la amnistía divina. No es una teoría o una teología anónima, el MESÍAS es JESÚS, el hijo de MARÍA y de José de Nazaret, rechazado por su familia, parientes y vecinos. JESÚS el MESÍAS excede  todas las expectativas cultivadas en los ambientes religiosos judíos y su carácter mesiánico no es captado en un primer momento. Las controversias se suceden, porque aparece la persona y obra de JESÚS como signo de contradicción, que concluye en la Cruz y la Resurrección. En este punto se bifurcan los caminos: aquellos que consideran zanjado todo aquel movimiento con la muerte del NAZARENO y los discípulos que fueron testigos y garantes de la Resurrección. En este acontecimiento se entiende “quién es JESÚS de Nazaret”. Marcos podría haber sido testigo presencial de algunos episodios; y como los otros dos sinópticos, Mateo y Lucas, haber dispuesto de otras fuentes. Pero el testimonio y evangelio de san Marcos ha cobrado importancia en las últimas décadas.

Hasta el versículo catorce, san Marcos se encarga de presentar a JESÚS, primero con la predicación de Juan Bautista, seguido del bautismo de JESÚS, los cuarenta días en el desierto, y la vuelta a Galilea. También en este evangelio, Juan Bautista es testigo de la manifestación trinitaria revelada en el Jordán. Con brevedad Juan Bautista distingue muy bien entre su bautismo y el bautismo del MESÍAS, que bautizará con ESPÍRITU SANTO (v. 8b). Tras esta confesión personal, Juan Bautista ve acercarse a JESÚS para ser bautizado en un bautismo general, como señala san Lucas; y quedan confirmadas todas las palabras del Bautista con respecto a JESÚS: “se rasgó el cielo, y el ESPÍRITU SANTO en forma de paloma reposaba sobre JESÚS, y se oyó una voz del Cielo, que decía: TÚ eres mi HIJO amado, en ti me complazco” (V.11). La cuarentena preparatoria a la predicación se realiza en el desierto de Judá, un lugar lo suficientemente  inhóspito como para poner a prueba al que habría de enfrentarse con todos los poderes hostiles de este mundo y del mundo infernal: “cuarenta días tentado por Satanás, vivía entre las alimañas y los Ángeles lo servían” (v.12). Es difícil expresar de forma más sucinta la prueba preparatoria de JESÚS antes de su misión en Galilea.

Alejado del poder

Juan Bautista desaparece de la escena pública, y Marcos señala este momento para dar inicio a la actividad misionera de JESÚS: “después que Juan fue entregado, marchó JESÚS a Galilea” (v.14). No podemos olvidar el factor esencial de las tentaciones de JESÚS en el desierto relatadas por Mateo y Lucas, que se resume en la opción o rechazo por el poder temporal. En aquella época, como en nuestros días el poder político, social y religioso dispone los ánimos del sujeto a creerse un dios. Los tiempos anteriores nos demuestran las nefastas consecuencia del maridaje entre el poder religioso y el poder político. Esta vía se muestra como una verdadera autopista para la degradación del Mensaje.

No bastaba la capacidad de hacer milagros para que JESÚS acreditase su Mensaje ante las autoridades Judías, por eso no podía quedarse en Jerusalén, lugar propio para las grandes manifestaciones de YAHVEH. Previendo el rechazo, JESÚS elige la Galilea como la región más propicia para que su Mensaje obtuviera un mínimo desenvolvimiento. Tampoco en esta parte del territorio de Israel iba a estar libre de confrontaciones con los garantes de la ortodoxia judía, pero la casta sacerdotal se quedaba en el Templo con la mayor parte de los escribas notables. Según el evangelio de san Juan, a JESÚS le fue suficiente, durante los tres años de vida pública, subir a Jerusalén para las grandes fiestas, de forma especial la de Pascua. Había que formar en Galilea una comunidad mesiánica, que manifestase los valores del Reino de DIOS y se constituyese en el germen de una obra con pretensiones universales.

