IMPACTO PALABRAPreparándonos para el mejor regalo en Navidad.

Mons. Rutilo Muñoz Zamoradiciembre 12, 20209 min
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El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido y me ha enviado para anunciar la buena nueva a los pobres, a curar a los de corazón quebrantado, a proclamar el perdón a los cautivos, la libertad a los prisioneros y a pregonar el año de gracia del Señor. Me alegro en el Señor con toda el alma y me lleno de júbilo en mi Dios, porque me revistió con vestiduras de salvación y me cubrió con un manto de justicia, como el novio que se pone la corona, como la novia que se adorna con sus joyas. Así como la tierra echa sus brotes y el jardín hace germinar lo sembrado en él, así el Señor hará brotar la justicia y la alabanza ante todas las naciones. (Is. 61, 1-2. 10-11).

Continúa el camino del adviento como tiempo especial para llegar preparados de la mejor manera a la celebración de la Navidad. Revisemos cómo estamos realizando esa preparación a nivel personal y comunitario. ¿Estamos conscientes, motivados para esperar la venida salvadora de Jesucristo como un acontecimiento de gracia que puede cambiar nuestra vida?

La Navidad, en este año, tiene características especiales, sobre todo, por la realidad de la pandemia del Covid-19, que se junta con otros grandes problemas ya conocidos: la violencia, la crisis económica, etc. Es una tarea importante saber adaptarnos en estas circunstancias para seguir cuidando de la salud de todos, y a la vez, celebrar con esperanza y alegría la fiesta de la venida salvadora del Hijo de Dios, Jesucristo.

¿Cómo haremos, entonces, para responder a este desafío de saber reconocer y recibir al Mesías en medio de una crisis histórica? Porque Jesús es buena noticia para todos, es el que reanima los corazones quebrantados de los pobres, de los desamparados, de los que tienen problemas en su vida porque no han encontrado la alegría auténtica. Es igualmente quien nos lleva por los caminos que hacen posible la justicia, logrando que apreciemos y cuidemos de la vida y dignidad de todos. Él viene para pregonar tiempo de gracia, de salvación completa.

Asumir esta preparación no es fácil sin no ponemos un gran esmero y dedicación para seguir el camino de la fidelidad, de estar vigilantes, atentos para superar el ambiente mercantil, consumista que promueve una Navidad solo como fiesta para convivir en familia y dar regalos materiales, pero sin adquirir el regalo por excelencia que es Jesucristo y tenerlo en el centro de nuestras vidas.

Ahora, por la necesidad de cuidar la salud de todos, hay que fortalecer aún más la vida en familia. Por tanto, sigamos preparando la celebración de la Navidad de este año desde nuestros hogares, y con formas sencillas y practicas: poner el pesebre o nacimiento; meditar la Palabra de Dios juntos, especialmente en el novenario o posadas; hacer oración diariamente en un horario en que se pueda reunir toda la familia; y un compromiso importante es encontrar la forma de servir a los pobres a pesar de la economía difícil que padecemos. La consigna es que podamos compartir de nuestra mesa a las familias más necesitadas de nuestra colonia, barrio o pueblo.

Ese ambiente de la Iglesia doméstica, como le llamamos a la familia católica, se debe aprovechar al máximo para llenar el corazón de todos con el amor del Hijo de Dios, quien está por venir y hará brotar la justicia y la alabanza ante todas las naciones, según escuchamos en la primera lectura del profeta Isaías de este domingo. ¿Qué le van a decir los papás a sus hijos sobre el significado de la Navidad? ¿Cómo motivarlos para preparar su celebración, cuando ellos están recibiendo del mundo de la comunicación actual una forma diferente del estilo cristiano? Busquemos las formas adecuadas para hacerles sentir que en este adviento es fundamental, por la fuerza de la fe, el tener el corazón libre y orientado por el camino que lleva a Jesús; reconocerlo en la fiesta de la Navidad, y en todo momento, pues Él nos visita cada día en la intimidad de nuestras vidas, pero es necesario dejarlo entrar como al mejor amigo.

Sigamos la senda del Adviento con paso firme, con una vigilancia activa. Así nos lo pide el Papa Francisco: Rezar y amar, he aquí la vigilancia. Cuando la Iglesia adora a Dios y sirve al prójimo, no vive en la noche. Aunque esté cansada y abatida, camina hacia el Señor. Invoquémoslo: Ven, Señor Jesús, te necesitamos. Acércate a nosotros. Tú eres la luz: despiértanos del sueño de la mediocridad, despiértanos de la oscuridad de la indiferencia. Ven, Señor Jesús, haz que nuestros corazones que ahora están distraídos estén vigilantes: haznos sentir el deseo de rezar y la necesidad de amar. (Homilía del 29 de noviembre de 2020).

Y la vigilancia no permitirá que pase desapercibida la venida de Jesucristo. Por el contrario, nos llevará a vivir con intensidad la alegría de recibirlo en lo profundo de nuestros corazones y a presentarlo como el don más grande para el mundo de hoy, necesitado de justicia, luz y esperanza.

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