CULTURA RELIGIOSAEL MUNDOFORMACIÓN RELIGIOSAEl Vaticano analiza un posible milagro en la Argentina para beatificar al papa Juan Pablo I

ACNseptiembre 10, 2020

La beatificación de Juan Pablo I, el recordado”Papa de la sonrisa”, que gobernó la Iglesia apenas 33 días en 1978, en uno de los pontificados más cortos de la historia, avanza gracias a un posible milagro argentino. Según pudo saber LA NACION de fuentes eclesiásticas, en el Vaticano estudian una curación inexplicable, atribuida a su intercesión, que salvó de la muerte a una niña en Buenos Aires.

La investigación del presunto milagro se inició hace dos años en el Arzobispado de Buenos Aires, en la más estricta reserva, con el análisis de testimonios y certificaciones médicas que acreditarían no encontrar razones científicas válidas a la curación de una niña en estado terminal, que se encontraba internada en un hospital porteño. Un sacerdote, incluso, le habría dado la extrema unción -hoy llamada “unción de los enfermos”- y luego de rezar por su salud a la figura de Juan Pablo I, la niña habría experimentado una sorprendente recuperación.

El proceso con el que se procura llevar a los altares al también llamado “Papa de la esperanza”, una simbología que se revaloriza en estos tempos de pandemia e incertidumbre en todo el mundo, podría dar pasos significativos en el mes en que se cumplen 42 años de su repentina muerte. El diario vaticano L’Osservatore Romano dedicó recientemente dos artículos a la revalorización de Albino Luciani, el último papa italiano y antecesor de Juan Pablo II que fue papa entre el 26 de agosto y el 28 de septiembre de 1978, cuando una monja lo encontró muerto en el dormitorio, a los 65 años.

En ese artículo se anunció que la Congregación para las Causas de los Santos, cuyo prefecto es el cardenal italiano Angelo Becciu, llegó a la instancia del examen final de la probable “curación extraordinaria” que habría tenido lugar en la Argentina en 2011. En ese tiempo, el cardenal Jorge Bergoglio era arzobispo de Buenos Aires y se descuenta que conoce los detalles del dictamen que luego deberá aprobar.

Stefania Falasca, vicepostuladora de la causa de beatificación, confirmó a LA NACION en Roma que en la Congregación para la Causa de los Santos del Vaticano está en la fase final una presunta curación ocurrida por intercesión de Juan Pablo I en 2011 en la arqudiócesis de Buenos Aires, aunque el procedimiento “aún no ha concluido”.

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El funeral de Juan Pablo I, en la Basilica de San Pedro (septiembre de 1978)

Máxima reserva

“El caso se encuentra en ‘iter giudiziale’ -término que se utiliza cuando se está en una fase avanzada de evaluación-, pero no podemos decir más”, dijo Falasca, vaticanista de Avvenire, el diario de la Conferencia Episcopal italiana y autora en 2017 del libro Papa Luciani. Crónica de una muerte.

“La reserva es absoluta, también, porque entra en juego una cuestión de privacidad y debemos mantenerla hasta que esté concluido el procedimiento, que se encuentra en la fase final”, se excusó Falasca.

“Ni bien termine, será comunicada la noticia”, agregó la vicepostuladora, que viajó a Buenos Aires para abrir un proceso que, aunque tuvo demoras debido a la pandemia, pronto podría llegar a su fin.

Si bien Francisco siempre ha mostrado ser respetuoso de los procesos establecidos, en ámbitos eclesiásticos argentinos admiten que podría sorprendery, de comprobarse el milagro, disponer directamente la canonización de Juan Pablo I, sin pasar por la beatificación. Esas especulaciones se basan en su decisión de promover en 2013 la proclamación de santidad de Juan XXIII sin acreditar un milagro específico.

Según las normas canónicas, la Iglesia exige la certificación de un primer milagro antes de que una persona sea declarada beata y otro segundo milagro, luego de la beatificación, antes de ser proclamada santa. Una excepción es el caso de los mártires, en el que no se requiere una curación inexplicable, al entender que es suficiente con la entrega de su vida por la fe.
Un caso emblemático, por ejemplo, es el de San Maximiliano Kolbe, muerto en el campo de concentración de Auschwitz al ofrecer su vida a cambio de otro prisionero y proclamado “mártir de la caridad” por Pablo VI en 1971, sin la certificación de un milagro.

En febrero de este año, además, Francisco instituyó la Fundación Vaticana Juan Pablo I para profundizar el estudio de su figura, pensamiento y magisterio y encomendó la presidencia al secretario de Estado, cardenal Pietro Parolin, quien destacó “la humildad, la sencillez y la insistencia en la misericordia de Dios y en la solidaridad”, entre las características más salientes de Luciani. La vicepresidenta de la fundación es la vicepostuladora Falasca.

Desde 2015, el postulador de la causa de beatificación de Juan Pablo I es el cardenal Beniamino Stella, prefecto de la Sagrada Congregación para el Clero y oriundo de la diócesis de Vittorio Veneto, que Luciani condujo durante una década. En cinco volúmenes y más de 3600 páginas se completó la Positio, que sintetiza el estudio detallado de la vida y las virtudes del postulante a la santidad, que fue convalidada por el Congreso de Teólogos y la sesión de cardenales y obispos, lo que dio lugar a que Francisco proclamara sus virtudes heroicas y lo declarara venerable. El proceso se completará con el análisis del presunto milagro en Buenos Aires.

El Papa de la humildad

El camino de Juan Pablo I a la beatificación comenzó en 2003, veinticinco años después de su muerte, con la apertura de la causa en la diócesis italiana de Belluno, donde pasó gran parte de su vida y fue vicario general, antes de ser obispo de Vittorio Veneto y luego patriarca de Venecia. Fue elegido papa en la cuarta votación del cónclave de agosto de 1978, tras la muerte de Pablo VI, quien cinco años antes lo había proclamado cardenal. Al asumir como Papa no aceptó la coronación y la tira papal y eligió el lema “Humilitas”, en señal de humildad.

Unió en el nombre elegido a los dos Papas del Concilio -Juan XXIII y Pablo VI-, señal inequívoca de la profundización de las reformas con las que quería avanzar en su pontificado. Él mismo había participado del Concilio Vaticano II y fue informando a sus fieles de Vittorio Veneto sobre los debates que se planteaban en torno de la reforma litúrgica, la libertad religiosa y el diálogo con las otras confesiones, entre otros temas.

El propio cardenal Parolin lo describió como “un pastor cercano al pueblo, centrado en lo esencial de la fe y con una extraordinaria sensibilidad social”. Un precursor de las premisas de Francisco.

ACN

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