La Buena Nueva de DIOS

DIOS tenía una Buena Noticia que dar al mundo. Desde toda la eternidad, DIOS tiene una PALABRA que desborda los límites de la propia divinidad, si así pudiéramos hablar. Pero esta contradicción lógica se ha hecho apreciable para los hombres en JESÚS el MESÍAS. DIOS en JESUCRISTO se hizo el totalmente otro. El Evangelio  de DIOS es el mismo JESUCRISTO según estos versículos de san Marcos (v.1,14). El desarrollo que el evangelio de Juan expone en su Prólogo (Cf. Jn 1,1-18), lo sintetiza san Marcos en dos versículos, y dispone de forma inmediata el desarrollo del Evangelio, en el que persona y obra de JESÚS van inseparablemente unidas.

El Evangelio, en un tiempo y lugar

JESÚS anunciaba y decía: “se ha cumplido el tiempo, está cerca el Reino de DIOS; convertíos y creed el Evangelio” (v.15). Los tiempos o las épocas han llegado a su punto más alto de elevación espiritual, porque la historia de los hombres es tocada por la eternidad de DIOS. Ocurre en el tiempo de los hombres, dentro de la historia humana un acontecimiento que escapa a las leyes de la causalidad: ese acontecimiento es JESUCRISTO. San Pablo lo dirá de otra forma: “llegada la plenitud de los tiempos, DIOS envío a su HIJO, nacido de MUJER, nacido bajo la Ley para rescatar a los que estábamos bajo la Ley” (Cf. Gal 4,4). La Ley y los Profetas fueron poniendo el sello de DIOS en una Historia de Salvación, que esperaba la aparición de un Mesías extraordinario, pero el cumplimiento de las promesas superó absolutamente las previsiones, porque el Mesías esperado resultó ser el propio HIJO de DIOS. En este punto cualquier otro tiempo anterior queda subordinado a este momento de cumplimiento y revelación. En este breve mensaje que recoge san Marcos, JESÚS despliega toda su conciencia mesiánica como el mismo Evangelio de DIOS, como el propio HIJO  del PADRE.

“El Reino de DIOS está cerca”

La grandeza de la acción de DIOS no viene por la vía de la imposición: el Reino de DIOS entra en el juego de libertades, y no sobreviene como una superestructura ajena al conocimiento de los hombres y su aceptación. Por eso el Reino deseado y esperado, tiene que ser reconocido y aceptado. El Reino esta cerca, pero unos lo aceptarán y otros lo rechazarán: “vino a los  suyos, y estos no lo recibieron; pero a cuantos lo recibieron les dio poder para hacerse hijos de DIOS, si creen en su Nombre” (Cf. Jn 1,11-12). Todos van a percibir en las palabras y obras de JESÚS una serie de factores diferenciales con respecto a los maestros y doctores de la Ley; y el evangelio de san Marcos así lo va a consignar en distintas ocasiones. Pero vamos a comprobar a lo largo de los diferentes pasajes, que las resistencias al Mensaje y la persona de JESÚS no se van a hacer esperar. La experiencia del desierto se prolonga a su manera en el transcurrir de la vida pública: “tentado por el diablo, vivía entre las alimañas y los Ángeles lo servían” (v.13)

Convertíos

Para entrar en el Reino de DIOS no hay que desplazarse a lugar alguno, el viaje es interior. La conversión es siempre un cambio de perspectiva de ciento ochenta grados, y ni uno menos; porque el que se convierte desplaza al “yo” como centro de su vida, y se dispone a poner a DIOS con todas sus consecuencias. Una parte de la conversión la declaró el Bautista con su predicación al arrepentimiento de los propios pecados, pero el camino interior no es sólo un rechazo al pecado, sino levantar la mirada hacia DIOS. Dadas las características personales de cada uno y las circunstancias que nos rodean, la conversión es un proceso destinado a mantenerlo vigente durante toda la vida, pues el “yo” va a intentar ocupar el centro en cuanto sea posible, dejando a un lado el protagonismo de DIOS. Cómo eso se consigue es un arte que precisa raudales de Gracia y vigilancia personal.

