El evangelio que escucharemos este domingo (Mt 18, 15-20) aborda el tema de LA CORRECCION FRATERNA, sin duda un asunto delicado y embarazoso para cualquiera. Desde el punto de vista humano no es fácil corregir ni es nada cómodo, visto desde la fe, la corrección fraterna es una obligación moral porque se trata de un hermano al que hay que salvar.

Jesús en el evangelio ofrece un criterio de oro que es el que hay que seguir en caso de que uno se encontrara ante alguna situación de corrección: “Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas”. Hay que poner atención en dos palabras el hermano y la forma de amonestarlo, Jesús dice “a solas”. Esto nos recuerda que los seres humanos compartimos la misma dignidad y que delante de Dios todos somos hermanos; todos pertenecemos a la misma familia, y si en la familia alguien cae, uno no puede ser indiferente. He aquí parte del mensaje de la corrección. Se trata de tu “hermano”, de alguien de tu misma familia; por eso la necesidad de la corrección.

El problema del mundo contemporáneo es la gran indiferencia con la que nos tratamos, se practica mucho la respuesta de Caín: ¿acaso soy responsable de mi hermano? La Palabra de Dios responde que sí. Por eso la necesidad de corregir. La segunda cosa importante es el modo de la corrección.
Jesús pone en primer lugar que ésta debe ser “a solas”, para respetar la privacidad de la persona, para salvar su honra y cuidar su buena fama. Nuevamente se trata de un hermano al que hay que dirigirse con respeto, con caridad y con mucho cuidado. Jesús deja el papel de la comunidad hasta el último nivel, en el entendido que el llamado personal es el más eficaz.

Otra cosa importante que nos ofrece la Palabra de Dios es la Motivación de la corrección fraterna. Esta la encontramos implícitamente en las Palabras del Profeta Ezequiel que también se lee este domingo: Ez 33,7-9, “ si tú lo amonestas para que deje su mal camino… tú habrás salvado tu vida”; la amonestación a los demás es para la salvación de la vida.

Se busca la corrección fraterna porque de por medio está la salvación o la condenación eterna, sea la propia como la del que ha caído. Recordemos lo que la Biblia nos dice: Dios quiere que todos se salven (1 Tim 2, 1-8); él no se complace en la muerte del pecador (Ez 18, 23). Por ello es importante colaborar en la salvación de los demás como en la propia. ¿De cuantas cosas no seremos responsables por haber guardado silencio, ser indiferentes y no amonestar?

Una tercera cosa a considerar en la corrección fraterna es el tema de la oración. Si fuese el caso de que uno tuviera que hacer una corrección fraterna, lo primero que debe hacer es poner este asunto en las manos de Dios. Es decir, ponerse en oración. Después del llamado a la corrección, Jesús dice: “si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo… mi Padre celestial se los concederá” (Mt 18, 20.)

Para que sea el Espíritu de Dios el que mueva los corazones. Dios es el único perfecto e intachable, en su nombre es como uno puede corregir; nunca en nombre propio ni por sus propias fuerzas, pues uno también está lleno de pecados. La corrección se hace en nombre de Dios para salvar a un hermano.

Pbro. José Manuel Suazo Reyes

Suazo Reyes

Vocero de la Arquidiocesis de Xalapa. México.

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