COVID-19EN MÉXICOLIBERTAD CATÓLICACdMx. Cardenal Aguiar Retes y la nueva normalidad, las pruebas covid-19 al clero, despidos y más despidos, el cura de Ars en tiempos de pandemia

ACNagosto 4, 2020

La semana pasada, México registró uno de los picos más altos en el número de contagios por covid-19. Cuando las actividades deberían ser más restringidas, la vida parece correr por cauces de la vieja normalidad donde muchos todavía creen que la epidemia es cosa de ciencia ficción y creación de una conspiración mundial. Ya se sabe que la Iglesia católica de México está sumamente golpeada y en la capital del país, el culto público vuelve con las restricciones asumidas por las comunidades y párrocos quienes se han armado como pueden, en medio de las carencias, de los medios para prevenir contagios. En esto, aparece el arzobispo Aguiar Retes ahora en un nuevo capítulo de sus preferidas reuniones virtuales, de las que le restringen el contacto con las personas. A lo largo de estos cinco duros meses de pandemia, la actuación don Carlos ha sido más bien gris tirándole a lo oscuro. Sus apariciones más sobresalientes, si se puede decir así, son las de televisión abierta, transmisiones ya suspendidas ante el escaso rating de una misa que no puede competir con la proliferación de similares actos en redes sociales. Las señales dadas por Aguiar en esta pandemia son desafortunadas. Tras la frustrada reapertura que debería haberse realizado desde principios de julio, el aislamiento del arzobispo era más y más evidente. Para nadie es extraño que quien ha sorteado todos estos problemas de la reapertura, en lo que se puede ver, ha sido el auxiliar Salvador González cuyo nombre es más familiar al presbiterio que el del arzobispo mismo. Algunos así se lo preguntan. ¿Dónde está Carlos Aguiar? ¿Por qué vive escondido? Ahora, después de dos meses desde su última función virtual al presbiterio, aquélla de la larga catequesis de los protocolos de la reapertura de templos, reaparece este lunes 3 de agosto para dar testimonio de su escasa experiencia pastoral en la pandemia y de la nueva normalidad. Don Carlos dijo que no hay que temer a la pandemia, ser valientes y ojalá disipe el porqué de algunas males señales, por ejemplo, prescindir del uso del cubrebocas es más que contradictorio entre lo que dice y realiza. En junio, dijo al presbiterio: “No podemos ser tan malvados”. ¿Qué tan malvado puede ser un arzobispo que se resiste al uso de cubrebocas cuando se sabe que es el medio más efectivo de prevención de contagios? A menos que se sienta inmune o no crea en la existencia del virus…

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Arzobispado. Riesgos.

Arzobispado. Riesgos.

 Antes de la nueva normalidad, los curas de la arquidiócesis de México se vieron sometidos a la práctica de pruebas covid-19 cuyas irregularidades fueron expuestas en este blog. Desde la forma, los procedimientos y los resultados, se advierten errores y hasta violaciones a la ley que deberían ser focos rojos para el equipo aguiarista responsable de estas prácticas. Fue evidente la deficiente asesoría y riesgosa reunión de cientos de presbiterios en un auditorio que simuló un laboratorio sin medidas de protección. Al colmo del descaro, un video del canónigo José de Jesús Aguilar fue descaradamente manipulado en un medio de comunicación nacional induciendo a que las pruebas eran un éxito rotundo cuando, en el fondo, era una denuncia de la irresponsabilidad por dejar plantados a los pacientes por más de dos horas. Eso fue lo que se vio; sin embargo, lo que no se vio podría traer consecuencias de derecho. Bien se sabe que la relación paciente-laboratorio es exclusiva. Según las leyes de protección de datos personales, nadie más puede ver, usar, aprovechar o manipular resultados médicos si no se tiene la autorización de paciente. Ahora se sabe que todos los resultados del presbiterio sobre covid-19 pasaron por manos de terceros, los vicarios episcopales territoriales quienes dieron los resultados a través de una ficha de control epidemiológico que no necesariamente representa el resultado de un laboratorio certificado para la práctica de las pruebas. Pero en este capítulo hay más preguntas y respuestas. ¿Quiénes fueron los médicos responsables? ¿Cuál fue el laboratorio autorizados? ¿De qué forma se dio el manejo de muestras? En efecto, el desmenuzamiento de datos infiere una serie de violaciones a los derechos de los sacerdotes. La arquidiócesis de México no es una isla de impunidad para que los mandos superiores traten a sus subordinados como más les venga en gana contraviniendo la ley federal y local de protección de datos y vulnerar los derechos humanos de los sacerdotes quienes también son ciudadanos mexicanos. En este país, todos los datos personales sobre salud son información sensible que está especialmente protegida y que obedece a la seguridad de los interesados para no ser objeto de cualquier forma de discriminación. Sin embargo, tales resultados pasaron por quién sabe cuántas manos. Por cierto, en esta nueva normalidad, nadie conoce circunstancias de tiempo, modo y lugar de la práctica de la prueba covid-19 del arzobispo Carlos Aguiar. ¿Cuál sería el resultado?