Creed en el Evangelio

La Gracia dada por JESUCRISTO promete ser sobreabundante, y san Marcos lo afirma implícitamente con esta llamada de adhesión al Evangelio. Claro está, la Fe se ofrece por JESUCRISTO como un don bajado del Cielo, al que el devoto debe abrirse con al confianza y limpieza de corazón de un niño: “bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a DIOS” (Cf. Mt 5,8). Podría decir JESÚS: “Creed las maravillas, que el PADRE os tiene reservadas desde toda la eternidad. El PADRE os ama desde siempre, y desea regalaros una vida que no podéis imaginar, pero tenemos que empezar a construirla aquí, y para eso he venido YO”. Naturalmente todo el Evangelio de Marcos es una exposición de las grandes líneas de fuerza que la construcción de la fraternidad evangélica en este mundo debe conseguir para entrar en comunión con la íntima vida divina prometida por DIOS para todos sus hijos. San Pablo lo dirá de otra forma: “me fue revelado por Gracia el Misterio de CRISTO, por el que los gentiles sois también herederos de la misma vida en CRISTO por el Evangelio” (Cf. Ef 3,6-7). JESUCRISTO viene a este mundo a revelar las intenciones íntimas de DIOS a favor de los hombres, y su voluntad no es otra que mostrar al género humano su infinita Misericordia.

Cuatro discípulos

Expuesto por san Marcos el programa evangelizador de JESÚS, el paso siguiente es  formar una comunidad de referencia, que se inicia, según el evangelista, con cuatro discípulos hasta completar el número de los Doce (Cf. Mc 3,13-14). Mateo y Marcos coinciden en señalar a Pedro y Andrés, a Santiago y Juan como los primeros llamados al seguimiento. Una vez más debemos entender que la composición de estos versículos no tiene una intención de precisar aspectos circunstanciales, sino de reflejar las vertientes espirituales del llamamiento. Algunas cosas se pueden deducir, pero permanecen aspectos rodeados de misterio en el conjunto de los evangelios, a la hora de precisar el modo e incluso el número de los discípulos. Resalta de cualquier forma  la constitución de los Doce como reflejo de las Doce tribus del Pueblo elegido. Ahora JESÚS se encamina a construir un Nuevo Pueblo y empieza llamando a los discípulos de dos en dos; y, además, eran hermanos.

 “Bordeando el Mar de Galilea” (v.16)

Cuando san Marcos escribe este evangelio los lugares por los que había predicado JESÚS tenían un significado especial. Las palabras del MAESTRO estaban fundidas  con el paisaje, que adquiría, entonces, un nuevo significado. El Mar de Galilea producía, y lo sigue haciendo, recuerdos imborrables. Allí los discípulos vivieron con el MAESTRO momentos de travesía en calma, en los que JESÚS compartió con ellos más de una enseñanza capital. Pero también se vivieron con el MAESTRO episodios de zozobra, que se resolvieron en bonanza: recordamos en este sentido el pasaje de la tempestad calmada (Cf. Mc 4,35-41), que dio lugar a un reconocimiento de la condición singular de JESÚS: “¿quién es ÉSTE, que hasta el viento y el mar le obedecen?” En ausencia de JESÚS, el Mar de Galilea evocaba lo vivido; y para siempre quedó la imagen en la retina del evangelista, viendo a JESÚS “rodeando aquel lago”, que para los galileos se antojaba un mar. Pero todavía nos queda unas líneas en la lectura de este pasaje, pues el modo expresivo utilizado por el redactor deja a JESÚS en una acción que continúa hasta el presente: JESÚS sigue rodeando el Mar de Galilea. El mar es el símbolo del caos, de lo que está surgiendo con un ímpetu que sólo DIOS puede controlar. A DIOS compete poner límites a las aguas marinas. La acción de rodear equivale a delimitar el espacio ocupado. JESÚS, que inicia su misión es SEÑOR  del mundo y tiene poder sobre el mismo.

Primeros discípulos

San Marcos, como el resto de los evangelistas, no escribe echando una partida a los dados, por lo que las cosas siguen un orden, que muchas veces es preciso internarse  por dentro para descubrirlo, pero en este caso la Parabra esta clara: el evangelista propone en primer lugar el programa de JESÚS; y, a renglón seguido, narra la elección de los  primeros discípulos con un carácter modélico.

