CULTURA RELIGIOSAEL MUNDOFORMACIÓN RELIGIOSAEl Arzobispo de Washington desprecia la doctrina católica y asegura que dará la comunión al abortista Biden.

A pesar de que Benedicto XVI, tanto siendo cardenal prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe como Papa, dejó bien claro que los políticos católicos que son favorables al aborto no deben comulgar, el arzobispo de Washington, neo-cardenal Wilton Gregory, ha asegurado que piensa darle la comunión siempre que quiera.
ACNnoviembre 25, 2020

El arzobispo Wilton D. Gregory de Washington, D.C., afirmó que no negará la Sagrada Comunión Joe Biden, con el cual espera tener una relación basada en el diálogo.

En declaraciones al Catholic News Service – agencia financiada la Conferencia Episcopal de Estados Unidos – Gregory, que actualmente está en Roma para ser creado cardenal el sábado, expresó su apoyo al deseo de Biden de recibir la Sagrada Comunión, a pesar de ser un partidario radical del aborto.

Refiriéndose a su relación con Biden, el arzobispo dijo: «Espero que se dé un verdadero diálogo, porque creo que ese es el mantra del Papa Francisco, que debemos ser una iglesia en diálogo, incluso con aquellos con los que tenemos serios desacuerdos.»

El arzobispo indicó que Biden había recibido la comunión durante sus ocho años como vicepresidente del presidente Barack Obama, y «no voy a desviarme de eso».

Gregory añadió que los católicos conocen la enseñanza de la Iglesia con respecto a la «sacralidad de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural». Por lo tanto, no cree que sea escándalo el dar la Sagrada Comunión a Biden, quien niega la enseñanza católica en ese punto.

Gregorio incluso dedujo que dar la Sagrada Comunión a Biden era parte de su deber pastoral: «Por mi parte, es una cuestión de la responsabilidad que tengo como arzobispo de estar comprometido y estar en diálogo con él, incluso en aquellas áreas donde obviamente tenemos algunas diferencias»

Ignorando la autoridad de los Papas

Las palabras del neo-cardenal contradicen expresamente lo indicado durante los dos pontificados anteriores. En junio del 2004, siendo papa San Juan Pablo II, el por entonces cardenal Ratzinger envió una carta a la plenaria de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos en la que, entre otras cosas, decía:

Respecto del grave pecado del aborto o la eutanasia, cuando la cooperación formal de una persona es manifiesta (entendida, en el caso de un político católico, como hacer campaña y votar sistemáticamente por leyes permisivas de aborto y eutanasia), su párroco debería reunirse con él, instruirlo respecto de las enseñanzas de la Iglesia, informándole que no debe presentarse a la Sagrada Comunión hasta que lleve a término la situación objetiva de pecado, y advirtiéndole que de otra manera se le negará la Eucaristía.

Cuando “estas medidas preventivas no han tenido su efecto o cuando no han sido posibles”, y la persona en cuestión, con obstinada persistencia, aún se presenta a recibir la Sagrada Comunión, “el ministro de la Sagrada Comunión debe rechazar distribuirla” (cf. Declaración del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos “Sagrada Comunión y Divorcio, Católicos vueltos a casar civilmente” [2002], números 3-4).

Ya como Papa, Benedicto XVI dedicó a esta cuestión un punto de su exhortación post-sinodal Sacramentum Caritatis:

Es importante notar lo que los Padres sinodales han denominado coherencia eucarística, a la cual está llamada objetivamente nuestra vida. En efecto, el culto agradable a Dios nunca es un acto meramente privado, sin consecuencias en nuestras relaciones sociales: al contrario, exige el testimonio público de la propia fe. Obviamente, esto vale para todos los bautizados, pero tiene una importancia particular para quienes, por la posición social o política que ocupan, han de tomar decisiones sobre valores fundamentales, como el respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas. Estos valores no son negociables. Así pues, los políticos y los legisladores católicos, conscientes de su grave responsabilidad social, deben sentirse particularmente interpelados por su conciencia, rectamente formada, para presentar y apoyar leyes inspiradas en los valores fundados en la naturaleza humana. Esto tiene además una relación objetiva con la Eucaristía (cf. 1 Co 11,27-29). Los Obispos han de llamar constantemente la atención sobre estos valores. Ello es parte de su responsabilidad para con la grey que se les ha confiado.

Con información de InfoCatólica

ACN

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