EL MUNDOFORMACIÓN RELIGIOSASan Jose Cupertino, patrono de estudiantes con problemas

ACNseptiembre 18, 2020

“Rezar, no cansarse nunca de rezar. Que Dios no es sordo ni el Cielo es de bronce. Todo el que le pide, recibe”, decía San José de Cupertino (17 de junio de 1603 – 18 de septiembre de 1663), el franciscano que no fue bueno en los estudios, pero que llegó a ser el patrono de los estudiantes.

Este santo nació en el pueblo de Cupertino, región de Lecce, Italia, en una familia muy pobre. Cuando tenía 17 años pidió ser admitido en la Orden Franciscana (Frailes Menores Conventuales), pero fue rechazado. Entonces solicitó ingresar a los Hermanos Menores Reformados, pero tampoco tuvo éxito. José casi no había recibido instrucción y, además, en lo poco que recibió, fue un mal estudiante. Finalmente, intentó ser aceptado por los frailes capuchinos, quienes lo recibieron en calidad de hermano lego.

Lamentablemente, al cabo de unos meses, José terminó siendo expulsado por “ineptitud”; era muy distraído. Sus biógrafos dan cuenta de que dejaba caer los platos que llevaba al comedor, se olvidaba los encargos asignados y parecía que siempre estaba abstraído, fuera del mundo, pensando en otra cosa.

San José de Cupertino entonces buscó refugio en la casa de un familiar rico, quien también terminó echándolo a la calle, frustrado por sus continuos yerros. El joven José ya había despertado rumores de que “era un bueno para nada”. Ante esto, su madre le rogó a un pariente suyo, fraile franciscano, que recibiera al muchacho como mandadero en su convento.

Esta vez, los frailes lo aceptaron como obrero, lo pusieron a trabajar en el establo, y esta vez, para sorpresa de muchos, el joven José empezó a desempeñarse mejor, mostrando una destreza inusitada en el oficio.

Por su humildad, amabilidad, espíritu de penitencia y oración, el muchacho fue ganándose rápidamente el aprecio de los religiosos, quienes en 1625 -José tenía unos 22 años- lo admitieron como uno de sus miembros por votación unánime. Al tiempo, los superiores del convento decidieron que estudie para ser ordenado sacerdote. Sin embargo, en los exámenes y evaluaciones, el buen José parecía incapaz de salir airoso. Preso de los nervios y poco dotado de claridad para expresarse, la mayoría de veces quedaba en silencio, con la mente en blanco. Así llegó una de las pruebas finales y el examinador anunció que abriría la Biblia y leería una frase al azar para escuchar su interpretación. José estaba aterrorizado, pero la Providencia quiso que el pasaje escogido fuera el único que era capaz de explicar adecuadamente: el pasaje tomado fue el del Evangelio de Lucas que hace referencia a la Virgen María: “Bendito el fruto de tu vientre Jesús”.

Se dice que en el examen definitivo para decidir quiénes serían ordenados, el obispo comenzó a examinar a los primeros del grupo en el que estaba José. Como la mayoría respondió muy bien, el prelado no vio necesario seguir examinando al resto. San José, el siguiente en la lista, se libró de la prueba. Alguien podría calificar esto como un “golpe de suerte”, pero no fue así. Más parecía que Dios quiso aligerar el día al santo, que había hecho todos los esfuerzos posibles para llegar bien preparado.

Por estas cosas, este santo es considerado patrón de los estudiantes, especialmente de aquellos que se encuentran en dificultades en los estudios, como él.

El 18 de marzo de 1628, fray José fue ordenado sacerdote, muy consciente de que no tenía cualidades especiales para predicar y enseñar, por lo que se dedicó especialmente a ofrecer penitencias y oraciones por los pecadores. Fue en esa ruta espiritual en la que abrazó la vida mística. José empezó a caer en éxtasis y a levitar. Incluso fue visto volando como si se tratase de un ave. En su causa de canonización consta que fueron muchísimos los testigos de estos hechos sobrenaturales, entre ellos el Papa Urbano VIII y el príncipe protestante Juan Federico, duque de Brunswick-Luneburgo, quien se convirtió al catolicismo.

San José de Cupertino partió a la Casa del Padre el 18 de septiembre de 1663. Fue beatificado en 1753 por Benedicto XIV y canonizado en 1767 por Clemente XIII. También es patrón de los viajeros en avión, de los aviadores, de los que tienen alguna discapacidad mental y de los estudiantes que rinden exámenes.

Con información de Aciprensa/Redacción

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