“JESÚS vio a Simón y Andrés, echando las redes en el Mar, pues eran pescadores;  y les dijo: venid CONMIGO, y haré de vosotros pescadores de hombres. Al instante, dejando las redes, le siguieron” (v.17-18). Detrás de estos dos versículos hay un tramo temporal de días o semanas, pero al evangelista le importa sólo designar los cambios producidos y futuros del proceso, que se inicia con una llamada. Lo que en una trama novelística llevaría varias decenas de páginas, el evangelista lo resuelve en dos versículos, y nos exige el esfuerzo de recomponer toda la trama de relaciones personales, que den como resultado un encuentro con JESÚS. Los discípulos no siguen a JESÚS como zombis bajo hipnosis; su decisión, es por el contrario, extraordinariamente lúcida. ¿Era la primera vez que JESÚS, Pedro y Andrés se veían? ¿Pedro y Andrés, habían escuchado alguna predicación de JESÚS? ¿Habría que complementar esta escena con la instrucción de Juan Bautista a sus discípulos sobre el MESÍAS? JESÚS había tenido en los años anteriores una vida de artesano, como su padre José, en la que pudo sobresalir por su competencia profesional, pero en ningún caso por acciones de carácter extraordinario como ocurrirá en su ministerio evangelizador. Sabemos que las fantasías apócrifas dicen otras cosas, pero de ser ciertas se alterarían de raíz las premisas marcadas en las tentaciones del desierto (Cf. Mt 4,1-11; Lc 4,1-13). JESÚS y José, seguro que frecuentaron  durante años aquellas localidades como Cafarnaum, Magdala o Séforis, donde podían encontrar  oportunidades para su profesión.

El duro trabajo en el Mar de Galilea parecía un buen entrenamiento para los discípulos de JESÚS. JESÚS necesitaba personas curtidas en la lucha diaria por la existencia como era el caso de aquellas personas, que ÉL llama para seguirle. Pedro y Andrés conocían el lago y la influencia del tiempo en el mismo; podían prever los temporales y detectar en la noche los bancos de pesca para vender el pescado por las mañanas. Sabían de noches en vela y en más de una ocasión habrían salvado sus vidas de forma providencial. Si querían vivir ellos y sus familias, tenían que arriesgar. Con este tipo de personas, JESÚS podía encontrar colaboración para “tomar parte en los duros trabajos de la evangelización” (Cf. 2Tm 1,8). También aquellos pescadores expertos, de vez en cuando, venían con las redes vacías, después de haber bregado toda la noche. El duro trabajo no siempre era productivo, y no obtenía resultados, lo mismo que iba a suceder con la evangelización.

Pedro y Andrés vieron y oyeron a JESÚS con atención y corazón abierto. Se vieron, entonces, sumergidos en un proyecto de vida para el que habrían de producirse cambios notables: “venid CONMIGO, y llegaréis a ser pescadores de hombres”. La pesca milagrosa iba a ser otra, bien distinta de las que se hubieran podido realizar en el Mar de Galilea (Cf. Lc 5,4-7). El ESPÍRITU SANTO iba a realizar en los seguidores de JESÚS una obra maestra, pues sin dejar de ser lo que eran, se darían mutaciones importantes con nuevos dones y carismas destinados a propagar el Reino de DIOS. “La pesca de hombres” era la realización de un Plan divino previsto desde toda la eternidad, y para este proyecto ellos eran agentes de excepción. Pero todo esto  estaba por descubrir; y en aquellos instantes algo los deslumbraba, sin saber exactamente cuál era el origen.

“Al instante, Pedro y Andrés, dejando las redes, siguieron a JESÚS” (v.18). Estamos ante un tipo de llamada al seguimiento, que se reconoce en un “instante”: basta un tiempo mínimo para que la persona entienda de su vida y el cambio que se está produciendo. Algo nuevo y trascendente para el individuo aparece en la conciencia, y todo queda subordinado a la revelación producida. Los cambios externos pueden llevar días o semanas, pero el cambio interior se ha realizado y la persona entiende que esa llamada es verdadera. Las antiguas redes de Pedro y Andrés empezaban a convertirse en la red de una trampa, que debían abandonar con prontitud. La nueva red va a estar en la trama surgida de la fraternidad cristiana propia de los constructores por la predicación del Reino de DIOS con JESÚS.