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Nueva normalidad. Despidos.

Nueva normalidad. Despidos.

Otra situación preocupante de la nueva normalidad en la arquidiócesis de México es la situación de los trabajadores de las diversas instancias arquidiocesanas. Hasta la redacción de Religión Digital, del Centro Católico Multimedial y a este bloguero llegó correo electrónico cuestionado acerca de la situación laboral de los empleados de la curia. Tal parece que, ante la coyuntura, la economía a cargo de Eduardo Pisa y el padre Efraín Hernández están obligando a las renuncias anticipadas sin las liquidaciones de ley; en otros casos, después de renunciar, algunos empleados serían recontratados mañosamente con menor sueldo y sin reconocer la antigüedad de los empleados pasándose por el arco del triunfo los derechos generados tras años de prestación de servicios al arzobispado de México. Desde la llegada del arzobispo Aguiar, se conocía que uno de los principales objetivos era adelgazar las instancias pastorales y remover al personal. Las demandas laborales estarían al orden del día sin duda, pero la pandemia y la nueva normalidad cayeron como anillo al dedo y son la excusa perfecta para vulnerar los derechos de los trabajadores. Y parece que en la curia de Aguiar Retes, no hay excepciones. Mientras en la vida real cientos de párrocos deben hacer esfuerzos extraordinarios para mantener un salario digno a sus empleados y no despedirlos por mínimo sentido de caridad, lo que apunta hacia el arzobispo parece ir en sentido contrario. De esto daremos cuenta a nuestros lectores en próximas entregas.

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Cura de Ars. Prodigó.

Cura de Ars. Prodigó.

No puede dejarse de lado una sincera y calurosa felicitación a todos los párrocos y vicarios quienes han sacado la casta y soportado la pandemia en grado heroico. Nos consta que hay ejemplares testimonios que, para don Carlos Aguiar, parecen ser de hombres de conductas malvadas. Sacerdotes contagiados por covid-19 quienes, a pesar de la enfermedad, siguen adelante para reponerse y ser testimonio de vida. Párrocos que, bajo riesgo, soportan la adversidad para que la parroquia no truene y se venga abajo. A pesar de los riesgos, se cuentan muchos testimonios de buenos sacerdotes atendiendo a las familias, consolando a quienes lloran, acompañando a los enfermos, dando la comunión a los ancianos y transmitiendo alegría evangélica a través de lo que llaman “creatividad pastoral”. No se aislaron, no vivieron en el miedo, no se escondieron, no se replegaron, no rechazaron, no se apartaron, jamás desfallecieron. Su palabra fue sincera a pesar de que muchos vivían en la angustia personal e incertidumbre. No fueron malvados, al contrario, prodigaron. El 4 de agosto de 1859, el cura de Ars murió en una época particularmente turbulenta. En ese año, sin embargo, la santidad relucía. Cuatro meses después, don Bosco fundaba a sus salesianos y en México, fue el de la nacionalización de bienes eclesiásticos y de la persecución contra la Iglesia que también dio obispos valientes que no se replegaron como Clemente de Jesús Munguía y Lázaro de la Garza Ballesteros -por cierto, antecesor de Carlos Aguiar- quienes defendieron los derechos de la Iglesia. A 161 años, el testimonio del patrono de los párrocos es conveniente cuando en tiempos de pandemia se necesitan ejemplares cristianos, laicos y clérigos, que reproduzcan al mismo Cristo, desinteresado y humilde.  Dicen que san Juan María Vianney sentenció: “Dejen una parroquia sin sacerdote durante 20 años, y la gente comenzará a adorar a los animales”.  Y el tiempo parece darle la razón.

ACN

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