AméricaCULTURA RELIGIOSAEN MÉXICOFORMACIÓN RELIGIOSAIGLESIA EN MOVIMIENTOHomilía del arzobispo de Xalapa del domingo XXIX T.O.

ACNoctubre 18, 2020

DIOS Y EL ESTADO

En este día, 18 de octubre de 2020, celebramos el Domingo 29 del Tiempo Ordinario, Ciclo A, en la liturgia de la Iglesia Católica. También festejamos el Domingo Mundial de las Misiones (DOMUND).

El impuesto al César. El pasaje evangélico de hoy es de San Mateo (22, 15-22): “Se reunieron los fariseos para ver la manera de hacer caer a Jesús, con preguntas insidiosas, en algo de que pudieran acusarlo. Le enviaron algunos de sus secuaces, junto con algunos del partido de Herodes, para que le dijeran: -Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con verdad el camino de Dios, y que nada te arredra, porque no buscas el favor de nadie: Dinos qué piensas: ¿Es lícito o no pagar el tributo al César?”. Los fariseos eran una minoría de los judíos profundamente religiosos y apegados al cumplimiento de la Ley de Moisés y a las tradiciones antiguas, resentidos con Jesús porque los acusaba de hipócritas y convenencieros. Los herodianos eran partidarios del Tetrarca Herodes Antipas, principalmente saduceos, amantes del poder político y comisionados para denunciar a la autoridad romana las palabras hostiles contra el César. Por eso resulta sorprendente que los fariseos se unieran con ellos, salvo porque Jesús era el enemigo común y la respuesta a su pregunta capciosa lo comprometería seriamente con cualquiera de las dos facciones. César era el apellido de la familia romana Julia que hizo célebre el gran Julio César. Unido al adjetivo Augusto era el título oficial del Emperador romano. En todos los pueblos dominados por Roma, los habitantes que no tenían la ciudadanía romana estaban obligados al tributo del suelo o predial, al impuesto aplicado a los bienes muebles y a otras contribuciones que cobraban los publicanos, recaudadores judíos al servicio del imperio romano que dominaba a Israel en tiempos de Jesús.

La respuesta de Jesús. El texto evangélico prosigue: “Conociendo Jesús la malicia de sus intenciones, les contestó: -Hipócritas, ¿por qué tratan de sorprenderme? Enséñenme la moneda del tributo. Ellos le presentaron una moneda. Jesús les preguntó: – ¿De quién es esta imagen y esta inscripción? Le respondieron: – Del César. Y Jesús concluyó: – Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. La trampa que tienden a Jesús estaba bien pensada. Si respondía negativamente, lo podían acusar de rebelión contra Roma. Si aceptaba la tributación, quedaría desacreditado ante la gente que vivía agobiada por los impuestos, y a las que tanto quiere y defiende. La moneda que le enseñan tenía la imagen del Emperador romano y la inscripción decía: “Tiberio César, Hijo Augusto del Divino Augusto”. En la parte posterior de la moneda se podía leer: “Pontífice Máximo”.

Dios y el Estado. En su inteligente respuesta, Jesús no tuvo la intención de dividir el mundo en dos poderes, el de Dios y el del César, en un plano de igualdad, ni establecer dos órdenes separados, uno humano y terreno, y el otro divino y celestial que nada tendría que ver con las cosas de la tierra. El César no tiene nada que no proceda de Dios, y si está investido de autoridad es porque la ha recibido de lo alto, como dijo Jesús a Poncio Pilato (Jn 19, 11). Esa autoridad le confiere el derecho de exigir todo lo necesario para cumplir eficazmente su tarea de instaurar un orden social equilibrado, proteger a los ciudadanos y promover el bien común. Sin embargo, el Estado no debe endiosarse porque no constituye el valor último y supremo. Por eso Jesús, al señalar las atribuciones propias del Estado, también pone en claro que son más importantes los deberes hacia Dios. Si el Gobierno reclama algo de lo que pertenece en exclusividad a Dios, no queda otra alternativa que “obedecer a Dios antes que a los hombres” como respondieron los Apóstoles Pedro y Juan al sumo Sacerdote, ante su prohibición de que no anunciaran el nombre de Jesús (Hch 5, 29). La moneda pertenece al César en calidad de tributo por llevar impresa su imagen; pero el ser humano, hombre y mujer, que lleva impresa la imagen de Dios pertenece y se debe a su Creador.

+Hipólito Reyes Larios
  Arzobispo de Xalapa

ACN

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