Santiago y Juan

Son los dos hermanos llamados por JESÚS después de Pedro  y su hermano Andrés (v.19-20) y los pasos dados en la llamada por JESÚS son coincidentes. Varían algunas circunstancias de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que están con su padre y los jornaleros; por lo que se puede entender, que estamos ante un pequeño empresario y empleador de trabajadores. Estas pequeñas diferencias señaladas, vienen a enriquecer las distintas composiciones de lugar que surgen al cruzar estos datos con otros aportados por los evangelios. Los discípulos de JESÚS no eran unos desarrapados, ignorantes y desasistidos socialmente; aunque no pertenecieran a la élite de los adinerados y letrados de aquel lugar. Parece ser que JESÚS se mantuvo en lo que hoy llamaríamos la clase media, que no puede vivir sin trabajar; pero, al mismo tiempo, mejora su posición a base del trabajo y propio esfuerzo. Santiago y Juan salen de esa franja de confort, prescinden de las seguridades que pudieran  ofrecerles las condiciones familiares; y se aventuran a una iniciativa que depende por entero de la Providencia de DIOS.

San Pablo, 1Corintios 7,29-31

Los versículos de la segunda lectura a los Corintios nos dan la clave de distintas orientaciones del apóstol con respecto al celibato y al matrimonio. San Pablo opina que “el tiempo es corto” (v.29), y la Segunda Venida del SEÑOR parecía inminente, que se iba a producir de un momento a otro. Las persecuciones estaban arreciando: Claudio, Calígula y de forma especial Nerón estaban protagonizando agresiones contra los cristianos, que coincidían con las persecuciones previstas para el final de los tiempos y la Venida del SEÑOR. Si a eso unimos el deseo ardiente de un buen número de discípulos que habían conocido al SEÑOR y tuvieron la experiencia de su Resurrección, que según recoge san Pablo, eran más de quinientos hermanos (Cf. 1Cor 15,6). La cosa cambió cuando Tito destruye el Templo y gran parte de la Jerusalén amurallada, y el SEÑOR no dio muestras de advenimiento alguno: pero san Pablo ya había sufrido el martirio, precisamente en tiempos de Nerón, que iluminaba sus jardines por las noches con la quema de cristianos crucificados cubiertos de brea. Con la luz de esas antorchas humanas, Nerón organizaba todo tipo de orgías nocturnas. Entonces era comprensible que tales monstruosidades dieran lugar a consideraciones sobre la Parusía. Pero, insistimos, san Pablo cuando escribe a los Corintios todavía no han tenido lugar estos sucesos: ni el incendio de Roma ni la destrucción de Jerusalén y el Templo.

Por otra parte, cualquier época es buena para decir que “la figura de este mundo pasa” (v.31); pues todos experimentamos la fugacidad de la vida, a medida que van pasando los años. Los niños de hace sesenta años tenían la impresión que el tiempo no pasaba con la rapidez deseada. El niño quería ser pronto adulto, y eso no se realizaba según los deseos. Ahora ocurre que el adulto quiere volver a estadios de la infancia y el tiempo discurre a pesar suyo. Pero, de cualquier forma, llega una etapa en la que la fugacidad del tiempo transcurrido puede producir vértigo. San Pablo había vivido  infinidad de experiencias en un corto tramo de vida, y también eso contribuía a percibir la urgencia del momento presente. El apóstol predica en estos versículos el santo desasimiento, que es un desprendimiento presidido por la Caridad: “el que tenga mujer, que viva como si no la tuviera; el que compra, como si no comprase; los que lloran, como si no llorasen; los que disfrutan del mundo, como si no disfrutasen; porque la apariencia de este mundo pasa” (v.30-31). Cada uno de forma singular es posible que le demos la razón al apóstol, pero para el conjunto de la humanidad hay motivos para pensar que nos queda un buen trecho. El conjunto de la humanidad no presenta el mejor momento para bajar el telón y concluir definitivamente la obra que costó  la vida y sacrificio absoluto del REDENTOR.

Por Pablo Garrido Sánchez

ACN

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