La liturgia de la Iglesia católica celebra este domingo la solemnidad de LA EPIFANÍA DEL SEÑOR. Se trata de una de las fiestas cristológicas más importantes del año litúrgico que contiene un hermoso significado teológico.

El término Epifanía es de origen griego y significa “manifestación o revelación”. Según el relato del evangelio que se proclama en este día la Epifanía es la manifestación de Jesús a los magos de oriente. Jesús viene presentado como el Mesías, salvador de todos los hombres prefigurados en aquellos personajes que llegaron desde el oriente, lo reconocieron y le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra (véase Mt 2, 1-12).

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Desde el punto de vista teológico la epifanía es la fiesta cristiana que celebra la universalidad de la salvación; aquellos magos de oriente, representan la llamada a la salvación de todos los hombres. En Cristo y por medio de Cristo, “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” 1 Tim 2, 3-4.

El relato evangélico de una forma pedagógica nos enseña cómo se llega a Cristo y se obtiene la salvación. Uno llega a Cristo con la disponibilidad y la apertura de los magos de oriente, con la perseverancia y la búsqueda de su persona, con el deseo firme de querer encontrarse con la verdad y con la disposición de ser capaces de ofrecerle a Dios lo más valioso de nuestra vida.

Jesús es el príncipe de la Paz, ha sido enviado por el Padre Dios para reconciliar a la humanidad tan tristemente dividida por el pecado. Él es la luz verdadera que ilumina a todo hombre. La vida nueva que transforma al ser humano. Él ha venido para que tengamos vida en abundancia (Jn 10, 10). De ahí que todos los que creemos en Cristo Jesús estamos llamados también a ser constructores de la Paz y ser sus agentes y mensajeros.

Necesitamos ser constructores de paz. La paz es un don que viene de Dios pero también es una tarea cotidiana que se construye con nuestro modo de ser, con el lenguaje y las actitudes; La paz se cultiva en la casa, en la plaza y en el trabajo de cada día.

La construcción más difícil de la paz es la que tenemos que hacer en el interior, por ello como los magos de oriente en la fiesta de la Epifanía, necesitamos dejarnos iluminar por una estrella. Esa estrella representa a Cristo que es la luz del mundo. Ninguna persona o líder de este mundo garantiza la verdadera paz, sólo en Cristo encontramos la verdadera paz y la concordia.


 

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Pbro. José Manuel Suazo Reyes

Vocero de la Arquidiocesis de Xalapa. México.

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